Friday 09 de December de 2016

Claroscuros de una conmemoración

J. Luis Medina Lizalde      8 Jun 2014 21:00:06

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La conmemoración de la batalla que aniquiló al ejército de la dictadura de Victoriano Huerta, librada en Zacatecas durante nueve horas del 23 de junio de 1914, no dejará obras emblemáticas como las del Bicentenario de la Independencia en las postrimerías del porfiriato.

A pesar del enorme presupuesto asignado, la capacidad de proyección apenas dio para que en la cabecera de la mayoría de los municipios del estado se construya un testimonio material en sus respectivas plazas cívicas. La inclusión del gasoducto es muy forzada porque no se trata de una obra pública; simplemente coincide con los tiempos de la conmemoración.

Entre los aspectos positivos de la celebración, que pronto tendrá su punto culminante, sobresalen las conferencias sobre el tema, algunas extraordinariamente enriquecedoras de la memoria colectiva. Ojalá sean publicadas para la mejor comprensión del pasado por las nuevas generaciones.

Valiosos son los esfuerzos de recuperar el género del corrido y no menos importante es la feliz iniciativa de Radio Zacatecas de producir una radionovela que recrea aspectos y personajes de la célebre batalla.

Las veladas revolucionarias pueden ser el punto de partida para desarrollar un elemento asociado con la identidad histórica que mejore la narrativa elaborada para los turistas. Es un buen reto a la capacidad creativa.

Carencias conceptuales
La falta de una concepción acabada del significado de la Toma de Zacatecas se nota en el homenaje escultórico observable en el centro de la ciudad. Las figuras representativas de federales y revolucionarios no adquieren sentido al no ser complementadas por textos explicativos y no transmite una valoración del significado de la Toma de Zacatecas en la historia nacional.

Es como si los organizadores del desembarco en Normandía, que puso fin a la segunda Guerra Mundial, distribuyeran muñecos en el escenario, unos portando uniformes nazis y otros, de las tropas aliadas, sin dejar claro cuál de las partes inspira el homenaje.

Otra derivación inconveniente originada por insuficiencias conceptuales influyó para que el repaso histórico se centrara en los sucesos y protagonistas del episodio bélico, omitiendo la recuperación de la memoria de Zacatecas durante el porfiriato, que gestó de forma involuntaria la rebelión armada, el encono local que provocó que nuestros antepasados apedrearan el tren donde viajaba Porfirio Díaz en airada protesta por el asesinato, años antes, del general Trinidad García de la Cadena.

Perdimos la oportunidad de asomarnos a la justicia ofensivamente clasista, al afrancesamiento de las refinadas élites, a la brutalidad de la explotación en las minas y en las haciendas, a la proliferación del “bandolero social” que robaba a los ricos y ayudaba a los pobres, cuyo ejemplo más representativo es el jerezano Lino Rodarte; a la prensa alcahueta con los poderosos y apasionadamente rebelde.


Un repaso más integral del contexto en el que se produjo la Toma de Zacatecas nos llevaría a conocer la abyección de buena parte de las élites política, económica y social que se alinearon a la traición de Victoriano Huerta al mismo tiempo que nos acercaríamos a los zacatecanos que en explicable clandestinidad integraron los clubes liberales.

Fueron precursores ideológicos de la Revolución y lectores asiduos de Regeneración, periódico mediante el cual los Flores Magón sembraron ideales de igualdad y libertad.

La excusa histórica
No obstante, las múltiples conferencias, aunadas a lo vertido por historiadores locales y nacionales, dejan sin sustento la aseveración conservadora de que la Toma de Zacatecas dejó una estela de ruinas y destrucción en mucho determinantes de nuestro secular atraso a 100 años de distancia.

Debieran preguntarse porqué Londres, Berlín, París, así como las ciudades rusas y japonesas que vivieron la hecatombe destructiva en un grado sin parangón en la historia, se reconstruyeron y hoy son parte del rostro próspero del mundo.

La equivocada percepción mediante la cual se lavan las manos los responsables de acciones y omisiones que nos ubican en la parte rezagada de la República no toman en consideración que la batalla de Zacatecas se libró en los cerros de sus alrededores, que los habitantes de entonces vivieron la batalla encerrados a piedra y lodo en sus hogares y que la máxima destrucción física la ocasionó el oficial federal que dispuso que el arsenal bajo su custodia en el llamado palacio federal volara por los aires.

Claroscuros aparte, queda la tarea de reseñar la participación local en la Revolución Mexicana: ¿por qué los más destacados zacatecanos levantados en armas no estuvieron en la Toma de Zacatecas? El papel de Zacatecas en la Revolución no se redujo a fungir de escenario para el choque entre dos Méxicos en un marco tan brutalmente desigual como el de ahora.

Nos encontramos el jueves en El recreo.




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