Tuesday 24 de January de 2017

Clero omiso 

Ricardo Gómez Moreno      11 Feb 2014 21:10:07

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La Organización de Naciones Unidas dio una sorpresa al acusar a la Iglesia católica de proteger a sacerdotes que durante decenios han abusado y abusan sexualmente de miles de niños y seminaristas.

El pasado 5 de febrero el Comité de Derechos de los Niños acusó públicamente al Vaticano por alentar y dar impunidad a curas pederastas en todo el mundo y lo instó a poner en manos de autoridades policiacas a quienes probadamente están acusados.

“El comité está muy preocupado de que la Santa Sede no haya reconocido la amplitud de los crímenes cometidos, no haya tomado las medidas apropiadas para afrontar los casos de pederastia y proteger a los niños. Ha adoptado políticas y prácticas que han propiciado la continuación de los abusos y la impunidad de los autores”, asevera el informe.

Se tardó la ONU en denunciar -comenzó a investigar los crímenes en 2010-, porque en países como Estados Unidos, Irlanda y otros de Europa, curas pederastas ya están bajo proceso penal y algunos, en prisión. Pero en otras naciones, como México, mantienen su libertinaje, cubiertos por el manto de obispados que, cuando mucho, los transfieren a parroquias donde su maldad no es conocida.

También señala el comité de la ONU que, en casos de abusos sexuales a menores, el Vaticano ordenó un “código de silencio” a todos los miembros del clero, bajo pena de excomunión. Con ese decreto, la complicidad se impuso y extendió.

En México, país de la impunidad, la figura perversa del padre Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo y reconocido pederasta, se agigantó durante decenios, sin que autoridad eclesiástica o civil le pusiera freno.

Su crecimiento no solo fue delictivamente. Vinculado fuertemente con los poderes políticos, económicos y mediáticos del país, prosperó hasta hacer de la Legión de Cristo un poderoso y riquísimo conglomerado de negocios capaz de sobornar a mexicanos y a la curia romana durante el pontificado de Juan Pablo 2, según lo documentan José Barba y otros exlegionarios.

Que el Vaticano o los jerarcas católicos nacionales protejan a pederastas puede entenderse, aunque jamás justificarse, pero es inexplicable que el Estado mexicano no actúe contra una tendencia delictiva tan evidente. Nada debería impedir que el brazo de la justicia civil alcance a quienes llamándose representantes de Cristo abusan del sacerdocio para actuar con vileza contra niños o mayores.

El nuevo director de los Legionarios de Cristo, Eduardo Robles Gil, informó el lunes que hay denuncias contra 35 de sus sacerdotes, a nueve de los cuales ya se les encontró culpables. Por los crímenes de ellos y de Marcial Maciel, esa orden pide perdón, mas es insuficiente. Los directamente culpables y sus cómplices deben ser llevados ante la justicia civil.
 




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