Friday 09 de December de 2016
»La División del Norte camina por las calles de Zacatecas 

Con Francisco Villa 

Redacción      9 Aug 2014 19:36:28

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(César Navarrete )
(César Navarrete )
En la primera parte de este capítulo, el chofer narró cómo fue que en Zacatecas conoció personalmente a Francisco Villa, a quien terminó por contarle el chiste que se decía sobre él y como al resto de los compañeros, había causado mucha gracia.

“Terminados los comentarios jubilosos y ya en terreno de la seriedad militar, el general Fernández siguió informando al guerrillero detalle por detalle los acontecimientos más salientes de su incursión por esa pequeña zona limítrofe del estado de San Luis Potosí y Zacatecas, en cuyo territorio se encuentra enclavada la población de Salinas.

“Relató pormenorizadamente la forma en que nos había tomado prisioneros apoderándose del Prothos y la forma de ejecución que tuvo para el teniente Ramitos, acabando por decir:   

“‘Yo hubiera quemado el armatoste ese de automóvil, porque al fin de cuento a mí me sirve de estorbo, pero me acordé de usted mi general, ya que posiblemente para algo le sirva y por esto que lo pongo a su disposición, lo mismo que al muchacho éste (se refería a mí), que afortunadamente para él resultó de los nuestros, aunque nunca lo he visto pelear y creo que no ha peleado nunca, quién sabe qué tan entroncito resulte’.  

“‘Ya lo veremos y diremos, contestó Villa dirigiéndose a mí, pero si no te sirve, lo mandamos a Chihuahua al baile….

“Abandonamos el carro cuando se presentó al general Villa un mayor de la gente de Rodolfo Fierro, el que cuadrándose  le dijo:  

“‘Con la novedad mi general, que acabamos de agarrar a este individuo sospechoso que desde ayer ronda por aquí y particularmente el carro de usted, haciéndose pasar por frutero.

“Lo sorprendimos hace un momento con esta pistola automática en la batea debajo de la fruta, muy cerca de este estribo; le quitamos estos papeles que por sí solos lo identifican y ponen de manifiesto el origen de su procedencia, aquí están’. 

“El general tomó los papeles y ahí mismo al pie del carro se los entregó al coronel Martínez, para que les diera lectura en voz alta.

“De manera que todos nos enteramos que el individuo aprehendido era un capitán de nombre Abelardo Archundia Negrente, del estado mayor del general Manuel Mondragón, federal, y en cumplimiento de una misión “muy delicada”, sin decirse cuál era, pero sobreentendiéndose que el amplio salvoconducto que había extendido era el “sésamo ábrete” para no tener tropiezos en el desempeño de su delicada comisión. 

“Terminada que fue por el coronel Martínez la lectura de los documentos, el general Villa ordenó que trajeran a su presencia al individuo aquel, el cual, una vez frente al guerrillero, no se inmutó lo más mínimo.

“Nos dimos cuenta de que se trataba de un hombre como de 40 años de edad, de grueso bigote gris, muy moreno y pésimamente vestido.   

“Su mirada serena nos recorrió a todos inquisitivamente y un tanto con aire de desafío permaneció callado. A pesar de su pobre indumentaria de vendedor de fruta ambulante, pues todavía llevaba la batea con su mercancía, su porte era arrogante y si cabe la apreciación, su aspecto era distinguido, nada vulgar.

“El jefe Villa lo miró con esa su particular manera de mirar, penetrante, aguda, casi irresistible cuando trataba de inquirir o castigar y dijo:

“‘Son suyos estos papeles y esta pistola, amigo?’.

“‘Sí, son míos’, contestó lacónico.

“‘¿Qué misión tan delicada lo tría a usted por aquí cerca de mi carro…?’.

“‘No puedo decirla…’

“‘Sabe usted lo que hacemos aquí con los espías y los que traen encarguitos de los enemigos?’.

“‘Creo comprender…’

“‘Pues los matamos como a perros, gritó exasperado el general Villa, sacado a medias la pistola de su funda, pero hoy estoy de buenas y no quiero amargarme el rato, por eso no le doy su chocolatito yo mismo, pero de todos modos ustedes merecen que los mate. Y dirigiéndose al coronel Martínez, dijo:

“‘A ver coronel, lléveselo y fusílenlo.

“‘De esta manera pagó su osadía el capitán  Archundía Negrete, que no pudo cumplir su delicada comisión, sin siquiera haber protestado después de escuchar semejante orden, dada nada menos que por el jefe nato de la División del Norte, personalmente.

“De ahí nos fuimos al Palacio de Gobierno, donde el guerrillero debía despachar asuntos, haciendo el recorrido a pie a pesar de la distancia que hay desde la estación al edificio.

“En este recorrido, en una de tantas de las calles por las que atravesamos, de improviso se acercó una pobre mujer anegada de lágrimas, la que sin más se avalanzó al caudillo y abrazándolo a la altura de las rodillas, ya que se encontraba hincada, gritaba:

“‘Señor, señor, se acaban de llevar a mi hija, me la acaban de quitar, señor…’   

“‘Pero, ¿quién, mujer, quién se la quitó…?’

“‘Soldados de usted señor, de la gente de Pánfilo Natera, y se la llevaron…Señor, por favor…’ 

“Ya mujer, ¡ya! Ahorita mando por ella, no se aflija’; y dirigiéndose a uno de sus ayudantes, agregó:

“‘Mira Pancho, alcanza a esos tales y que le devuelvan a esta pobre vieja a su muchacha ni que fuera la única hija de Eva que quedara en el mundo…’

Continuará... 




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