Sunday 04 de December de 2016
»El chofer conoce al jefe de la División del Norte  

Con Francisco Villa 

Redacción      2 Aug 2014 19:45:56

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(César Navarrete )
(César Navarrete )
Junto a los villistas, el taxista llegó a Zacatecas, donde le presentaron al Centauro del Norte.
Para poner en contexto al general, le comentaron que había sido el chofer de Benjamín Argumedo, pero
que ya había demostrado que estaba de su lado.

“Detenida la comitiva que inspecciona los trenes de Fernández, frente a la plataforma en que veníamos mi automóvil Prothos, Ildefonso y yo e informado al general Villa de que ese automóvil era el automóvil avanzado al general Argumedo por Nicolás Fernández antes de llegar a Salinas, lo mismo que el chofer que lo conducía, que era el que este escribe, e informado igualmente de que yo tenía algo para platicarle, entonces el guerrillero duranguense, mirándome a la cara, dijo: ‘A ver amigo, bájese; hasta creo que yo lo conozco....’

“Para esas fechas ya había yo perdido el miedo por completo y habituándome a la vida sedentaria que obligado por las circunstancias llevaba al lado de la gente villista en completa camaradería, ya que a pesar de todo estas gentes eran buenas y sencillas y en el fondo eran excelentes amigos.

“Por esto, con entereza, sin inmutarme para nada, casi con alegría, salté fuera de la plataforma y me planté de pie frente al terrible jefe de la División del Norte, contestando: 

“‘Sí mi general, usted me conoce, solo que tal vez no me recuerde en dónde y en qué circunstancias, pero fui quien lo llevó fuera de la Ciudad de México en mi automóvil el día en que usted, y un joven que lo acompañaba, se evadieron de la prisión militar de Santiago Tlatelolco, tanto que usted me pagó con 50 pesos’.   

“La comitiva que acompañaba a Villa me miraba con curiosidad, lo mismo que el general y éste, en lugar de contestar a mi peroración, soltó una de sus características carcajadas, para añadir riendo siempre:   

“Deveras, deveras, ya me acuerdo, solo que ahora andas vestido de hombre y cuando eso sucedió parecías gallina mojada…’     

“Esta inusitada circunstancia por sí sola, me colocó en ventajosa situación cerca de los altos jefes de la poderosa División del Norte, que en esos momentos acompañaban al general Villa y aún en el ánimo del que fuera mi jefe nato, o sea el general Fernández, ya que Villa alegremente inició el retorno a su cuartel general echándome un brazo a la espalda, al mismo tiempo que decía:  

“‘Bien le decía yo a Carlitos cuando nos dejaste a la orilla de aquel pueblo, que tenías cara de hombre…’    
“Así llegamos al carro que servía de oficinas, al que subimos todos los que lo acompañábamos.

“Por primera vez, después de mi relámpago odisea revolucionaria, me encontraba a mis anchas, contento, rodeado nada menos que de los más famosos generales villistas de la época, los que me miraban complacidos, sin desconfianzas, contentos, como si fuera yo de igual graduación que ellos y con tantos méritos como el que más los tuviera en el campo de la terrible lucha revolucionaria.  

“Sentados todos dentro del magnífico Pulman del general, éste quiso que relatara todo cuanto había ocurrido el día de su evasión, desde el momento en que me contrató Carlitos sin decirme absolutamente nada de lo que se trataba, hasta los momentos en que los dejé fuera del peligro inmediato.

“Esto quiso que lo supieran por mi boca todos los jefes que nos acompañaban y así lo hice, no omití detalle alguno como eran sus deseos, relatándoles hasta lo que me ocurrió al día siguiente que al leer el diario matutino El País, me enteré de que quien había ayudado a escapar era nada menos que mi general Villa en persona. 

“Al terminar mi relato, tan serio como las circunstancias me lo permitían, mis oyentes todos reían de muy buena gana y entonces, aprovechando el momento jubiloso, el general Fernández dijo:  

“‘Y ahora cuéntale a mi general qué se dice por allá en la capital de él’.

“‘Pues nada, mi general, contesté dirigiéndome a Villa, que por allá se dice que usted duerme amarrado todas las noches’.   

“‘¿Qué yo duermo amarrado?... ¡Qué brutos!... ¿Y eso por qué?’    

“‘Pues porque como ahora todos los jefes revolucionarios de un momento a otro chaquetean, por eso dicen que duerme usted amarrado todas las noches, para no voltearse del otro lado…’

“Y todavía 10 minutos más tarde se oían las sonoras carcajadas de los que me escuchaban, incluso del mismo general, a quien hizo gracia este chistecito que nada tenía de nuevo ni de bueno, comentándolo de mil maneras y diciendo que puesto que Victoriano Huerta era su autor, quién sabe qué trabajos habría pasado el pobre”.    

Continuará...




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