Tuesday 06 de December de 2016

Condenada a 10 años de prisión

De Colombia a Cieneguillas 

Ivonne Nava García      17 Apr 2016 00:00:01

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Historias de Lobos cumple 8 años de publicarse en Imagen. En este tiempo se han documentado testimonios de víctimas y victimarios, entre los trágicos episodios que se abordan. Esta semana, se estarán publicando algunas de las historias más impactantes de estos 8 años. 

Este domingo comenzamos con la que fue la primera entrega, de la edición del 20 de abril del 2008. No se pierda estas historias.

Ocurrió el 21 de octubre del 2006, en la carretera Zacatecas- Calera, a la altura de Morelos. En un operativo de la Procuraduría General de la República fue detenida una mujer de 68 años de edad, que viajaba en un autobús rumbo a Nuevo Laredo, procedente de Guadalajara.

Las autoridades afirman que llevaba adherido a su cuerpo casi 5 kilos de heroína, lo cual configura un delito contra la salud, en su modalidad de transportación de sustancia ilícita. Ella es una viejecita de aquellas que uno abrazaría y que adaptaría como abuelita, con su cabello blanco impecablemente peinado hacia atrás, con aquellos ojos verdes que trasmiten amor, pero con ese dejo de profunda tristeza y miedo. Sus mejillas pálidas, mojadas con las lágrimas de su dolor y sus párpados con las inevitables huellas del paso de los años, que indudablemente la hacen lucir mucho mayor de sus actuales 70 años de edad, con su apenas un metro 45 centímetros de estatura que la hacen parecer más vulnerable.

Tiene el cuerpo propio de una señora que ha tenido hijos y no deja mentir sobre su condición de salud. Al llegar con ella, se percibe un aroma inconfundible de colonia de flor de naranjo.

Siempre está con su ropa impecable, pero su voz siempre se escucha quebrantada por el sufrimiento de saberse presa, lejos de sus hijos, lejos de su tierra, lejos de la esperanza de volver a vivir en libertad.

En sus palabras sólo revela bondad y es incapaz de mencionar una palabra altisonante. Su lenguaje hace notar que lee, lo que la hace mantenerse lúcida de pensamiento, inevitablemente al escucharla.  

En su propia voz

Yo iba a traer unos encargos para una primera comunión, cosas delicadas; iba rumbo a Laredo; ahí compro seguido mercancía porque todo está muy barato y yo traigo ropa, perfumes o encargos que me hacen para vender aquí. 

“Iba en el ‘bus’ y se subió un señor que se sentó al lado mío y traía unos paquetes y un maletín, yo ni vi bien cómo era, pues uno ni se fija, él me pidió que si podía guardar unos paquetes del lado mío, entre la pared del ‘bus’ y mi asiento. “Yo le dije sí, pues uno no ve la malicia, yo me quería acomodar para dormir, pero tenía pendiente de las cosas del señor y le dije que si me podía recargar y él me dijo que sí, me dijo que era una levadura y yo me quedé dormida... 

“De repente desperté y ahí estaba de pie una señorita alta, delgada, con su cabello recogido hacia atrás, me dijo ¿qué llevas ahí? y yo le enseñé mi maletita de mano, ahí traía una muda de ropa, y adentro llevaba otra bolsa de un plástico fuerte para traer mis encargos. También traía mi cartera, yo le enseñé lo que traía.

“Pero me dijo de una forma muy brusca ¿usted de dónde es?, le dije que de Colombia, pero que vivía aquí en México, y me dijo un insulto por ser colombiana.

“Yo le decía: señorita nome insulte, eso no es mío, ¡sí es suyo!, era tanto el susto, era más la impotencia de no poder lograr que esa señorita me escuchara, me abrió la cartera y me sacó el dinero que llevaba para mis encargos, eran poco más de mil dólares. Ella me insultaba, se burlaba de mí, yo le explicaba que no era mío (el paquete), que era del señor que se subió.

“No me creían ni me escuchaban, al señor no lo bajaron, luego me llevaron a otro lugar donde todos me preguntaban... me enloquecían, yo pensaba que me podían hacer muchas cosas por todo lo que dicen que hacen; que pegan, que torturan, iban a cada rato a molestarme, me pegaban en el hombro..., me gritaban, yo estaba con ese miedo de encontrarse uno solo y con esa impotencia. 

“Me sentí muy presionada, siempre tratando de insinuarme que yo aceptara ser dueña de lo que no es mío y siempre tratando de que me inculpara... ¿por qué esa señorita no bajó al señor?

“Yo soy de esas viejas que soy paciente y consciente, pero aquí en prisión la vida es muy difícil, yo trato de no pedirles favores a las celadoras para que no se enojen, yo soy muy apegada a Dios”. 

Su vida 

“Yo formalmente presa, sentenciada por los hombres -por un delito que yo no cometí-, a 10 años de prisión, soy de nacionalidad colombiana, nacida en 1937 en un poblado de Nariño, Colombia, en la frontera con Ecuador. “Soy huérfana de ambos padres desde una edad muy temprana. Viuda desde el 21 de abril de 1982, tiempo que he conservado con dignidad, tiempo que he dedicado mi amor a Dios y toda mi vida he luchado para formar a mis cuatro hijos, con mucho sufrimiento y necesidades los he llevado por el camino de la verdad, a ellos les he heredado buenas costumbres y calidad de vida.

“Los cuatro son profesionistas. Una egresada de la Universidad Autónoma de Guadalajara como médico, nacionalizada mexicana, otra de profesión Odontóloga, una más especializada en Bellas Artes y otro, administrador de empresas, hijos a los cuales prácticamente no veo, no porque ellos no quieran, sino por la distancia que hay entre Guadalajara y Zacatecas.


“Ellos tienen vidas, hijos, sus trabajos, todo lo hace muy difícil para que vengan, los gastos son muchos.

En mi país hay mucha violencia, amo a México y aquí me quiero quedar, vivo aquí desde hace más de 10 años, tengo cuatro nietos que yo cuidaba, ayudaba y acompañaba.

Ellos no saben que estoy aquí, creen que estoy en un internado. 

“Soy un ser humano, huérfana, viuda, anciana, con una experiencia de la vida, con una razón para seguir viviendo, estoy y me siento enferma, mi osteoporosis me desgarra la espalda, pero me aguanto.

“Ya no digo nada porque aquí dicen que uso mi enfermedad para que me dejen salir, no me gusta molestar, quiero morir cerca de mi gente, quiero que me entierren en la cripta junto a mi hijo adoptivo de 20 años, que murió por un carro que lo atropelló a dos cuadras de mi casa (en Guadalajara), el 30 de enero de 2003, yo quiero ser sepultada ahí en donde está mi hijo.

“Extraño todo y a todos, la comida... aquí hago manualidades, otras cosas bordados que se hacen allá en Colombia. En Guadalajara la gente nos respeta, conocen a mis hijos, somos gente de trabajo, venimos a México porque las condiciones en Colombia son muy difíciles y muy peligrosas, aquí hay muchas oportunidades, las universidades son accesibles, yo vine buscando paz de vida y encontré esto”.

Prisión 

“Aquí he visto de todo, cosas que me llenan de vergüenza, cosas que pasan entre las mujeres, algunas tienen relaciones sexuales entre ellas, ya no me quejo porque no quiero dar molestias, he visto morir a una compañera en el más completo desamparo y abandono, aquí hay enfermedades, muchas necesidades de todas, aquí tenemos que pedir permiso absolutamente para todo.

Digo esto bajo el temor de una represalia, hay injusticias y con la autoridad de mando y prepotencia nos someten, siento el abuso y ése lo sentimos todas, aquí no hay caridad, tengo miedo, somos seres humanos, igual que ellas, las celadoras”.

Esta mujer pide a las autoridades del Estado y la Federación “que con su poder y comprensión me concedan el favor de trasladarme a una prisión de Guadalajara, donde yo pueda estar cerca de mis hijos y mis nietos, que son la razón de mi vida y el único patrimonio que yo tengo.

“Estando yo cerca de ellos y ellos cerca de mí pueden verme con frecuencia, pueden estar pendientes de mi salud, quiero que me ayuden con mi traslado a Guadalajara, no importa si es una cárcel de seguridad u otro infierno como éste que estoy viviendo.

“No soy del narcotráfico, no soy delincuente, aunque así me llamen, no necesito comprar seguridad a nadie, soy una anciana que Dios me ha permitido lucidez para ver y sentir las cosas, para vivir bien y para morir bien, no tengo enemigos, no tengo compromisos con nadie, sólo quiero morir cerca de mi gente, por favor no me castiguen privándome también de estar cerca de mi familia, solo quiero a mi familia...”.

Interna del Centro Regional de Readaptación Social femenil, del Distrito Judicial de Zacatecas, finaliza: “mi nombre no es anónimo, porque a nadie le debo nada, lo hago por cuidar a mis hijos y a mis nietos, no quiero que hablen de ellos”.    

Actualmente

Ella, en este momento se encuentra disfrutando su vida en libertad, en compañía de sus hijas, de sus nietos y de sus seres queridos. Afortunadamente pudo salir mucho antes, su defensa buscó por muchos medios que por su edad pudiera salir antes y compurgar su condena en prisión domiciliaria. También pudo acogerse a sus beneficios y compurgar en prisión solamente la mitad de su sentencia. “Mi mamá se encuentra envejeciendo y disfrutando al lado de todos nosotros y de sus nietos, muchas gracias por todo”. 

La vida en prisión es muy difícil, mucho más para una persona de edad mayor. Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que la persona mayor, es una persona mayor de edad, o sea que por lo general cuenta con conciencia y voluntad y que es capaz (por supuesto hay excepciones) y puede cometer cualquier delito y por esto nuestra legislación penal no prevé ninguna especialidad en cuanto a la comisión de delitos por personas mayores o ancianos. 

Puede suceder, que la persona mayor se enfrente a un delito, incluso sin llegar a conocer que lo está realizando, habida cuenta la extensión que puede tener el Código Penal frente a determinadas conductas, que incluso pueden ser admitidas por la sociedad pese a ser consideradas delito. Y esto, porque la persona desconozca que ha realizado una conducta delictiva o porque crea que esa conducta que realiza no es delito (o falta). Por tanto, existirá una eximente de responsabilidad.       




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