Saturday 10 de December de 2016
»El taxista salva su vida al hacer funcionar el automóvil  

Contra Argumedo 

Redacción      21 Jun 2014 23:48:10

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(César Navarrete )
(César Navarrete )
En la primera parte de este capítulo, el taxista narró las primeras horas de tensión que pasó con los revolucionarios, quienes lo dejaron con vida solo porque sabía manejar el Prothos.

Herido por los golpes que había recibido, intentantó echar a andar el auto desesperadamente, porque sabía que su vida dependía de ello.

No encontraba la causa de la descompostura, pues acababa de llenar el tanque de la gasolina y el resto de la maquinaria estaba en buenas condiciones.

“‘Pero a nosotros no nos ve la cara de… y si no lo echa a andar dentro de 5 minutos, lo voy a dejar ahí colgado de ese árbol para escarmiento de los pelones huertanos sus compañeros’, dijo el coronel.

“De nada me valieron porque hasta mi amigo el que me custodiaba se puso en mi contra. Para mí la muerte era ya un hecho, en virtud de que conociendo el problema me era imposible que echara andar la máquina en tan perentorio plazo.

“Sin embargo, sin saber ni lo que hacía, tal era mi aflicción, quité el depósito anterior al carburador que se mantenía sujeto por dos pequeños tornillos solamente, y fuera ya éste, me di cuenta que en vez de gasolina tenía agua todo el recipiente.

“No dije nada y rápido como un rayo me metí debajo del auto y quité el tanque de gasolina.

“Lo que contenía este depósito no era el inflamable líquido, si no agua pura, y entonces, sacando fuerzas de flaqueza, me encaré con el coronel que me estaba mirando con ojos de ‘perdonavidas’ y completa actitud hostil, y le dije: ‘Cómo voy a echar a andar el coche, si lo que traen los botes es agua en vez de gasolina?’.  

“‘Y ¿eso qué? Usted échelo a andar si no quiere que se lo lleve….’  

“Mi custodio me miró con ojos de piedad y sugirió: ‘Vamos viendo los otros botes a ver si no todo es agua’.

“Así lo hicimos y los primeros que destapamos no era agua, sino gasolina, bendita gasolina, la cual vaciamos en el tanque y en el depósito del carburador y, al momento, se puso la máquina a funcionar después de tres o cuatro manivelazos.   

“El coronel, mirándome con una sonrisita diabólica, dijo: ‘Te salvaste, vale….’

“El grueso de la columna se nos había adelantado mucho, al grado de que ya no la veíamos, por eso como porque se nos había hecho de noche y era punto menos que imposible darles alcance debido a que caminábamos sumamente despacio porque la luz del carburo de las farolas del automóvil no alcanzaba apenas si 2 metros adelante del auto.


“Durante todo el trayecto me puse a considerar que la mala fe del tendero del pueblo aquel que nos vendió la gasolina, hubiera sido la causa de mi ejecución.

“‘Ya lo creo que puede andar, mi general, contesté viendo en ello una tablita de salvación, y a usted le puede servir’.

“A eso de la 10 de la noche y ya cuando íbamos alcanzando la columna, oímos tiros por allá por la vanguardia y poco después un tiroteo general por todas partes. Entonces el coronel ordenó que nos detuviéramos y que apagáramos las luces, a efecto de esperar para ver lo que ocurría.

“Acto continuo, ordenó a dos de los de la escolta que fueran corriendo a ver qué pasaba. Pasó largo rato antes de que volvieran estos enviados, pero mientras tanto, el tiroteo había degenerado en verdadero combate, ya que el ruido de fusilería era cada vez más nutrido.

“Al volver los dos villistas que habían ido a cerciorarse de lo que acontecía, le informaron al coronel que estaba muy duro el ataque a la gente de Argumedo, con la que habían tomado contacto en la Hacienda de Guadalupe, poco antes de llegar a Salinas.

“Que toda la gente había echado pie a tierra y que se estaba combatiendo por todos lados, ya que la gente de Argumedo estaba posesionada a lo largo de la barranca Miraflores y que por lo tanto había para rato.

“Que decía el jefe que no nos moviéramos de ahí ni nosotros ni la escolta hasta que él ordenara y que en caso de que peligrara el dinero, él, el jefe, nos mandaría un aviso para que retrocediéramos.

“En esta situación y oyendo el fragor del ruido de fusilería sin interrupción, nos pasamos la noche y ya en la madrugada el fuego empezó a disminuir al grado de que solo se oían ya nada más uno que otro tiro aislado.

“Amanecido, en plena luz del día, vimos venir a un jinete que llegó hasta nosotros y que, presentándose al coronel, le informó: ‘Dice mi general Fernández que ya puede avanzar, que ya no hay peligro porque Argumedo corrió’.

“Así lo hicimos, alcanzando otra vez la columna en la primorosa Hacienda Guadalupe, que fuera momentos antes de encarnizada lucha entre Argumedo y la gente villista”.

Continuará... 




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