Friday 02 de December de 2016

Contra la desesperanza

J. Luis Medina Lizalde      16 Feb 2014 21:41:58

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El pasado miércoles me dirigía a Sombrerete en compañía de dos apreciados amigos con la intención de asistir al último adiós del pueblo a su presidente municipal, Juan Ángel Castañeda Lizardo, cuando la movilización de centenas de productores del campo detuvo el tráfico vehicular en el tramo carretero Zacatecas-Fresnillo.

Durante más de una hora nos fue imposible continuar, los campesinos nos cerraron toda posibilidad de avanzar, al mismo tiempo que nos exponían las razones que los impulsaron a la drástica acción.

Finalmente, al conocer que acudíamos a la misa de cuerpo presente del también líder de la Central Cardenista, nos permitieron proseguir la ruta.

Al regresar, por la tarde noche, nos percatamos de la presencia de patrullas de la Policía Federal custodiando la escena de un accidente, más o menos a la misma altura de donde se nos permitió el paso horas antes. Al día siguiente me comentan que en ese lugar un trailer fue atravesado por los combativos campesinos al paso del tren, partiéndolo por la mitad.

Como es de conocimiento general, la naturaleza se comportó excepcionalmente generosa durante el más reciente ciclo agrícola, llovió de manera generalizada, oportuna y suficiente como pocas veces.

Siendo Zacatecas tierra frijolera, por un momento se vivió la ilusión de un respiro económico para la población en general, toda vez que cuando al campo le va bien, a todos “chorrea”; sin embargo, la destrucción previa de los mecanismos de regulación comercial de los productos del campo determinó que el resultado final fuera tan frustrante como cuando la sequía causa estragos.

Los productores no lograron el precio justo ni los consumidores se beneficiaron de una oferta potenciada por la abundante cosecha; los “coyotes” compraron a precios ínfimos y los centros de acopio tan cacaraqueados por la Secretaría el Campo y por Aserca se instalaron tarde.

Admitieron insuficiente volumen y las receptoras adquirentes del frijol, además de imponer un precio inferior al prometido, ni siquiera pagaron lo recibido, pues desde diciembre han “jineteado” lo que les adeudan a los productores que pasaron el filtro normativo.

Pedagogía de la sumisión
Acostumbrados a la automática condena de la “afectación a terceros” sin esclarecer el origen de la desesperación que encierra un acto como el referido, no reparamos en el mensaje de aliento que entraña un contingente en lucha legítima que, pese a todo, no sucumbe ante lo que los psicólogos sociales denominan “indefensión aprendida”.

Dicho concepto se extrae de un experimento con ratones en jaula a los que se les abre la puerta de su prisión para que cada vez que buscan la libertad reciban toques eléctricos hasta que internalizan la noción de que es imposible abandonar la jaula, de manera que retirados los dispositivos eléctricos, estos son innecesarios debido a que los ratones del experimento ya no dan pasos hacia la libertad.

La desesperanza es el ánimo que mantiene en su condición cautiva a los que consideran que “de todos modos nada se gana”, “todos son iguales”, “es la cruz que me tocó”; se manifiesta en todos los órdenes de la existencia humana.

La indefensión aprendida conduce a la mujer tradicional a soportar al marido desobligado y golpeador, al sindicalizado a resignarse ante su líder embustero y ante el patrón abusivo, al ciudadano ante la autoridad omisa, al consumidor ante la voracidad comercial, el contribuyente ante la recaudación esquilmadora, al lector, radioescucha o televidente ante el desapego a la verdad informativa.

Los devastadores efectos de la indefensión aprendida se han traducido en patrones que retienen impuestos a sus trabajadores que jamás entregan a sus destinatarios; se manifiestan también en la sobrevivencia en cargos públicos de ladrones, negligentes e ineptos, en la persistenca de la compra de votos y en la entrega infame de lo público a lo privado, de lo nacional a lo extranjero.

Anhelo de libertad
Como al ratón que cuando pisa fuera de la jaula le dan “toques”, al ciudadano mexicano ya le tocó decepcionarse del cambio de partido en el gobierno, pero eso no es razón para abandonar la lucha por un cambio.

Es cierto que el panorama sindical es zona de desastre autoritario, pero eso no debe desalentar la admirable lucha de los trabajadores de la mina El Coronel por ejercer su derecho a optar libremente por el sindicato que mejor represente sus intereses.

Hay quienes observan con recelo cada acción de lucha, refieren con desánimo cada manifestación, cada “toma” de Ciudad Administrativa, cada protesta en el Congreso. Reaccionan contra los síntomas en vez de contra la enfermedad. No se detienen a pensar que peor sería que ya nadie intentara conocer lo que existe afuera de la jaula.

Nos encontramos el jueves en El recreo.




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