Sunday 11 de December de 2016
»Por poco descubren la misión del taxista 

Corrida de toros

Redacción      15 Nov 2014 21:26:26

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Después de terminar la tarea asignada por el coronel Gardel, el taxista regresó al garage.

“Cuando volví al garage, la puerta estaba herméticamente cerrada. En un reloj cercano daba en ese momento las 12 campanadas de la medianoche. “Toqué el amplio portón y tras la larga espera abrieron al fin. Procedí a guardar mi automóvil Prothos, encontrándome en el interior con mis camaradas, que despiertos departían reunidos arriba de uno de los automóviles que manejábamos.    

“Noté en ellos sorpresa y gusto de volverme a ver, ya que creían que tal vez habría de pasarme lo mismo que a Elías, porque según me dijeron los villistas, no querían a los choferes, habiendo prometido acabar con nosotros de cualquier manera.          

“Les conté la situación en que me habían colocado el coronel Gardel y lo que éste había hecho, suplicándoles a mi vez absoluta discreción, para que no se nos fuera en ello la vida.

“Les dije al respecto a la malquerencia de los villistas hacia nosotros, no era verdad, que no tenían razón para odiarnos, ya que bien útiles éramos a la causa de la Revolución y que alguien habló de exterminarnos, ese tendría que ser forzosamente algún enemigo gratuito que no faltan nunca, que no nos alarmáramos, que nada nos pasaría, antes por lo contrario, deberíamos armarnos de valor para afrontar cualquier pésima situación que nos acechara.           

“Con esta peroración mis camaradas se mostraron ya un poquito más optimistas y cambiando de conversación nos pusimos a comentar las novedades del día, terminando por retirarnos a descansar cuando ya casi amanecía.

“A eso de las 9 de la mañana y cuando jovialmente nos dedicábamos como teníamos por costumbre a la tarea de limpiar los autos, repentinamente hizo irrupción en el garage una comitiva compuesta por el jefe de la División del Norte en persona y las personas siguientes: Nicolás Fernández, Martín López, coronel Abundio Rodríguez, mayor Adalberto Cosío Alcalá y otros, sin detenerse hasta el interior del recinto, a unos cuantos pasos de donde nosotros estábamos.

“Acompañaba al guerrillero además un hombre vestido de civil, un anciano de aspecto honorable. 

“El general Villa para nada hizo caso del coronel Aguinaga encargado del garage, que a toda costa trataba de saludarlo y ponerse a sus órdenes.

“El jefe Villa dijo dirigiéndose al anciano vestido de civil:

“‘A ver don Esteban, cuál de estos coches fue el que estuvo en su casa’.

“El anciano de una sola ojeada abarcó todas los automóviles de uno por uno, acabando por contestar:

“‘La verdad, general, no podría saber cuál fue; como era de noche… pero a mí me parece que el automóvil ese, fue el que estuvo en mi casa’.  

“Y señalaba el auto Fiat que manejaba el Ratoncito. Entonces el general Villa dijo dirigiéndose por primera vez al coronel Aguinaga: ‘¿Quién es el chofer que manejaba ese automóvil?’ 

“El aludido, deshaciéndose en ceremonias y saludos ridículos, contestó: ‘No tiene chofer ese coche, mi general, fue pasado por las armas por órdenes suyas, por haberse robado una gallina en… 

“‘Por orden mía, no, yo no fusilo a ningún chofer, interrumpió el guerrillero, y dirigiéndose al anciano don Esteban le dijo:          

“‘ Ya ve usted, ese no pudo haber sido, no tiene quién lo maneje’.

“Entonces, el coronel Aguinaga volvió a hablar sin que nadie se lo preguntara:

“‘Mi general, dijo dirigiéndose al general Villa al mismo tiempo que se tocaba la gorra haciendo el saludo militar, el automóvil que salió fue ese  y señalaba mi Prothos.     

“Yo sentí que el suelo se hundía a mis pies porque iba a tener que decir todo cuanto sabía, quedando de esta manera bajo la amenaza del coronel Gardel, que se cumpliría tarde o temprano. 

“Entonces el general Villa, mirando al coronel Aguinaga con su peculiar manera amenazante, al grado de hacer palidecer al oficioso encargado del garage, añidio:

“‘Nó, éste no puede ser, porque anoche se lo presté al general Fabela para que llevara parque o a dónde más fuiste, muchacho?, añadió dirigiéndose a mí.

“‘A ninguna parte, mi general, solo fuimos del Palacio a la estación con cinco cajas de parque’, contesté.

“‘Ya ve usted don Esteba, de los autos de la división ninguno fue’, dijo Villa dirigiéndose al anciano, al mismo tiempo que iniciaba el camino de regreso hacia la puerta.

“La comitiva lo seguía y así salieron del garage a pie”. 

Continuará...



Extracto de Choferes de la Revolución.
Autor: Luis Jiménez Delgado.
Biblioteca de la Crónica del Estado





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