Tuesday 06 de December de 2016

Creer en el amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba      14 Jun 2014 20:40:10

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La Santísima Trinidad.  (Cortesía)
La Santísima Trinidad. (Cortesía)
INTRODUCCIÓN
Acabada la Cincuentena Pascual retomamos el Tiempo Ordinario, precisamente con la Solemnidad de la Santísima Trinidad. En esta Solemnidad celebramos gozosamente con gratitud al Dios, Uno y Trino por habérsenos revelado en orden a nuestra salvación temporal y eterna.

La liturgia eucarística de este día subraya con un saludo tomado de la segunda carta a los corintios, la gran verdad de nuestra fe cristiana y católica y como centro irradiante de toda la vida de la Iglesia: “La gracia de Nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo, esté siempre con todos ustedes”.

Por esta razón, el Concilio Vaticano II se expresa de la realidad constitutiva de la Iglesia de Cristo “como una muchedumbre reunida en la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” ( LG, n. 4 ).

Los invito, por tanto, a contemplar, meditar y asimilar con la luz de la revelación divina captada con la capacidad de nuestra fe cristiana, por medio de la cual podemos acceder, aunque de manera limitada e imperfecta, como peregrinos por este mundo hacia la casa de nuestro buen Dios, al misterio trinitario, que durante esta eucaristía dominical habremos de profesar solemnemente con la recitación del Credo, el cual expresa sintética y admirablemente, este misterio de nuestra fe, de nuestra esperanza y de nuestro amor.

CREEMOS POR GRACIA DE DIOS MISMO EN EL AMOR DEL PADRE Y DEL HIJO Y DEL ESPíRITU SANTO
La Iglesia nos enseña que nuestra vida cristiana, personal y comunitaria, se desarrolla toda ella con el signo y la presencia y la acción de la Santa Trinidad. En el alba de nuestra vida humana fuimos bautizados para siempre “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

Nuestro bautismo y demás sacramentos, nos bañan con la luz y fuerza de la vida trascendente y misteriosa que el único Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo nos hace participar, sin mérito alguno nuestro, como bendición que llena de paz y gozo nuestro ser humano camino hacia la alborada de la eternidad.

Dios único se nos revela como Amor. En la enseñanza de San Juan evangelista y por esto estamos llamados y atraídos por este Amor que se nos ofrece con la plenitud de su energía, su luz y su libertad.

En esta Solemnidad nos podemos preguntar y responder cómo es este Amor Trinitario para nuestro ser y crecimiento en la vida de fe que se pruebe, no solo con palabras, sino con todo el testimonio de nuestras vidas como testigos y heraldos de este Amor maravilloso.

Aquí podemos intentar una fisonomía del Amor divino con algunos rasgos que de ninguna manera agotan la totalidad del misterio del ser de Dios. Son rasgos que la revelación divina nos descubre.

En la primera lectura de este día, escuchamos las siguientes palabras del libro del Exodo cuando el Altísimo se da a conocer en el monte Sinaí a Moisés, el caudillo del pueblo elegido de Israel: “Yo el Señor, el Señor Dios, compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel”.


Este Amor, es Uno y Trino. Es paterno, filial y espiritual. Amor que se da en tres divinas personas realmente distintas sin que por ello se rompa la unidad absoluta y substancial del ser divino. Es unión divina en la diversidad de las tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Es Amor gratuito. Se da sin condiciones para crear el mundo y para asociar y elevar a los hombres a su intimidad amorosa y triplemente personal.

Es Amor comunitario de esas tres personas divinas y los hombres estamos llamados a participar de esta comunidad insinuada y realizada ya en la Iglesia, comunión fraterna que Cristo fundó.

Amor total e inabarcable desde siempre y para siempre. Es Amor liberador que salva y que da vida más allá de lo que podamos entender y vislumbrar.

Amor libre porque Dios nos ama con toda la libertad de su ser divino y trascendente. Podemos aceptarlo o rechazarlo con el ejercicio de nuestra propia libertad. Es Amor, Don y Regalo.

Es Amor revelador. Nos descubre quiénes somos: hijos adoptivos muy amados, creados y habitados por sus tres divinas ersonas.

Por último, es un misterio. Es realidad perfecta que no acabamos de entender; pero nos abriga, nos abraza, nos eleva y sostiene en medio de nuestra pequeñez y caducidad. Es Amor eterno sin fin de días y de noches. Es Amor que actúa en un hoy eterno y absolutamente total.

Amor bello, perfecto y luminoso. Es sol que brilla con toda su energía inédita e insospechada. Podemos concluir que ni el ojo vio, ni el oído oyó ni vino a la mente de los hombres, lo que Dios tiene preparado para los que corresponden a este su Amor.

CONCLUSIÓN  
¡Amemos a Dios Uno y Trino con todo nuestro ser; con todo nuestro conocimiento y con toda nuestra libertad. Amémonos unos a otros con la fuerza de este Amor para que en él, por él y en él, seamos colmados de gracia y bendición desde estos días de nuestra existencia peregrina y hasta la felicidad con la cual este Amor nos colma y nos colmará para toda una eternidad gozosa y absolutamente plena y bella!




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