Monday 05 de December de 2016

Crisis en el Vaticano

Ricardo Gómez Moreno      6 May 2014 21:30:06

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¡Al diablo las instituciones! fue una frase pronunciada hace años por Andrés Manuel López Obrador; se hizo tan famosa como la llamada “roqueseñal”, protagonizada por Humberto Roque Villanueva, diputado priísta que en 1995 festejó con un gesto obsceno el aumento del IVA del 10 a 15%.

La frase de López Obrador se integró al arsenal de sus enemigos políticos para acusarlo, cada vez que se presenta la ocasión, de “loco” o “anarquista”. La “roqueseñal” quedó grabada como uno de los mayores escarnios a los mexicanos.

La frase del actual líder de Morena viene al caso porque el tema de hoy son las instituciones. La “roqueseñal”, simple anécdota.

La realidad nos dice que, efectivamente, ¡al diablo! se han ido las instituciones. Sus integrantes las han despojado del decoro y respeto que antaño tuvieron la Presidencia de la República, la Cámara de Diputados, el Senado, las corporaciones policiacas, el Ejército y las grandes empresas, públicas y privadas como Pemex, CFE, el sistema bancario y financiero, Televisa, Telcel, etcétera.

En el plano internacional la situación también anda mal. ONU, FMI, Unión Europea y Banco Mundial son entidades que, traicionando sus orígenes, son suciamente manipuladas para favorecer tendencias políticas y económicas hegemónicas.

Paradójicamente, otro organismo mundial en riesgo de irse al diablo es la Iglesia Católica, debilitada por el nombramiento del controvertido beato Juan Pablo II.

¿Cómo llevaron tan apresuradamente a los altares a quien protagonizó faltas morales y religiosas tan graves?

Karol Wojtyla, como se ha demostrado, protegió a Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, quien desde los años 50 del siglo pasado ya era acusado de pederastia. Tuvo el Papa la oportunidad de erradicar o por lo menos contrarrestar esa calamidad y nada significante hizo. El turbio manejo de las finanzas del Vaticano fue otro gran problema que prefirió soslayar.

El polaco trabajó intensamente a favor del sindicato polaco Solidaridad, de Lech Walesa, que logró el derrocamiento del gobierno socialista de Varsovia. Luego colaboró en la propagación de las revueltas que terminaron en la demolición del Muro de Berlín y la posterior caída de los regímenes socialistas de Europa del Este. Su ideología, más que cristiana, fue evidentemente proestadounidense.

Tenaz y maquiavélico, luchó contra la Teología de la Liberación que sacerdotes comprometidos socialmente enarbolaban en varios países, particularmente en América Latina, arrasada en los años 80 por asesinas dictaduras militares, con las que incluso fraternizó.

Fue un papa mediático, vulgarmente mercantilizado por la televisión. En México se convirtió en una estrella más de Televisa.

Juan Pablo II, en los altares, daña tanto a la Iglesia católica como lo hizo desde el Vaticano. No en balde existe un enorme déficit mundial de vocaciones sacerdotales.




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