Sunday 11 de December de 2016

Cristo, fuente de agua viva en diálogo con la mujer samaritana

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba      22 Mar 2014 22:30:07

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Hoy el ejemplo es el caso de las hermanas Marta y María. (Cortesía)
Hoy el ejemplo es el caso de las hermanas Marta y María. (Cortesía)
INTRODUCCIÓN
Hermanos: estamos iniciando la segunda etapa de la Cuaresma con los siguientes tres domingos que configuran esta etapa y que nos ayudan grandemente para celebrar la Pascua de resurrección del Señor Jesús.

Después vendrá la tercera etapa cuaresmal con la celebración solemne de la Semana Santa y al final el triduo pascual de la pasión, muerte y resurrección, la gran solemnidad cristiana.

En este tercer domingo de Cuaresma, los textos bíblicos de la liturgia de la palabra nos presentan el tema del agua viva, que es Cristo y en diálogo con la mujer samaritana.

En efecto, la primera y tercera lectura nos dan el tema del agua como símbolo de la vida y que todo ser vivo necesita para subsistir pero, especialmente para los hombres, tanto en el plano natural como en el sobrenatural de la gracia y la redención operadas por Cristo, fuente inagotable de agua viva.

Como, ciervos sedientos, los invito a meditar y reflexionar, en este tema que es el centro de nuestra Cuaresma en este año.

CRISTO, FUENTE INAGOTABLE DE AGUA VIVA EN DIÁLOGO CON LAMUJER SAMARITANA 
A).- Para ir entendiendo este tema de nuestra liturgia bíblica dominical, hacemos primero referencia a la primera lectura del libro del Éxodo, que nos habla de la sed del pueblo de Dios en el desierto, bajo la guía de Dios por medio de Moisés, el gran caudillo y legislador de este pueblo.

En la experiencia durísima del pueblo de Dios que peregrina por el desierto árido, seco, sin agua, el pueblo se rebela contra Moisés y en el fondo contra el mismo Dios.

En los lugares de Masá y Meribá el pueblo peregrinante y acosado por la sed y el hambre, se rebeló porque habían tentado a Dios y habían desconfiado de su poder y protección.

Cuando Moisés clama a Dios que venga en su socorro ante el pueblo que lo acosaba y que poco faltaba para que lo apedrearan por haberlo sacado de Egipto, en donde se sentían seguros de vivir, aún a costa de su esclavitud con los egipcios.

Dios manifiesta su poder gratuito y salvador para con el pueblo rebelde y desconfiado, ordena a Moisés que con su bastón, con el cual había obrado prodigios en orden a la liberación del pueblo de la opresión y esclavitud de los egipcios, tocara la peña del Monte Horeb, para que inmediatamente brotara agua abundante que vino a saciar la sed de su pueblo caminante hacia la tierra de promisión, más allá de las amarguras y pruebas del desierto.

En esa agua que brotó por el poder del Altísimo en la peña de las faldas del Monte Horeb, ya se anunciaba a Cristo como “peña” nueva y magnífica, que el Padre eterno ha dado a su pueblo peregrinante por el desierto de la vida con las pruebas y sufrimientos que hacen clamar por la liberación integral de las amarguras y sufrimientos a todos los hombres, quienes en la plenitud de los tiempos reciben el don de Jesucristo, como fuente inagotable de vida temporal y eterna.

B).- El evangelio de San Juan nos describe detalladamente el encuentro de Cristo con la mujer samaritana en el poblado de Sicar en Samaria y junto al pozo de agua de Sicar en el campo que dio Jacob a su hijo José.

Los judíos como Jesús, no se podían ver, menos entablar relaciones de cualquier tipo, con los samaritanos.

A pesar de estas dificultades entre los dos pueblos, Jesús con sed pide a la samaritana que le dé de beber. Hecho insólito y sorprendente para esa mujer.

Sin embargo a partir de allí, Cristo va revelando su identidad comenzando primero por ser un judío, para pasar luego a ser profeta que revela los secretos íntimos y muy personales de la samaritana.

Avanzando en dicho diálogo, Jesús aparece como el mesías salvador en el cual, tanto los judíos como los samaritanos, esperaban de acuerdo a la revelación divina.

Así, la persona de Jesús se convirtió para la samaritana y sus conciudadanos en un paso hacia adelante de fe y conversión.

De esta manera, Cristo que pidió de beber a la samaritana, se convierte luego en fuente de agua viva haciendo que en las almas de los que lo admiten con un encuentro personal, se adhieran a él sin violentar la libertad.

Cristo se revela como Mesías salvador de los hombres por el amor, sabiduría y su bondad divina y humana.

El agua por tanto, es signo de un don de Dios, que es persona, Cristo Jesús; es signo del amor del Padre que nos purifica y salva por Cristo y el Espíritu Santo.

De esta manera Jesús es fuente de agua viva para el peregrinar de los hombres de este mundo hasta llegar a la meta de su destino en la casa del Padre para toda una eternidad.

AGUA PARA UNA SED INEXTINGUIBLE 
Los hombres en este mundo vamos creciendo y avanzando con sed de una vida mejor y llena de satisfacciones que calmen la sed siempre presente en sus corazones. Los hombres, siempre queremos saciarnos de felicidad auténtica y verdadera.

Por esto mismo, la sed de los humanos puede adquirir significados múltiples. Tenemos sed de agua y de cariño, de dinero y felicidad; de pan y verdad, de cultura y dignidad, de paz y esperanza, de justicia y derechos humanos.

En este sentido podemos descubrir que los humanos no podemos saciarnos fácilmente de felicidad, porque existe continuamente la experiencia de insatisfacción, angustia, soledad y miedo ante un mundo violento y con muchas manifestaciones de crímenes, guerras, y abusos que hacen de la existencia imposible de vivir y soportar.

Por eso, con la samaritana del evangelio de este día, pedimos a Jesucristo nos dé de su agua viva para saciar y calmar nuestras ansias de felicidad, paz, comunión fraterna y profunda solidaridad que nos haga vivir con esa vida que Jesús ofrece a todo aquel que quiera encontrarse con éll definitivamente.

Entonces, fijaremos en nuestras conciencias y corazones la profunda intuición de San Agustín de Hipona, cuando expresó para el tiempo y la vida celeste:

“Nos hiciste, Señor, para ti e inquietos están nuestros corazones hasta que descansen en ti para toda una eternidad gozosa en el cielo”.

 




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