Tuesday 06 de December de 2016

Cristo nos enseña a perdonar siempre a quienes nos ofenden 

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba      13 Sep 2014 21:00:54

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INTRODUCCIÓN
El domingo pasado tocamos en nuestra homilía el tema difícil y que nos cuestiona fuertemente de la corrección fraterna, que nos enseña el evangelista San Mateo en labios de Cristo. 

Esta corrección es posible si nos dejamos invadir por la gracia del Señor, para poderla llevar a efecto con madurez humana y cristiana. Con espíritu de humildad, respeto y sencillez de acuerdo con las exigencias libres que nos ofrecen el ejemplo y la doctrina de Jesús.

Hoy, en nuestra liturgia eucarística dominical, la Iglesia nos vuelve a presentar como asunto de contemplación, reflexión y compromiso, el difícil tema del perdón que los discípulos de Cristo debemos ejercitar para quienes nos ofenden con la medida del amor, la justicia y la magnanimidad.

CRISTO NOS PERDONA SIEMPRE Y éL QUIERE QUE DE IGUAL MANERA NOS PERDONEMOS UNOS A OTROS
Hemos constatado siempre que el apóstol San Pedro dialoga con Jesús, adelantándose para hablar ante Jesús y sus compañeros. 

El evangelio de este día en nuestra liturgia eucarística dominical, tomado de San Mateo, nos hace saber cómo un día Pedro plantea a Jesús la siguiente pregunta: “Si mi hermano me ofende, ¿Cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?”. 

Jesús le contestó: “No solo hasta siete, sino hasta 70 veces siete”. Con esta respuesta magnífica e inesperada de Cristo, dio a entender que, para él y sus discípulos, el perdón de las ofensas que nuestros semejantes nos hacen debe ser siempre la norma del comportamiento magnánimo como el mismo Señor nos lo muestra, perdonando  a sus enemigos en el ara de su sacrificio por nosotros en la cruz antes de morir y en el Padre Nuestro, oración que el mismo nos enseñó, cuando decimos “Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden y no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén”.

Y para reafirmar clara y ampliamente esta exigencia de su evangelio, Jesús enseñó  la bellísima parábola que también hemos escuchado del evangelio de hoy, sobre el deudor incapacitado por completo para pagar a su rey una deuda enorme en atención a la súplica ferviente y de rodillas que le hizo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo. El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda”.

Pero este servidor apenas había salido de la presencia del rey, cuando se encontró con un compañero que le debía poco dinero. Entonces, como si a él no le hubiesen condonado una deuda mayúscula, se mostró duro e implacable con su deudor: “Entonces  agarró al otro por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía:

Págame lo que me debes. El compañero se le arrodilló y le rogaba: Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda”. 

La parábola continúa diciéndonos que al saber el rey el comportamiento de aquel a quien él había perdonado la deuda que era muy grande, lo llamó y le dijo: “Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. 

Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía. Y concluye Jesús su parábola diciéndonos a todos. “Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su hermano”.

¿DE QUÉ MANERA HABREMOS NOSOTROS DE PERDONAR A QUIENES NOS OFENDEN?
Todos tenemos la experiencia dura de haber recibido ofensas de parte de algunos hermanos nuestros. La reacción es de rechazo, odio e implacable actitud de venganza. Por lo menos llegamos a decir: “Sí, le perdono, pero nunca olvidaré lo que me hizo”. 

De esta manera, el resentimiento, el rencor y la división entorpecerán la necesidad de perdonar y no habrá en nuestros corazones la paz que tanto necesitamos para vivir en comunión verdadera y fecunda a pesar de los pesares, como comúnmente se dice.

Para que sea eficaz, aunque difícil a la vez, el poder perdonar a quienes nos injurian y ofenden, pidamos fervientemente a Jesús que nos ayude con su ejemplo, intercesión y gracia, para que podamos perdonar como fruto de nuestra oración sincera, leal y comprometida.

Que nuestro gestos de fraternidad abierta y conciliadora se manifiesten en la calle, en nuestros hogares, en la vecindad, en el trabajo, en los ambientes tensos por el odio y el recelo, la desconfianza, el distanciamiento afectivo, el rencor quizá y la venganza.

CONCLUSIÓN
Jesús nos invita hoy, como fruto de nuestra eucaristía dominical, a que llevemos cada uno de nosotros la buena noticia de nuestro perdón para todos aquellos con los cuales nos hemos distanciado, porque experimentamos la misericordia del Señor en nuestras vidas y nos sabemos reconciliados con Dios por medio de Jesucristo y con la inmensa energía del Espíritu Santo.

Hoy más que nunca, estamos invitados y capacitados para amar y perdonar a los hermanos con el mismo amor y perdón con que nosotros somos aceptados por Dios, Padre de la infinita misericordia.




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