Sunday 04 de December de 2016

Cristo nos llama a ser responsables, en la espera de su venida

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba      15 Nov 2014 21:54:29

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Introducción
Hoy es el tiempo de vida que Dios nos concede para revisar el sentido de compromiso que cada uno de nosotros y en comunión con nuestros hermanos creyentes, tienen nuestras vidas al servicio de Dios y de nuestros prójimos.

La vida relativamente en este mundo es muy corta y tiene un valor incalculable para dar razón de ella con un proyecto que la justifique, junto con ello todos los valores que tiene y sean bien aprovechados cada día nos aseguran el premio de la vida eterna.

Las lecturas bíblicas de hoy nos hacen reflexionar y comprometernos con Cristo y nuestros hermanos para promover con los talentos que recibimos de él y colaborar en la construcción de su Reino de fraternidad, amor y servicio para la gloria de Dios y para que conquistemos el cielo prometido con nuestros esfuerzos.


La vigilancia y el compromiso de nuestra actuación, en la espera del señor que viene
Si ponemos atención a las enseñanzas de las lecturas que la Iglesia nos propone este día, podemos precisar que nos llaman a ser vigilantes y muy comprometidos en la espera del Señor que ha de venir a juzgar vivos y muertos, como profesa nuestra fe con el Credo.

En efecto, la primera lectura tomada del Libro de los Proverbios, nos describe la fisonomía de una mujer muy inteligente, activa y hacendosa que cuida de su marido y sus hijos con toda entrega y diligencia, sabia y prudente, de tal manera que es el orgullo y la razón de su familia bien llevada y atendida en todos los menesteres de un hogar ordenado, feliz, lleno de frutos y mucha paz constructiva.

Esta lectura es un elogio a la mujer virtuosa que teme al Señor y trabaja para agradarle y recibir el premio a sus fatigas y desvelos hogareños. Y también, un ejemplo que nos invita a ser diligentes y sabios en el manejo de nuestros deberes y compromisos para con Dios y nuestros prójimos.

Ejemplo de un hogar bien ordenado y que nos hace pensar en lo que debe ser un hogar cristiano que dé sentido a las vidas de quienes lo forman y lo desarrollan cada día que pasa. En estos tiempos, esta enseñanza debe fortalecer a las familias en nuestro contexto sociocultural que presenta muchos retos y desafíos con la pérdida de valores y los ataques de las diversas ideologías que destruyen a las familias.

La segunda lectura, tomada de la primera carta a los Tesalonicenses del Apóstol San Pablo, nos pone alertas y vigilantes, ante la llegada del día del Señor y que no debe sorprendernos como un ladrón que asalta por la noche sorpresivamente.

Debemos estar preparados, vivir no en las tinieblas del pecado y de la muerte espiritual, ya que los cristianos debemos ser, según nuestra vocación, “hijos de la luz y del día, no de la noche y las tinieblas. Por lo tanto, no vivimos dormidos, como los malos; antes bien, mantengámonos despiertos y vivamos sobriamente”.


En la tercera lectura del evangelio de San Mateo, Cristo magistralmente nos presenta la parábola de los “talentos” o bienes materiales muy valiosos que un señor muy rico entrega a tres servidores suyos, dignos de su confianza, para que los trabajen y los hagan fructificar con empeño y verdadero compromiso. Dos empleados que recibieron; uno, cinco talentos y otro dos, con su ingenio y diligencia los hicieron fructificar al doble. Ellos recibieron el elogio y el reconocimiento de su señor dándoles mayores responsabilidades y paga  abundante.

En cambio, el que recibió un talento, lo fue a esconder para regresárselo a su amo sin haberlo trabajado, juzgó a su señor injustamente y de manera un tanto injuriosa al decir: “Señor, yo sabía que eres un hombre duro y que quieres cosechar lo que no has plantado y recoger lo que no has sembrado. Por eso tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo”.

El amo reprendió severamente a este empelado inútil, sin iniciativa y sin responsabilidad. Ordenó que le quitaran el talento que le había encomendado y que se lo dieran al que tuvo diez y mandó echar fuera a las tinieblas “a ese hombre inútil y concluyó. Allí será el llanto y la desesperación”.

Para entender más fondo esta parábola de Jesús, debo anotar que el “talento” era una moneda muy valiosa; los exégetas actuales nos dicen que equivale a un millón de pesos. El talento era ordinariamente de plata y pesaba por lo menos 20 kilos o más. Algunos eran de oro. Estas monedas se usaron en Mesopotamia y la región de Palestina y Siria, Medio Oriente y también en algunos territorios de la cuenca del Mar Mediterráneo.


Conclusiones prácticas para aplicar las enseñanzas de este domingo
Al hacer énfasis en la parábola del evangelio, podemos sugerir algunas actitudes con relación al Reino de Dios, al cual Cristo nos invita para que colaboremos en esta vida y a la espera de la eterna. Porque Cristo, después de su resurrección, deja a todos nosotros como administradores suyos en este mundo para que cada uno y todos en comunión eclesial, hagamos fructificar los carismas o talentos recibidos de la mejor manera de acuerdo a las posibilidades de cada quien.

Los servidores fieles y responsables los administran con iniciativa y diligencia, es decir, con amor a Dios y al prójimo, al desterrar todo egoísmo, descuido, flojera y mera comodidad personal. Con este amor, no se pueden escatimar esfuerzos, sacrificios en el trabajo por Cristo, nuestro verdadero dueño y señor.

Trabajar por su Iglesia desde el estado de vida y vocación que cada uno tiene como dones recibidos de él: en la construcción apasionante y sin desmayar de nuestras familias; por el mundo tan necesitado de valores constructivos para la convivencia social al fomentar la justicia, la fraternidad, el respeto auténtico por la dignidad de las personas, especialmente los niños, adolescentes y jóvenes.

Participar en la instauración de un orden público para que tengamos seguridad en nuestras comunidades, en pocas palabras sacrificarse por los demás cada día para darle un verdadero proyecto a nuestro paso por la tierra. Ciertamente Dios nos premiará, si a la luz y exigencias concretas del evangelio, crecemos y nos declaramos con pensamientos, palabras y acciones, siervos fieles y amorosos para la gloria de Dios y para nuestra salvación temporal y eterna.




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