Thursday 08 de December de 2016
»Primera de cuatro partes  

Crónica epistolar de la Toma de Zacatecas 

Víctor Manuel Ramos Colliere      7 Jun 2014 23:53:47

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En medio de la Toma de Zacatecas, más allá de caudillos, militares de grado, tropas tanto federales como revolucionarias, hubo otros actores y testigos que tienden a pasar desapercibidos, como lo fue la población civil.

Un testimonio documental desde la perspectiva de los zacatecanos ajenos al conflicto armado, que vivieron en carne propia las consecuencias del 23 de junio de 1914, es la carta escrita por Amelia Dessentis Urrutia a sus hermanos en Tulancingo.

Amelia y su esposo, Alfonso Linares Serna, desde la casona marcada con el número 34 de la calle Rodríguez en Guadalupe, padecieron penurias y las consecuencias del asalto bélico.

En esta entrega se narra el frustrado ataque de la División del Centro comandada por Pánfilo Natera, realizada el 10 de junio, que sería el proemio para la disputa de la plaza en los días subsiguientes.

Agosto 28 de 1914 

Muy queridos hermanos: 
Si tengo tiempo para platicarles y ésta llega a su poder, se enterarán de todo cuanto nos ha pasado, y sin duda, se quedarán sorprendidos al saber todo cuanto hemos sufrido.

Nunca pensamos los perjuicios que nos traerían las consecuencias de la Revolución. Fue una cosa terrible la Toma de Zacatecas y este lugar, más que terrible, espantosa, desesperada, no tengo palabras para decírselos; pero si terribles fueron los días desastrosos del combate, fueron peores los siguientes. 

Imagínense que el primer día que entraron aquí, nosotros fuimos los que sufrimos el primer susto; pero un susto espantoso.

Van a ver: como a las 7 de la mañana se empezaron a oír muchos cañonazos, en un cerro que dista de aquí como media legua; nos dijeron que se estaba batiendo el 90 batallón compuesto de mil hombres, con las avanzadas revolucionarias, y como a las 2 de la tarde nos avisaron que estaban pasando soldados por enfrente de la casa, por lo que nos paramos de la mesa para ir al balcón para verlos pasar, cuando oímos un grito del general que dijo “Carabinas en guardia”, “Enemigo al frente”.

Los soldados al oír este grito, todos corrieron y casi detrás de ellos entraron los revolucionarios disparando sus armas; entonces Alfonso baja violentamente a cerrar el zaguán cuando va mirando unos ocho revolucionarios en la puerta; Alfonso al verlos vuelve a subir corriendo y tras de él entraron ellos y se metieron por las fuerzas.

Alfonso se vino conmigo y los niños y todos juntos nos estuvimos en mi recámara mientras ellos buscaban por todas las demás piezas, levantando colchones y abriendo roperos, hasta que llegaron a donde estábamos nosotros; lo primero que hicieron al vernos fue apuntarnos con sus rifles, diciendo que había subido la escalera un federal, que lo entregáramos o nos mataban.

Alfonso los convenció de que el que había subido la escalera era él, que ningún federal había aquí, después, exigieron armas y dinero.

Alfonso les dio como 100 pesos, que era todo lo que tenía y le quitaron el prendedor y reloj y ya para irse se llevaron los cordones de las cortinas y otras cosas de poco valor. 

Ya calcularán el tremendo susto que llevaría al ver que nos apuntaron con los rifles diciéndonos miles de groserías. Luego que se fueron, se cerró el zaguán y no se volvió a abrir sino con toda clase de precauciones y cuando era enteramente indispensable…

Extracto de la carta de Amelia Urrutia,
documento facilitado por Julieta Berganza Linares.

Víctor Manuel Ramos Colliere 
Investigador y promotor cultural 
centenario@imagenzac.com.mx




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