Saturday 03 de December de 2016

Cuando las huellas de una pelea eran motivo de orgullo

Javier Torres Valdez      1 Sep 2014 21:00:03

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Hace más de medio siglo, se decía de Jerez que era un pueblo donde las mujeres preferían morir vírgenes para no parir ca..britos. Se decía de sus hombres que eran tan especiales que se dejaban matar con tal que les compusieran un corrido, luego don Eugenio del Hoyo modificó las frases sobre los jerezanos repitiendo lo que a un fraile misionero se le achaca.

“Esas gentes de Jerez: miel y veneno a la vez; todos son nobles sin título, todos ricos sin haber, todititos son parientes y no hay dos que se puedan ver”. Tiempo después en la capital del estado acostumbraron a decir: Jerez, donde se acuestan dos y amanecen tres, a lo que un paisano acordó en responder: ¡La tercera era tu madre..!

Las peleas amistosamente verbales, siempre han tenido seguidores en Jerez. Tenemos paisanos muy dados al albur, a la morcilla, a la ironía, al comentario picante y burlesco, pero también los hubo a las peleas a puñetazos, como se estilaba en los buenos tiempos.

Generalmente las peleas se originaban a causa de las damitas de aquellas épocas, por obtener la preferencia de alguna. Cuando se encontraban los galanes bastaba que alguno dijera: “quiero contigo” para que se pusieran de acuerdo, cuándo y dónde.

Generalmente los oponentes llevaban a sus amigos, quienes fungían como padrinos de la pelea, revisaban que en sus manos no portaran anillos ni reloj que en el encuentro pudiera producir heridas o cortes en la cara. La única regla que se fijaba era que cuando alguno de los dos dijera: “ya estuvo” tendría que suspenderse la acción.

En algunos casos hasta se daban la mano y regresaban al centro citadino conversando como si nada hubiera pasado.

Nadie se metía en la pelea. Si alguno caía, el otro esperaba caballerosamente que se levantara para seguir disparando puñetazos a diestra y siniestra.

Ahora la cosa es diferente, se acostumbra “el descontón a la malagueña”, que no es otra cosa que un golpe sorpresivo dado a traición o cuando se está de espaldas al agresor.

Cuando a causa del golpe cae al suelo, de inmediato surgen las patadas, esto gracias a las películas de karate, en donde todo se permite, con tal de acabar con el contrario.


Ahora, lamentablemente, todos los amigos del agresor quieren participar exhibiendo su cobardía, pues solos no son capaces de iniciar ningún pleito. Los jóvenes inexpertos buscan agruparse a veces para defenderse y a veces para ir a buscar dificultades con otro grupo que pasó por su calle o porque algún extraño invadió su barrio, tras de alguna chica.

Lo peor del caso es que a veces surgen grupos de jóvenes que visiblemente drogados buscan pelea por todo o por nada, incapaces de conducirse, agreden a la gente pacífica y peor aún resulta que hasta la policía les teme.

Los lugares preferidos para los encuentros a golpes eran la calle Constitución, el “callejón de los fierreros”, (pasaje Zaragoza), la calle de las tunas (Rayón) o la Galeana. Cuando los rivales se preciaban de tener honra y hombría se citaban a solas y ahí sin testigos calmaban su furia, su estress o simplemente, quedaban satisfechos en romperle la cara al contrario.

Los participantes lucían al siguiente día un ojo morado, la nariz hinchada o los labios partidos, pues generalmente todos los golpes se disparaban hacia la cara del oponente.

Decían entonces que para bajar lo morado del golpe nada era mejor que dormir con un pedazo de bistec, tapando la coloratura obispal, pero nadie se preocupaba por eso, algunos hasta lucían con orgullo las huellas de la pelea.

Hubo un tiempo de grata memoria, en que los jerezanos disfrutaban de buenas peleas de box, El Diablo Salvador Sotelo, los hermanos Jesús, Juan y Raúl Leaños, El Toro Cárdenas y su hermano Antonio Manazo, Jesús Girón y su hermano Luis, dieron en sus tiempos destacados encuentros boxísticos y casi al final de esa brillante temporada, destacó también Manuel Trejo García, quien pudo ganar en la ciudad de México Los Guantes de Oro.

La familia de Manuel era originaria de Tlaltenango y se avecindó en Jerez por varios años.




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