Friday 09 de December de 2016

Cuando poco es mucho y todo 

Sigifredo Noriega Barceló      5 Aug 2014 22:30:02

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Cinco panes y dos pescados es muy poco para la muchedumbre que tiene hambre. Es mucho y es todo para cada persona que es alimentada con estos alimentos caídos como una bendición de la generosidad del señor y... de varios discípulos.

En la Palabra de hoy y de todos los días, Jesús se enternece, entretiene y compadece de la gente que lo busca. Acepta a la multitud, la sana, cura y alimenta. Se da cuenta de lo que nosotros olvidamos y descuidamos con frecuencia: la gente que tiene hambre. Jesús entiende y atiende por entero a la gente que le busca.

Por eso descubre que tiene hambre además de todas las broncas que solemos llevar encima las personas. Jesús se da cuenta de lo más normal: la necesidad básica del alimento y del hambre que le precede.

Jesús se da cuenta de lo normal y nos da una lección magistral, válida también para el continente digital y empobrecido de nuestros días: solucionar las necesidades primarias normales es fácil y factible si todos ponemos/compartimos lo poco que tenemos. A los discípulos de aquel tiempo (y de este tiempo) se les cierra el mundo y se van por el “no se puede”; no se les ocurre otra cosa más que despedirlos y descartarlos.

¡Qué diferente la solución de Jesús! Él ve la solución desde la compasión que suma y multiplica. ¿Qué son dos pescados y cinco panes? Cuando el corazón es compasivo es mucho y puede ser todo.

Jesús no deja ir a la multitud ni está de acuerdo con las soluciones egoístas de los discípulos. Más bien, los compromete e implica en la solución del problema de los demás. Es de admirar cómo Jesús da vuelta a la situación que parece sin solución.

Lo que es excusa (tenemos solamente cinco panes y dos pescados), lo convierte en oportunidad: ése poco es suficiente y sobra. Con Dios como compañero no hace falta tener todo lo que creemos que necesitamos.

Nuestros cálculos no son los de Dios. ¡Cuántas cosas se han quedado sin hacer porque creíamos que para hacerlas necesitábamos mucho! Pienso en el problema humano del agua y de tantas hambres, antiguas y nuevas.

En un mundo complejo solemos complicar las soluciones. La palabra de Dios dominical nos indica y garantiza que, si empezamos a compartir lo poco que tenemos, habrá solución para la multitud.

Muchos santos empezaron grandes obras sin nada; solo compartieron la esperanza y la confianza en Dios. Es cuestión de poner sobre la mesa grande lo que parece de poca cuantía. ¡Cuántas personas se quedan con “sus hambres” porque lo nuestro nos parece poco!

La lección de este domingo es contundente: cuando nos decidimos a poner en común todo lo que tenemos hay soluciones de todo y para todos.

La oración de este domingo: Señor, nos diste una gran lección pero, además, necesitamos que nos cambies el corazón; que nos ayudes a desprendernos; que nos duela la necesidad del hermano; que adivinemos su carencia para que se produzca en nosotros el milagro de compartir.




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