Sunday 11 de December de 2016

La Bufa, un testigo de la historia

Hoy se cumplen 136 años de la aprobación de su expropiación

Manuel González      12 Oct 2013 22:10:05

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  • Hermosa gráfica que retrató la ciudad de Zacatecas en 1880, cuando apenas se comenzaba a expandir el Centro Histórico. (Cortesía) Hermosa gráfica que retrató la ciudad de Zacatecas en 1880, cuando apenas se comenzaba a expandir el Centro Histórico. (Cortesía)
  • Templo en honor de Nuestra Señora del Patrocinio. (Imagen) Templo en honor de Nuestra Señora del Patrocinio. (Imagen)
  • Las tradicionales peregrinaciones. (Imagen) Las tradicionales peregrinaciones. (Imagen)
  • Además del Teleférico, está el observatorio meteorológico. (Imagen) Además del Teleférico, está el observatorio meteorológico. (Imagen)
  • En 1989 fueron colocadas las esculturas ecuestres de los caudillos que tomaron Zacatecas. (Imagen) En 1989 fueron colocadas las esculturas ecuestres de los caudillos que tomaron Zacatecas. (Imagen)
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La fisonomía del Cerro de La Bufa ha sido moldeada por las prodigiosas manos de la naturaleza a través de millones de años.
Ha sido testigo de innumerables acontecimientos. Presenció la llegada de los primeros seres humanos que cruzaron por aquí hace poco más de 10 mil años.
Fue bastión de las denominadas tribus chichimecas, entre ellos, los zacatecos. Sirvió de escenario del arribo del vasco Juan de Tolosa, quien descubrió las Minas de los Zacatecas el 8 de septiembre de 1546, un suceso que despertó el interés de los españoles y que provocó el nacimiento de este asentamiento minero, uno de los más antiguos y opulentos del continente americano.
Por la forma singular de este cerro, los españoles le dieron el nombre de Bufa, y desde el origen de la ciudad estuvo destinado a desempeñar un papel preponderante en la vida de Zacatecas.
En un principio sirvió de defensa y cobijo para la naciente población.
Luego, mereció la honra de figurar en la parte central del Escudo de Armas que Felipe II concedió a la ciudad en 1588, como reconocimiento a la importancia que representa para ésta y que con el tiempo se convirtió en un símbolo.
Desde su altura se domina todo el emplazamiento urbano, motivo por el cual, ha sido estratégico en numerosas batallas, decisivas para la historia nacional: el movimiento de Independencia, luchas decimonónicas, la Revolución Mexicana.
Desde el siglo 16, el Cerro de La Bufa ha sido el escenario inspirador de cuentos y leyendas que aluden a sucesos fantásticos que ocurrieron en su crestón y en sus faldas, que tratan de recrear varias lagunas de nuestra historia: las apariciones de la Virgen María del aquel memorable 8 de septiembre de 1546; las apariciones demoniacas de finales del siglo 16; el robo de la imagen de Nuestra Señora del Patrocinio; el cuento de Año Nuevo en Zacatecas, entre otros relatos de factura popular.
Sus interminables y naturales reverencias de riolita han sido aderezadas o quizás alteradas por las manos de las distintas generaciones que han habitado este antiguo asentamiento minero, acciones que han ido abonando a la construcción de una identidad y a la generación de un patrimonio cultural.
Tal es el caso de la erección de una capilla en el lomo del cerro para conmemorar el encuentro de los zacatecos y los españoles, el 8 de septiembre de 1546, bajo el patrocinio de María.
O la fábrica del actual santuario dedicado a la patrona especial de la ciudad, Nuestra Señora del Patrocinio, quien desde lo alto de esta hermosa prominencia vela por los habitantes de la ciudad.
Y que a la vez se ha convertido en destino de las romerías que desde el siglo 18 salen del corazón de la ciudad, quizá motivadas por esa natural aspiración de ascender a las alturas y encontrarse con Dios.
Así lo afirma Tomás Parra Sánchez en su Diccionario de liturgia (2000:137): “Peregrinar es desligarse de ataduras, dejar lo caduco, alejarse de cuanto parece estorbar y volver al punto de partida; buscar lo que eleva y trasciende. Por ello, a la peregrinación se le asocia con la ascensión, la ascesis, la subida al cielo o el retorno a Dios”.
Es lugar sagrado donde miles de fieles católicos practican la ascesis de manera devota, emotiva y alegre en las romerías de septiembre y en los oficios ordinarios.
Pero no sólo ha sido el aposento de la patrona de la ciudad, sino que también se ha erigido con la dignidad del ara cívico más importante del estado.
Ahí reciben homenaje permanente y descansan los restos de un reducido grupo de zacatecanos a quienes se considera en su mayoría como forjadores de páginas notables de nuestra historia matria y patria.
Desde 1966 se destinó el pie del crestón principal de La Bufa para resguardar el Mausoleo de las Personas Ilustres de la entidad. Personajes que representan a las generaciones de dos siglos de historia.
Aunque no podemos dejar de señalar que de manera simbólica, el propio crestón principal está consagrado como monumento al príncipe de los poetas mexicanos, Ramón López Velarde.
A la consagración asistieron algunos de los más prominentes escritores, poetas e intelectuales de México en 1926; es decir, a cinco años del fallecimiento del poeta, cuya evidencia quedó plasmada en la roca viva del lado poniente del crestón.

La Bufa fue el último reducto federal en caer en manos de los villistas, el 23 de junio de 1914, en lo que el doctor Enrique Florescano reconoce como la batalla más importante de la Revolución Mexicana y, acaso de las más sangrientas.
Para conmemorar esos acontecimientos y para rendir homenaje a todos los que ofrendaron sus vidas por una causa que tal vez juzgaron justa y, sobre todo, una advertencia y exhortación de lo que no debe volver a repetirse jamás, a un lado del crestón se construyó el Museo Toma de Zacatecas en 1984.
Cinco años después se erigió la Plaza de la Revolución Mexicana y se colocaron las estatuas ecuestres de los tres caudillos que tomaron Zacatecas.
Las esculturas de Villa y Pánfilo Natera fueron realizadas por Julián Martínez, y la de Felipe Ángeles por Carlos Espino. Este entorno que recibe actos cívicos, culturales, artísticos y religiosos.
No menos importante es la instalación de un observatorio meteorológico en el crestón chico que fue inaugurado en 1906. Fue equipado con los más avanzados instrumentos de la época.
En él se miden entre otras cosas la presión atmosférica, la insolación, la humedad relativa, el viento, la precipitación y la temperatura.
Y como un atractivo turístico de singular disfrute para los de casa y los visitantes es sin duda el Teleférico que hace posible disfrutar una panorámica del Centro Histórico de la ciudad desde el aire. Comenzó a funcionar en 1979.

Símbolo de los zacatecanos
Todo es símbolo, escribió Filón de Alejandría, en su Vida contemplativa. Y hay que ser capaces de ver los significados en esos pequeños indicios visibles para recoger y entender lo invisible, lo espiritual: lo que ya no vemos de aquella populosa y rica Zacatecas, lo entrevemos a través de este tejido de símbolos que las generaciones acogen en su historia, en su imaginario, en su tradición oral y escrita y en su conciencia colectiva.
Otro es ahora el rostro de la ciudad de Zacatecas, un rostro visto en el horizonte del tiempo que todo lo transforma y, paradójicamente, todo lo va renovando en el pulido espejo de la identidad.
Esta cañada de piedras y minas, de nobleza aquilatada y sucesión de ciudades infinitas, una sobre otra superpuesta y todas la misma, la misma Zacatecas, cuyas calles, cuyos templos, cuyo cielo, y cuyo axial Cerro de La Bufa son una armonía infinita de lunas y soles indomables.
Zacatecas es un eje de símbolos, (basta admirar su escudo de armas), una armonía de símbolos de oro y plata, de escrituras y tonos y rocas que son fundamento de un lugar propicio en la grandeza y en la henchida epifanía de sus lenguajes. Todo es símbolo.
Y la clave dichosa de La Bufa preside desde hace siglos el centro de un microcosmos que es a la vez placer para el espíritu y signo de una preservada reciedumbre.
Ahí, en ese axis mundi, se ayuntan el ingenio secular del hombre que imagina y crea, y el de la naturaleza, numen de equilibrios. En esa cima prodigiosa, de escarpados destellos y savia palpitante, finca comedidamente el centro primordial de la hechura de una ciudad que es el aleph de nuestra íntima historia.
Cosmos bendecido de un presente vivo, la emblemática peña alienta nuestras sensaciones para hacer nuestra y de todos una ciudad cuya historia es el ovillo vuelto fin y comienzo, comienzo y fin, cual una sucesión de paisajes preciosistas, fieles a la esencia de un espacio singular que es a la vez bizarro e intimista.
Cronista del estado




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