Wednesday 07 de December de 2016

De los presupuestos y las políticas

Alvaro Octavio Lara Huerta      2 Oct 2013 23:25:08

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Más de mil millones de pesos costó la Estela de Luz. (Cortesía)
Más de mil millones de pesos costó la Estela de Luz. (Cortesía)
A inicios de semana comenzó a circular por distintos medios el análisis cultural al presupuesto propuesto por el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, para el ejercicio fiscal 2014, en el que se plantea una fuerte disminución a las inversiones culturales por 4 mil millones de pesos, lo que comenzó a generar opiniones y protestas entre gestores culturales, artistas y funcionarios públicos.

Más allá de saber que muy probablemente este proyecto fracasará en comisiones legislativas tal como está planteado, es una realidad que el próximo año el recorte a la cultura será una realidad, lo que nos lleva al debate sobre si los grandes presupuestos generan las condiciones ideales para la cultura o atienden las necesidad reales de nuestra sociedad.

Indiscutiblemente la respuesta es no, pues hemos visto cómo exorbitantes (muchas veces insultantes) derroches han terminado en programas diluidos y sin impacto y lo que aún más preocupante en elefantes blancos o espacios “culturales” sin sentido.

Estos despilfarros no son exclusivos de algún partido o de cierto nivel para muestra se tiene la Megabiblioteca José Vasconcelos, de un costo de más de mil 500 millones de pesos y que hasta la fecha presenta fallas estructurales; la Expo Bicentenario en Guanajuato, que tuvo un costo de 2 mil millones de pesos y después del 2010 sólo ha destacado por enmarcar la visita del Papa, o qué decir de la Estela de Luz, de más de mil millones de pesos, convertida ahora en un inoperante centro de cultura digital.

Los ejemplos se replican a niveles estatales y federales, lo insultante no es tanto los recortes al sector, lo ofensivo es la manera en que se desperdicia el dinero público.

Más que desgarrarse las vestiduras por la falta de sensibilidad para la inversión cultural se debe exigir que la política cultural responda a las necesidades reales de una nación cada vez más lacerada por la desarticulación social y necesitada de la creación de programas ciudadanos de cultura.

Si la política, los programas y las instituciones siguen en la senda de la desvinculación social no existirá nunca un presupuesto que genere resultados reales y la tan anhelada transformación social.

La agenda pública cultural debe evaluar sí la inversión pero también los procesos y los resultados. De nada sirven presupuestos monumentales operados con ignorancia y sin una visión cultural de las inversiones.

Es realmente preocupante que las grandes transformaciones en el campo de la cultura sean las realizadas hace más de 20 años y que los municipios, los gestores y artistas sigan manifestando la falta de apoyo y condiciones dignas para el desarrollo.

Lo anterior sólo se logra en medida que Politicemos y Culturicemos la Política.




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