Sunday 04 de December de 2016

A 54 años del adiós

Gustavo Dévora Rodarte      25 Mar 2014 23:10:05

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  • El pintor murió acompañado por amigos y fue sepultado en una fosa común en Xilotepec. (Cortesía) El pintor murió acompañado por amigos y fue sepultado en una fosa común en Xilotepec. (Cortesía)
  • Una de las obras más representativas del artista es el Paisaje de Santa Mónica de día, captado entre 1946 y 1948. (Cortesía) Una de las obras más representativas del artista es el Paisaje de Santa Mónica de día, captado entre 1946 y 1948. (Cortesía)
  • Paisaje de Zacatecas con ahorcados II, un óleo en tela que realizó entre 1938 y 1942. (Cortesía) Paisaje de Zacatecas con ahorcados II, un óleo en tela que realizó entre 1938 y 1942. (Cortesía)
  • Entre los trabajos más recordados de Goitia se encuentra Tata Jesucristo, de 1927. (Cortesía) Entre los trabajos más recordados de Goitia se encuentra Tata Jesucristo, de 1927. (Cortesía)
  • Estudio de la Rosa fue dibujado en 1955 y permanece en el Ágora José González Echeverría. (Cortesía) Estudio de la Rosa fue dibujado en 1955 y permanece en el Ágora José González Echeverría. (Cortesía)
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El 26 de marzo de 1960, en una humilde morada junto a la parada del tranvía El Torito, en la delegación Xochimilco del Distrito Federal, fallece el insigne pintor Francisco Bollaín y Goitia García, nacido el 4 de octubre de 1882 en el rancho Patillos de la hacienda de Bañón, Fresnillo. 

Bautizado con el nombre de Francisco por el hermano de Asís y porque su progenitor y su abuelo llevaban el mismo nombre, se identificó con la vida ascética y humilde del santo, al que imitó en muchas ocasiones. 

Su padre, de origen vasco, fue administrador de haciendas; su madre, Andrea Altamira García, sirvienta de extraordinaria belleza, murió después del parto.

Francisco Goitia cursó la primaria en Fresnillo, pero fue en el Colegio Científico de San José, en Zacatecas, donde mostró precoz talento para la pintura, por lo que un amigo de la familia le recomendó estudiar artes plásticas en la Ciudad de México.

Una talentosa obra
En la capital del país, ingresó a la Academia de San Carlos, una de las más destacadas de América, donde recibió clase de los maestros José María Velasco, el zacatecano Julio Ruelas, Germán Gedovius y Saturnino Herrán; también fue compañero de José Clemente Orozco. 

Ingresó luego a la Academia Fabrés y se relacionó con Rufino Tamayo, tras lo cual obtuvo una beca para estudiar en Barcelona y el ministro Justo Sierra le otorgó otra para Italia, lo que lo hizo permanecer en Europa por cuatro años. 

De regreso en México al suspenderse la beca por la caída de Porfirio Díaz, en 1912 se enlistó con las fuerzas villistas durante año y medio, lo que marcó de manera profunda su sensibilidad.

En esta época retrató Los ahorcados y pintó paisajes de muerte y desolación como en Baile de la Revolución y en El desesperado. 

De 1918 a 1925 dibujó objetos y sitios arqueológicos para el antropólogo Manuel Gamio y de forma entrañable pintó indígenas como El indio triste. 

En 1926, de vuelta en Fresnillo, pintó en Patillos El viejo en el muladar y El caballo famélico. 

Un año después, en 1927, pintó en la sierra de Oaxaca una de las obras maestras del siglo 20: Tata Jesucristo, cuadro en el que “(…) jamás el dolor ante la muerte alcanza una expresión más alta, más desgarradora, en que el dolor de la potencia borra a Dios como único consuelo”.

A partir de 1928 decidió vivir como anacoreta en Xochimilco, en una choza hecha con sus propias manos. En este contexto, incrementó el contacto con los indígenas y se entregó con sencillez a su quehacer artístico, fuera de las superficialidades de la vida cultural e intelectual del momento. 

En 1934, ya como catedrático de la Escuela Nacional de Artes Plásticas, ingresó a la Orden de Terciarios Franciscanos en la Sagrada Familia de la Ciudad de México, en un intento de dejar lo mundano y ostentoso y de seguir una vida de pobreza. 

Su famoso Autorretrato con una mano en el pecho cobra forma en 1942, poco antes de presentar su primera exposición individual en Zacatecas, hito que aconteció en 1946, cuando también fue galardonado con el Premio Nacional de Ciencias y Artes. 


El Instituto Nacional de Bellas Artes lo nombró artista residente y le asignó pensión a cambio de entregar una obra al año y comprar sus pinturas, al ser jubilado en 1952. 

En 1958 ganó el primer lugar de la Primera Bienal Internacional de Pintura y Escultura por sus obras Tata Jesucristo y Paisaje de Santa Mónica.

Su contexto
Francisco Goitia fue y es un singular exponente del expresionismo pictórico mexicanista al margen de las costumbres sociales de su época y de la corriente política imperante. 

Perteneció a la Escuela Mexicana de Pintura y Escultura a la que se afiliaron Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, aunque nunca participó en el movimiento muralista que los tres generaron en 1922. 

Su obra se distingue por carecer de ideología política o tendencias folclóricas. 

Los temas centrales y recurrentes fueron el hambre, la pobreza, la desolación, el aislamiento y el dolor humano, en los que sobresalió su clarividencia y su capacidad para plasmar con realismo su entorno. 

Sus lienzos provienen de la contemplación y el profundo análisis de la vida y su ambiente, pues fue testigo de dramáticas etapas de la historia de México, como la miserable vida de las familias en las haciendas de la dictadura porfiriana, los estragos de la Revolución y el conflicto cristero en la primera mitad del siglo 20.

Su tranquila partida sucedió en compañía de su amigo entrañable José Farías Galindo y de Marcelina, su fiel sirvienta morelense por 22 años. 

Fue enterrado en la fosa común de Xilotepec hasta que en 1977, a demanda de pueblo y el gobierno de Xochimilco, sus restos mortales descansaron en la Rotonda de los Hombres Ilustres.

Es un orgullo que Francisco Goitia haya nacido en Fresnillo. Una colonia urbana y una escuela primaria llevan su nombre. En la avenida Hombres Ilustres se reúne en escultura con Manuel M. Ponce, iniciador del nacionalismo musical mexicano.

En el Ágora José González Echeverría una sala expone dibujos y bocetos del artista. El Instituto Zacatecano de Cultura Ramón López Velarde editó el libro Francisco Goitia, obsesión en soledad.

Constituyen, al igual que el Museo Francisco Goitia de Zacatecas y la película Goitia, un Dios para sí mismo, muestras de reconocimiento y homenaje a su legado, que perpetúan su obra y memoria.




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