Saturday 10 de December de 2016

Del vals al danzón

Javier Torres Valdez      21 May 2014 23:20:06

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El primer baile al que asistí fue por un detalle impredecible. Sucede que el profesor Manuel Enrique Polo Bernal, (de grata memoria), ensayaba a un grupo de jóvenes, que serían acompañantes de una parienta que cumplía 15 años; para ello, habían conseguido la llave del local que ocupaba el club de Leones, ahí por la calle Constitución, a donde yo también acudí de curioso.

Ese día faltó uno de los chambelanes y entonces el maestro Polo, me incluyó en el grupo, como elemento de repuesto. Yo jamás había bailado y mi torpeza era tal que frecuentemente me equivocaba bajo los acordes del vals Emperador, que era el escogido para la presentación de la quinceañera.

De buena o mala manera, cumplí ese día, pero al día siguiente faltó otro de los acompañantes y ahí voy de nuevo. Sin hacer el cuento muy largo diré que ensayé muchas veces, al grado de que ya todo salía en forma aceptable.

Llegó el día en que se debería bailar el vals, luego de la misa, pero de nueva cuenta faltó uno de los acompañantes, pues su señora madre enfermó repentinamente y él se quedó a acompañarla.

—¿Ahora qué hacemos?- Preguntó el profesor Polo.
— Traigan a Javier, al cabo ya se aprendió los pasos- le respondieron. Pero resultó que yo no tenía traje negro, solamente uno color azul, entonces o era yo o no había vals. Todos los chicos y chicas participantes optaron por que me incluyeran y cuando le preguntaron al maestro por qué iba yo vestido de azul, les dijo que yo también cumplía 15 años.

Se corrió la voz y entonces también a mí me aplaudieron y hasta hubo una chica que me besó y una más me hizo un obsequio y me felicitó. De esa forma fue que yo también tuve mi vals de 15 años.

Entre los más aptos para el baile se encontraba Dante Acevedo Torres, quien al paso del tiempo llegó a director de Educación en el estado de Durango. Tenía facilidad para el baile y lo envidiábamos, hasta que descubrimos que no hacía ninguna gracia, pues era ensayado por su señor padre: el profesor Toche Acevedo, quien en compañía de la maestra Anita Torres (su compañera de toda la vida), le decía como se bailaba cada ritmo.

El escribir es simplemente porque se me ocurrió decir a los jóvenes que están aprendiendo a bailar, que acudan a la Plaza Tacuba los viernes para que aprendan algo más que el “pasito duranguense”. Háganlo y cuando le tomen sabor disfrútenlo.




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