Monday 05 de December de 2016

¿Despertó el león dormido?

J. Luis Medina Lizalde      5 Mar 2014 20:10:05

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El sector educativo se convierte aceleradamente en escenario fértil de la lucha social.

Las reformas legales introducidas en los últimos 30 años anunciadas como promotoras de una mejor educación han quedado evidenciadas como pasos estratégicos en la dirección marcada por los organismos financieros internacionales que astutamente se introdujeron en las entrañas del Estado que cimentó su legitimidad histórica en la primera revolución social del siglo 20 en el mundo.

El saldo trágico de tal reformismo neoliberal es la exclusión anual de cientos de miles de niños, sobre todo jóvenes, de la oportunidad de acceder a las aulas

El discurso oficial en materia educativa se alejó definitivamente de la cosmovisión fundacional, brillantemente encarnada por José Vasconcelos, para amoldarlo a una pretendida visión empresarial a partir del culto al individualismo.

Sus muletas ideológicas favoritas, aunque envueltas en el aparente rechazo a “las ideologías”, han sido “la excelencia” y “la competitividad”. Desde entonces, la educación pública sobrevive bajo la tutela de un Estado que hace mucho dejó de creer en ella y que la tolera todavía porque no le queda de otra.

Los bastiones de resistencia a la oleada de cambios en pro de lo privado en perjuicio de lo público fueron, además de las normales rurales, las universidades públicas. Para derrotarlos, se puso en marcha un elaborado plan de incentivaciones individuales a los que apuesten por “la excelencia” y la productividad académica que desplieguen su vocación competitiva y se incorporen a “la globalidad”.

Después de cinco sexenios y lo que va del presente, de que estas orientaciones oficiales han permanecido vigentes, el panorama educativo luce peor que como estaba, al grado de que nadie pone en duda el grave deterioro del sistema educativo, ni siquiera los autores del desastre que, no obstante, siguen empeñados en guiarnos por el mismo rumbo.


El prudente comienzo de una nueva actitud
La comunidad universitaria zacatecana, otrora potencia movilizadora de la sociedad en general, entró en un letargo tal que permitió que sus asalariados perdieran las conquistas laborales que los ubicó en un tiempo entre los mejor remunerados del país para pasar a la lista de los por abajo del promedio nacional.
Contra lo que muchos pudieran suponer, no ofreció resistencia al incremento de años para acceder a la jubilación ni participó en la lucha contra la última reforma al ISSSTE.

Con esos antecedentes, después de 20 años de emplazamientos burocráticos con desenlaces previsibles, el SPAUAZ se declara en huelga enarbolando un pliego petitorio “tan blandito”, que bien pudo satisfacerse desde antes.


Hay un mérito de relieve del SPAUAZ y su dirigencia: la huelga estalló obedeciendo la voluntad mayoritaria de sus miembros y concluyó cuando esa misma mayoría lo decidió, sin que nadie le torciera la mano a nadie.

El dato no es menor en un país donde es frecuente que patrones, gobiernos y líderes sindicales inmorales actúen para hacer del derecho de huelga letra muerta. Por eso fue muy estimulante observar cómo los jóvenes estudiantes, ansiosos de saber la evolución del proceso de huelga en función de su propio interés, mediante las redes, fueron testigos del conteo de votos urna por urna para decidir el destino de la mencionada huelga.

Los profesores universitarios mostraron un gran sentido de responsabilidad; es un sector de gente pensante donde coexisten diversas formas de pensar de manera armoniosa. Lograron enviar el mensaje inconformidad con el hecho de que lo que les descuentan para entregarlos al ISSSTE y al SAR no llegue a su destino. Los docentes dejaron constancia de compromiso con los jóvenes al hacer breve la huelga y al disponerse a reponer el tiempo empleado en la huelga.

No es despreciable el sentir del 38% que votó contra la huelga; una solución basada en el “adelanto” de 15 millones del subsidio estatal (menos de la mitad de lo destinado a la Feria de Jerez) no resuelve, pospone.

No se explica por qué esperaron a que se suspendieran durante 13 días las actividades si sus esfuerzos serían tan poco significativos. Aquí lo encomiable es que la mayoría decidió y que la minoría acató. ¿Verdad que la democracia no muerde?


¿Hacia dónde?
Los movimientos suelen ser imprevisibles, la huelga puede ser “flor de un día” o el inicio de una etapa proactiva que incida en la revisión autocrítica de la vida universitaria, que suprima las distorsiones que propician crecimiento clientelar y manejos corporativos, que consolide a la UAZ como el espacio de libre expresión de todas las ideas.

Que haga de la transparencia la estrategia radical, como ya lo piden los estudiantes, para que la sociedad, no el gobierno, la sienta suya.

Nos encontramos el lunes en El recreo.




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