Saturday 10 de December de 2016

Deudas que no son de honor

J. Luis Medina Lizalde      8 Dec 2013 20:10:05

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El gobierno de Miguel Alonso se encamina a figurar en la historia de Zacatecas asociado al endeudamiento público, como es asociada ya, toda proporción guardada, la gestión de Humberto Moreira con la deuda de Coahuila.

El hecho de que a la mitad del sexenio decida superar más de tres veces el adeudo heredado lo destina a ser exhibido como culpable de los tropezones del próximo sexenio, independientemente de quién sea el próximo gobernador, para darle continuidad al desgraciadamente muy prolongado ciclo de chata mediocridad en el que no hay errores e impotencias que asumir, sino consecuencias de lo que hizo mal el antecesor inmediato.

Tal perspectiva debe calar hondo en quien, de otro modo, por su juventud estaría en condiciones de hacer de su paso por la gubernatura un escalón de su ascendente carrera política, pero el repudio ciudadano al endeudamiento es tan automático como el que suscita toda alza de impuestos, lo que termina por afectar a quienes son asociados a tales políticas.

La solicitud de autorización para contraer deuda que recién se conoce es un trámite meramente formal; Miguel Alonso tiene al Congreso local en el bolsillo, su cómoda mayoría le da para lograr lo que se proponga sin muchos sobresaltos y sin muchos desembolsos ilegítimos si quiere.

Pero el aval de los diputados será tan ilegítimo como el que los legisladores federales están en vía de otorgar al saqueo de nuestros recursos naturales, a pesar de la abrumadoramente mayoritaria opinión en contra.

Sin embargo, siendo perfectamente entendible el repudio generalizado a la privatización del petróleo, es difícil entender el rechazo colectivo al endeudamiento público. ¿Acaso el crédito no forma parte de la vida cotidiana de pueblos e individuos?

El comerciante se endeuda con los proveedores, el consumidor con el comerciante y con los bancos que le dotan de tarjetas de crédito, por crédito accesible y oportuno clama el agricultor y el ganadero, el industrial y el prestador de servicios. Pareciera con eso que todo gobierno debiera contar con la anuencia social cuando solicita crédito, pero esto no sucede.

Desconfianza bien ganada
Una posible explicación reside en algunos episodios de la vida real que explican la reticiencia social. El primero del mes en curso un buen amigo, reconocido profesionista, sufrió la pena de que su abuelo perdiera la vida por la imprudencia de un automovilista.

Siendo abogado mi amigo, se puso al frente del trámite ineludible que lo llevó a trasladar los restos de su infortunado familiar hasta Zacatecas para la autopsia de ley, que no se le pudo hacer en Loreto, Zacatecas, donde correspondía, debido a que el médico legista no está en funciones porque desde hace buen tiempo no se le cubren sus honorarios.

Cuando uno relaciona tan terrible precariedad con las ostentosas instalaciones de la Procuraduría General de Justicia del Estado es inevitable cuestionar los criterios empleados por quienes deciden cómo gastar el diner público destinado a la procuración de justicia.


¿Por qué no asegurar primero la renumeración justa, personal suficiente y equipamiento adecuado para el cumplimiento de la responsabilidad y luego, pensar en instalaciones apantallantes?

Una posible respuesta desde el sentido común nos lleva a pensar que el derroche en obras espectaculares facilita cobro de “diezmos” y permite lucimiento. En cambio, gastar en pagar con justicia al personal, capacitarlo y equiparlo adecuadamente lo único que puede provocar es eficacia y eso como que no es muy importante.

Otro botón de muestra: cuando inició la presente administración se nos hizo saber que la administración saliente dejó las arcas vacías, al grado que un préstamo de corto plazo no se cubrió en tiempo y forma, ocasionando una tacha en la calificación crediticia y simultáneamente se derrochaba dinero público pintando con los colores del PRI los edificios públicos y se remodelaba a millonario costo la residencia oficial, que a partir del publictitado trance se le conoce popularmente como “Casa Bellaggio”.


Más dinero a la basura
En el plano nacional no cantan mal las rancheras: el bodrio de reforma electoral que le cambia las siglas al IFE por las de INE se traducirá en el desperdicio de miles de millones de pesos en nuevas credenciales, papel membretado, remodelación de fachadas de sus sedes y demás evitables excesos.

Otra más: después de gastar una millonada en las “pruebas de confianza” y en las liquidaciones que las mismas generaron, ahora resulta que no sirven, según lo resalta el nuevo jerarca sexenal de la Seguridad Pública, Manuel Mondragón.

¿Tendrá justificación la oposición creciente a que se nos siga endeudando? Endeudarse no es malo en sí mismo, depende de cómo y para qué; es asunto de racionalidad, eficiencia y transparencia.

Nos encontramos el jueves en El recreo.

 




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