Tuesday 06 de December de 2016

Día de todos los fieles difuntos

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba      1 Nov 2014 19:29:32

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Una de las obras de misericordia es orar no sólo por los vivos, sino también por aquellos que conocen ya el misterio de la muerte.  (Cortesía)
Una de las obras de misericordia es orar no sólo por los vivos, sino también por aquellos que conocen ya el misterio de la muerte. (Cortesía)
INTRODUCCIÓN
En la tradición y costumbres cristianas de nuestra Iglesia Católica, el día 2 de Noviembre de todos los años está dedicado para hacer oración intensa y universal y ofrecer sufragios por todos los fieles
difuntos.

Este aniversario está orientado, de parte de la Iglesia Peregrinante, para tener en cuenta a la Iglesia Purgante que expía sus penas no remitidas, debido a los pecados cometidos durante la vida terrena, purificándose en el purgatorio.

Luego el alma será liberada de toda mancha y pecado para ir a la presencia de Dios, uniéndose a la Iglesia Triunfante en el cielo, para gozar de una felicidad imperturbable y eterna en la Comunión de los Santos.

Orar y ofrecer sacrificios por los fieles difuntos es altamente digno de quienes, uniéndose con los que ya nos han precedido en el misterio de la muerte, ejercitamos nuestra fe que nos ilumina y enseña que la existencia de los hombres mortales en este mundo no se acaba definitivamente.

Sino que se transforma y se perfecciona con la gracia divina para llevar a su esplendor la vocación a la vida que Dios nos ha prometido por medio de Jesucristo, nuestra Resurrección y Vida y con las gracias que el Espíritu Santo nos regala.

Reflexionemos, meditemos y asimilemos la verdad de nuestro caminar por este mundo, hasta llegar con Cristo, Camino, Verdad y Vida a la Casa del Padre y ser coronados de luz, más allá de la caducidad y de la muerte.

LA PASCUA DE JESUCRISTO, PASIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN, Y NUESTRA INCORPORACIÓN A ELLA
Dios nos ha revelado por medio de su Hijo Jesucristo, redentor y salvador de todos los hombres, que más allá de nuestra existencia sobre la tierra nos aguarda, con firmísima esperanza, nuestra feliz resurrección de entre los muertos.

Esta resurrección debe alentar todos en los momentos de nuestra presencia en este mundo y también el ejercicio de las obras de misericordia y la expresión de la caridad, que nos hacen gratos a los ojos de Dios y como mérito con la gracia de Jesucristo, único mediador y salvador del género humano, con el objetivo de alcanzar nuestra comunión con el mismo Jesús y con todos los Santos en el paraíso.

Desde el bautismo, Dios Uno y Trino nos ha dado la capacidad sobrenatural para ser sus hijos adoptivos, hermanos de Cristo, el Primogénito y templos del Espíritu Santo. De Cristo, el Padre eterno nos hace participar para siempre de su Pascua, que se explicita con su pasión, muerte y resurrección.

El sello o carácter indeleble de nuestro bautismo nos configura con la pasión, la muerte y resurrección de Jesús, si bien como arras, prenda y adelanto de la vida eterna, de la cual habremos de participar para siempre.

Después de esta tierra que nos ve nacer, crecer, gozar, sufrir en lo individual y como miembros del cuerpo místico de Cristo que es nuestra Iglesia, comunión de vida, fraternidad en el espacio y el tiempo y para toda la eternidad que nos espera y que es paciente hasta que llega nuestro llamado.


NUESTRA SOLIDARIDAD ECLESIAL CON TODOS NUESTROS HERMANOS DIFUNTOS
Basados en esta doctrina que la Iglesia nos enseña y nos hace vivir como testimonio eficaz, estamos llamados a solidarizarnos con todos nuestros fieles difuntos.

Aquí sugiero algunas pistas para concretizar nuestra fe, esperanza y caridad en el espíritu de nuestro Día de Difuntos del presente año.

En primer lugar, nuestra oración personal y comunitaria es fundamental para pedir al Señor tenga misericordia para con nuestros hermanos difuntos y una vez purificados con su gracia alcancen la bienaventuranza del cielo.

Todos tenemos sufrimientos y retos en nuestras vidas, todo esto, basados en la comunión con Cristo, nuestro Salvador, alentados con la energía del Espíritu Santo, podremos ofrecerlo para el bien integral de los fieles difuntos.

A Dios le agradan nuestras oblaciones espirituales y materiales cuando están impregnadas de amor y pureza del corazón.

Especial referencia hago al ejercicio y ofrecimiento de las obras de misericordia impregnadas con la luz de la caridad. Recordemos que estas obras de misericordia se dividen en corporales y espirituales.

Las primeras son visitar y cuidar a los enfermos, dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, dar posada al peregrino, vestir al desnudo, redimir al cautivo y dar sepultura cristiana a los muertos.

Las espirituales son enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, corregir al que yerra, perdonar las injurias, consolar al triste, sufrir con paciencia los defectos de los demás y rogar a Dios por los vivos y los difuntos.

Por último, no olvidemos que el valor de la Santa Misa y demás sacramentos por los muertos tienen un valor muy grande, en gracias y merecimientos por Cristo, para aplicarlos por las almas de los hermanos que han sido ya llamados a la presencia del Altísimo.

¡Ojalá que nuestra celebración del Día de Muertos nos haga vivir comprometidamente en profunda y universal apertura fraternal para con todos nuestros hermanos, quienes esperamos lleguen para siempre a la presencia de Dios y que estos hermanos que se nos han adelantado en el misterio de la muerte, intercedan por nosotros en la realización de nuestra comunión de los santos!




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