Saturday 03 de December de 2016

Diabesidad

Antonio Sánchez González      13 Nov 2014 21:29:15

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El dramático comportamiento de la epidemia de obesidad de nuestro país en las últimas tres décadas se ha convertido en una muy pesada carga y no hay señales de que las cifras estén cambiando.

El peso que la epidemia tendrá sobre nuestro sistema de salud es ya un problema de seguridad nacional, como lo está empezando a ser para todo el hemisferio occidental. Solo el año pasado fue necesario gastar 190 mil millones de dólares para atender las complicaciones de la obesidad en este lado del mundo.

No hay cifras actuales reales del significado de la presencia masiva de personas cuya salud está afectada por exceso de peso en México, pero es necesario recordar que somos el segundo país con mayor número de obesos entre los miembros de la OCDE (detrás de Estados Unidos), que el número total de mexicanos con exceso de peso aumentó 10% entre 2010 y 2012, y que no parece que haya esfuerzos reales para cambiar el ambiente obesogénico que priva en el país.

De manera habitual, los médicos distinguimos a los enfermos de obesidad en función de un parámetro
llamado Índice de Masa Corporal (IMC), que es la relación que existe entre el género del paciente, su estatura y su peso: indudablemente, la salud está en riesgo si el resultado de esa ecuación es más de 30. El IMC promedio de los mexicanos fue 26 en 1988 y lastimosamente ahora es 32: somos un país de obesos.

Este numerito, el IMC, tiene significado porque su incremento está profundamente relacionado con azúcar alto, hipertensión arterial, cardiopatías, y triglicéridos y colesterol anormales. Más aún, el aumento en el IMC por encima de 35 es un claro marcador de reducción de la expectativa de vida, de manera que, por ejemplo, las mujeres con índices de obesidad de esta magnitud deben esperar que su vida se acortará unos siete años solo por este indicador.

El asunto es que la obesidad no solo mata y cuesta, también duele porque está íntimamente ligada a cáncer, depresión, dolor articular, ronquidos durante el sueño, cansancio constante, irregularidades menstruales, bullying e incapacidad laboral. Sin duda está a la vista detrás de la otra epidemia, la de diabetes, que se nos viene también encima y para demostrarlo es fácil tomar en cuenta que el famoso IMC es el mejor predictor de incremento en las cifras de azúcar en la sangre a través de la vida; es mucho más fácil tener diabetes si se tiene sobrepeso.

Cambiar las cosas no va a ser fácil mientras no reconozcamos que la obesidad es una enfermedad real y no un asunto de talla. Perder peso es difícil porque amerita un esfuerzo cotidiano y de por vida, y el conocimiento del problema no implica su tratamiento porque tenemos metido en la cabeza que una dieta sana no es sabrosa y porque habitualmente la recomendación viene de un médico obeso: el 70% de los médicos mexicanos tiene obesidad.

Médico




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