Saturday 10 de December de 2016

Crisis universitaria 

Miguel G. Ochoa Santos      13 Oct 2013 20:10:06

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La crisis actual, una más, de la UAZ puede contemplarse como un microcosmos local donde la decadencia nacional se refleja con total nitidez. Son aciagas las ruinas y paisajes yermos dejados por el paso avasallante de una casta política procaz e insaciable, menesterosa en cuanto a ideas y proyectos, pero hambrienta de bienes y poder. Es en este punto donde las burocracias particulares se hermanan con las nacionales: los fulgores del dinero y los elixires de la política.

No es correcto regatearles la cínica capacidad que tienen para torcer el significado de las palabras y el contenido ético de los valores de vida. Sagaces y calculadores para invertir el orden de los acontecimientos, los políticos transforman la tosquedad en presunta competencia administrativa. El saqueo y la desviación de recursos que no les pertenecen se trasmutan en lances heroicos y desafíos al modelo neoliberal, diablo de las buenas conciencias y del pudiente altruismo “progre”.

Acaso por ello se irritan cuando profesores y trabajadores “malagradecidos” no emulan el carácter épico de la cruzada suya. Financiar la empresa universitaria para abatir los rezagos educativos estatales debe ser la misión suprema de la comunidad, si para ello deben utilizarse fondos de pensiones e impuestos retenidos, qué le vamos a hacer, ya se le reclamará al Ogro filantrópico más presupuesto. Pero cuando éste no responde a las sagradas exigencias de los mártires municipales, entonces el suelo se estremece y los llantos aparecen.

Mientras tanto, las burocracias federales continúan el juego perverso, pero políticamente fructífero, de jugar al gato y al ratón para sacar raja de la crisis sin resolver la patología originaria. Harán hoy lo que han hecho desde hace décadas, esperar cómodamente en sus mullidos sillones los gritos de auxilio de sus pares locales para intervenir. Claro lo harán a su modo, negando cualquier corresponsabilidad en el naufragio, acudiendo al sutil arte mexicano de echarle la pelota a las anteriores administraciones.

Las salidas que propondrán son archi-reconocidas: recortes, recorte y más recortes. De proyecto nada, de elevar la calidad, tampoco; de despolitizar las instituciones universitarias, mucho menos, no sea que lo mismo se exija para la nomenclatura nacional. Atarles las manitas a los burócratas universitarios con una nueva ley orgánica, es una esperanza ilusoria dentro de un arreglo político que privilegia el acuerdo entre grupos de poder por encima de las necesidades de formación de la ciudadanía.

El estímulo a la inteligencia y la creatividad son peligrosas para la burocracia, y nada funcional para una economía que se nutre de bajos salarios, ignorancia, remesas, petróleo y trapicheo a gran escala.
Miembro del SNI

 




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