Tuesday 06 de December de 2016

Domingo mundial de las misiones

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba      26 Oct 2013 20:50:56

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Todos los católicos deben participar en la misión que Cristo les confió, anunciar el misterio del reino de Dios. (Cortesía)
Todos los católicos deben participar en la misión que Cristo les confió, anunciar el misterio del reino de Dios. (Cortesía)
INTRODUCCIÓN
Este domingo, de manera muy especial y comprometida, celebramos la gran jornada de las misiones en nuestra Iglesia Católica.
El Concilio Vaticano II nos enseña: “La Iglesia peregrinante es misionera por su naturaleza, puesto que procede de la misión del Hijo y de la misión del Espíritu Santo, según el designio de Dios Padre” (A.G. n. 1 ).

Esta misión de la Iglesia radica en el amor fontal de Dios, Uno y Trino, que quiere que todos los hombres accedan a la verdad y se salven en el tiempo y para la vida gloriosa y plena de dicha en la casa de Dios en el cielo, nuestra meta definitiva y que da sentido de finalidad a toda la acción pastoral de la comunidad eclesial, bajo la iniciativa, el impulso y la guía del Papa y todos los obispos, en comunión con los presbíteros, diáconos, religiosos de vida activa y contemplativa y todos los seglares que son mayoría en la vida de la Iglesia y su misión de evangelizar a todos los pueblos y sus culturas en este mundo, que es teatro donde se desarrolla la vida de la humanidad, llamada constantemente a la intimidad con Dios para participar de su vida luminosa y perfecta.

JESUCRISTO FUNDADOR Y PRIMER MISIONERO DE SU IGLESIA EN EL MUNDO
La voluntad salvífica de Dios es el designio divino y universal en pro de la salvación del género humano.
Así pues, Cristo Jesús fue enviado por su padre al mundo, como verdadero mediador entre Dios y los hombres. Por esta mediación él está presente prolongándose con su ser y acción divinos en el signo de su Iglesia.

Esta Iglesia manifiesta a todos los hombres la revelación de Dios a través de su designio de redención, liberación y salvación para todo aquel, que lo acepte libremente por medio del don o regalo de la fe, completamente gratuito de parte del mismo Jesucristo.

Desde el bautismo, todo fiel cristiano, recibe la fe, como iluminación, seguridad y confianza en Dios, por Cristo y con el Espíritu Santo, quien comunica los dones de Dios en la Iglesia como pueblo del mismo Dios que tiene la misión fundamental de crecer, expanderse y anunciar ininterrumpidamente la Buena Nueva del reino de Dios.

De acuerdo a lo anterior, podemos afirmar que Cristo es el primer misionero y fundador de su Iglesia en el tiempo histórico y para la eternidad.

LA IGLESIA DE JESUCRISTO ES MISIONERA POR EXCELENCIA
Por el don de la fe, los cristianos unidos indefectiblemente con su fundador y misionero, reciben este don para asimilarlo, testimoniarlo y para abrirse en su difusión misionera a todos los hombres de buena voluntad que han habitado, habitan y habitarán este planeta en el cual se desarrolla la vida de la humanidad y sus generaciones.

Cristo resucitado con toda la fuerza y vitalidad de su ser glorioso, ha dicho ayer y ahora y siempre, su mandato misionero: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a guardar todo lo que yo les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt.28,18-20).

Asimismo, en el evangelio de San Marcos Cristo dice a todos sus discípulos misioneros: “Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará... ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban” (Mc 16,15 y ss. ).

LA FE COMO ACOGIDA GENEROSA
Por la fe nos unimos y nos identificamos con Cristo, fundador y misionero de su Iglesia. Este don de la fe para ser auténticamente legítimo y verdadero, debe ser una señal clara de la madurez de una comunidad eclesial.

Por esto, toda comunidad “adulta”, cuando profesa la fe, la celebra con alegría, vive la caridad y proclama la palabra de Dios sin descanso, saliendo del propio ambiente para llevarla también a “los suburbios”, especialmente a aquellos que aún no han tenido la oportunidad de conocer a Cristo.


La fuerza de nuestra fe a nivel personal y comunitario, también se mide por la capacidad de comunicarla a los demás, a difundirla, de vivirla en la caridad, de dar testimonio a las personas que encontramos y que comparten con nosotros el camino de la vida (Mensaje del Papa Francisco para el DOMUND 2013, n. 1).

La fe no solo tiene una dimensión individual y personal es también don y regalo que es necesario compartir con acogida generosa con todos los hermanos del mundo, de acuerdo al mandato de Jesús.

La salvación cristiana es universal y se dirige de suyo a todos los hombres y mujeres con sus estilos de vida y los valores de sus culturas, razas, lenguas y naciones.

La fe tiene una amplitud inabarcable y abierta a las cuatro rosas de los vientos para llegar a todos y cada uno de los hijos de Dios, por Cristo y su Espíritu en el camino de la salvación temporal y eterna.

SEAMOS DISCÍPULOS MISIONEROS DE JESUCRISTO EN SU IGLESIA Y PARA EL MUNDO
Debe quedar claro que todos los bautizados que configuramos la Iglesia participamos de la misión que Cristo nos ha confiado para anunciar y compartir el misterio del reino de Dios.

En la Iglesia existen diversas funciones, servicios y carismas que se ordenan al bien común y a la difusión del evangelio. Algunas posibilidades de acción y testimonio misioneros:

- En la familia los padres para con sus hijos son los primeros misioneros de Cristo y sus enseñanzas que elevan el nivel religioso y cultural en el seno de las comunidades familiares.

- La formación cristiana en escuelas y universidades son fuentes de conciencia para el ser y quehacer misioneros.

- Y específicamente atender a la vocación misionera ingresando en los institutos misioneros de hombres y mujeres.

- Como laicos, colaborar en un trabajo misionero, asociados a sacerdotes o religiosos, de por vida o durante algún tiempo.

- Trabajar en algunas de las Obras Misioneras Pontificias.

- Desde la vida y el trabajo de cada día, cooperar a las misiones con la oración, con las buenas obras y desde luego ayudando económicamente.




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