Sunday 04 de December de 2016

Don’t touch them!

Juan Carlos Ramos León      30 Mar 2014 21:00:08

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Hace algunos años, un buen amigo me contó una anécdota muy graciosa. Cuando eran pequeños él y su hermano, sus papás los llevaron a Estados Unidos. El instinto infantil de aventura les hizo desaparecer de la mirada atenta de sus padres para ir en busca de diversión por cuenta propia. Poco más que angustiados los progenitores acudieron a la policía quien, sobra decirlo, activó de inmediato sus envidiables protocolos de búsqueda.

Al cabo de unas horas, en la estación de policía en la que los padres esperaban alguna noticia de sus hijos, éstos aparecieron arrogantemente escoltados por una mujer policía; la sonrisa burlona de mi amigo ocasionó que su madre se precipitara hacia ellos con claras intenciones de propinarles una merecida reprimenda, acto ante el cual, la oficial de policía con un movimiento digno de película, se interpuso en su camino profiriendo firmemente la amenaza: don’t touch them!

Eso es lo que han logrado las teorías erróneas que afirman que poner límites a los niños y educarlos mediante el castigo puede causarles serias afectaciones emocionales, a grado tal que la ley los protege ¡de sus propios padres!

Hasta aquí esta historia y desde aquí, las que siguen.

Es de alarmarse la actitud de algunos niños ante sus profesores y el personal directivo de sus colegios. Ante cualquier figura de autoridad, de hecho. Yo recuerdo cuando mis padres me decían “enséñate a respetar a tus mayores” y no se me ocurriera obrar en contra porque me llevaba mis buenas nalgadas.

Hoy día no puedes decirle nada a cierto tipo de niños sin esperar a que te contesten con una grosería o sencillamente se den la vuelta y te ignoren.

¿Quién tiene la culpa? Los papás. ¿Los papás? ¡Será los de los otros niños porque nosotros no! Ese es exactamente el problema, que cuando les llaman del colegio para decirles: “señores, tenemos que platicar con ustedes sobre la conducta de su hijo”, generalmente llegan molestos y se ponen a gritonearles a la maestra, al director, al prefecto de disciplina y maldicen el sistema escolar, pero por ningún motivo están dispuestos a asumir que es precisamente su actitud altanera y despreocupada la causante de todo.

La presencia de una situación problemática en el niño es la ausencia de algo en su formación: un niño que no reconoce a una figura de autoridad es porque en su casa hacen falta sus papás, ya sea porque de verdad no los ve en todo el día o porque, aunque estén ahí, no le ponen límites o no le reprenden severamente cuando es requerido, aún con el castigo físico.

Así que, papás, especialmente los que piensan que los métodos coercitivos pueden causarles un daño psicológico irreversible a sus hijos: los padres somos la primer figura de autoridad que los hijos conocen. Si no les enseñamos a respetarla entonces no culpemos a otros por su mal comportamiento.




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