Sunday 04 de December de 2016

Dudas en medio de las llamas

J. Luis Medina Lizalde      8 Oct 2014 22:00:04

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Los miles de millones de pesos gastados por Peña Nieto en presentar a México como “país de oportunidades” no sirvieron para maldita la cosa.

Los asesinatos cometidos por militares en Tlatlaya, Estado de México, y la brutal violencia ejercida contra los estudiantes de Ayotzinapa, en Guerrero, han ocasionado el derrumbe de la imagen construida con el desmedido gasto en publicidad que tanta adicción provoca en el Presidente y muchos gobernadores.

Evidencia de ello son las estremecedoras movilizaciones en demanda de la aparición de 43 estudiantes normalistas, que cimbró a poco más de 50 ciudades mexicanas y a las grandes ciudades europeas, estadounidenses, latinoamericanas y asiáticas.

El diario El Universal, en su edición impresa de ayer, publicó una encuesta que ratifica que el gobierno tiene una fórmula efectiva de minimizar los efectos dañinos a su imagen por hechos repudiables: procurando que la gente no se entere, porque cuando la gente se entera, la versión oficial queda en desventaja.

Juzgue usted: el 63% de los encuestados no sabe de la matanza de Tlatlaya contra el 26% que sí conoce los hechos. De estos, el 59% piensa que el Ejército asesinó a los jóvenes a mansalva y un 17% cree en la versión oficial de que cayeron como consecuencia de un enfrentamiento.

El 82% manifestó que esos crímenes se cometen con frecuencia y tan solo el 12% considera que son hechos aislados, como sostiene el discurso oficial. ¿Se necesitan más argumentos a favor de un giro político hacia la verdad como principio?

¿A los pobres el alfabeto los vuelve peligrosos?
La Escuela Normal de Ayotzinapa (cuyo director fundador fue el señor padre del conocido y progresista actor de teatro, cine y televisión Héctor Bonilla) es uno de los pocos bastiones de educación de los jóvenes hijos de campesinos pobres que resisten la política de aniquilación puesta en práctica por sucesivos gobiernos a partir de Luis Echeverría.

La sistemática restricción financiera orilla al alumnado a movilizarse constantemente, lo que le acarrea el linchamiento de parte de voceros del régimen y de periodistas que solo reseñan las perturbaciones del tránsito, sin informar sobre las razones de la protesta.

Eso genera la falsa percepción de que las escuelas son fábricas de ultras enfrentados al régimen, percepción que no se sostiene cuando advertimos que una buena parte de quienes acceden a cargos de elección popular postulados por el PRI en el estado de Zacatecas son egresados de la Escuela Normal Rural Matías Ramos Santos, en San Marcos, Loreto.

¿El horroroso crimen contra los normalistas de Ayotzinapa motivará la rectificación de la hostil política oficial contra las normales rurales y la extinción del periodismo que lincha a los estudiantes por consigna o por incapacidad profesional?



¿Que se vayan los omisos?
Iguala, Guerrero, municipio donde sucedió el horrendo atentado contra los normalistas, estaba gobernado por un individuo de perfil tan peligroso que el año pasado resolvió sus diferencias políticas con un compañero de partido de diferente tribu al grito de “voy a darme el gusto de matarte”. Y se lo dio, procediendo a matar a Jacobo Hernández al mismo tiempo que daba la orden de ultimar a otros dos.
El crimen fue del conocimiento de Jesús Murillo Karam, procurador general de la República; de Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación, del gobernador de Guerrero y de la dirección nacional del PRD.

Los diputados locales bloquearon todo intento de llevar a tribunales, previo juicio de procedencia, a José Luis Abarca, nombre del torvo presidente municipal que ahora se esconde.

La esposa de José Luis Abarca es hermana de destacados miembros del clan Beltrán Leyva al que pertenecieron también los Guerreros Unidos, como se hacen llamar los criminales que perpetraron el horrendo crimen junto con la policía municipal.

Ha trascendido que la esposa del señor alcalde se disponía a relevar en el cargo a su marido y que, de no ser por la conmoción mundial que el crimen produjo, muy probablemente lo hubiera logrado para seguir manteniendo en nómina a buena parte de la familia.

Ángel Heladio Aguirre, gobernador de Guerrero, demostró que el dolor que seguramente le causó la masacre no lo aparta de sus “deberes” al retratarse sonriente con Carlos Navarrete en el marco de la unción del último como nuevo presidente del PRD, al mismo tiempo que se iniciaban las excavaciones para rescatar 28 cuerpos semicalcinados, presuntamente de los estudiantes desaparecidos, en las afueras de Iguala. ¿El gobernador es el único que debe renunciar?

Nos encontramos el lunes en El recreo.

twitter: @ luismedinalizal




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