Wednesday 07 de December de 2016

El amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por la donación del Espíritu Santo

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba      7 Jun 2014 22:20:06

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Hoy se celebra el día de Pentecostés, pues se cumplen 50 días de la resurrección de Cristo. (Cortesía)
Hoy se celebra el día de Pentecostés, pues se cumplen 50 días de la resurrección de Cristo. (Cortesía)
INTRODUCCIÓN  
Hoy celebramos solemnemente el gran día de Pentecostés, cuando se cumplen 50 días desde el día de la resurrección de Jesucristo.

Con esta solemnidad, se corona y se concluye la gran cincuentena pascual, dentro de la cual, la Iglesia ha recibido el beneficio de la presencia de Cristo resucitado en medio de sus discípulos y apóstoles, quienes en compañía de la Virgen María, se llenaron de luz, amor y energía del Espíritu Santo con lenguas de fuego que se posaron en todos y cada uno de los reunidos en el cenáculo de Jerusalén.

De esta manera dio comienzo la vida de la Iglesia fundada por Cristo, con la promesa de que el Espíritu Santo, consolador y sabiduría, estaría siempre con sus seguidores para llenarlos de sus gracias y para acrecentar la vida en Cristo, siendo al mismo tiempo testigos de su vida, su obra y su evangelio, para difundirlo sobre la faz de la tierra y a todos los pueblos llamados universalmente a la salvación.

EL HECHO MARAVILLOSO DE PENTECOSTÉS CON LA EFUSIÓN DEL ESPÍRITU SANTO A LA IGLESIA DE CRISTO  
Este hecho histórico lo narran los hechos de los apóstoles al inicio del capítulo segundo.
Con la bajada del Espíritu Santo sobre los discípulos del Señor en compañía de la Virgen Santísima, comenzó una nueva etapa en la historia de la salvación.

La Iglesia al recibir la presencia vivificadora del Espíritu Santo es colmada con los siete dones: sabiduría, ciencia, inteligencia, piedad, consejo, fortaleza y el santo temor.

Además, ha conferido los diversos carismas, en orden a los diferentes servicios y actividades en la construcción de la Iglesia por el amor.

También llena de “frutos”, que son las variadas virtudes para la santificación de todos y cada uno de los creyentes de Cristo y de esta manera puedan brillar con su testimonio en el mundo a salvar, como “luz y sal”, según la voluntad y el plan divino que se nos han manifestado por Cristo y la fecunda presencia y acción del Espíritu Santo.

Por todo lo que acabamos de considerar, de acuerdo a la tradición doctrinal de la Iglesia, al Espíritu Santo se le considera como “el alma” que anima y da vida en abundancia a todos los miembros de la Iglesia como cuerpo místico, con sus diversas funciones para el bien integral del todo en unión con la cabeza de este cuerpo, siendo Cristo esta cabeza.

LA HORA DEL ESPÍRITU SANTO EN LA IGLESIA Y PARA EL MUNDO LLAMADO A LA PARTICIPACIÓN DE LA VIDA DE DIOS, UNO Y TRINO 
Prácticamente, al avanzar en la comprensión de la personalidad del Espíritu Santo y su acción benéfica, podemos decir: este espíritu es la tercera persona de la Santa Trinidad.

Es el don de Cristo resucitado a la Iglesia. Es Jesús que vive en cada uno de sus creyentes en una nueva dimensión personal y comunitaria de discípulos suyos, hijos adoptivos del Padre eterno y hermanos de los hombres.

Es el amor de Dios que él nos tiene, difundido en nuestros corazones; es el “nosotros trinitario” a partir de nuestro bautismo con el sello indeleble de nuestra configuración con Cristo y quien nos da la recta y luminosa conciencia de ser discípulos suyos, con “la unción” o “consagración” que por pura gracia divina los cristianos recibimos.

Haciendo una pequeña enumeración de las actividades que el espíritu de Dios suscita en la Iglesia y para el mundo, en las actuales circunstancias históricas que nos toca vivir, decimos:

El rejuvenecimiento de la Iglesia actualmente se manifiesta en los diversos movimientos que de uno y diverso signos aparecen: comunidades de base, cursillos de cristiandad, apostolados a favor de las familias, movimiento familiar cristiano, encuentros matrimoniales, esposas cristianas para el crecimiento y la consolidación de las familias en un mundo que constantemente atenta contra el ser, la unidad y presencia de la auténtica familia que Dios quiere en la Iglesia y para el mundo con sus diversas culturas y modos seculares de vivir.

No puede negarse la presencia y acción de los institutos religiosos de vida activa y contemplativa; los miembros de organismos seculares y eremitas.

El Espíritu Santo hace nacer y crecer con su fuerza, las nuevas vocaciones sacerdotales y misioneras.
Sostiene en perenne tradición que se acomoda a los diversos momentos de la historia de salvación, a los papas, obispos, presbíteros, diáconos y demás ministros de la Iglesia como son: los acólitos y los lectores debidamente instituidos.

Debo subrayar el hecho de las familias como continuadoras de la vida del género humano.

Sin el ser y la actuación de las familias para la perpetuidad de la especie de los hombres y su debida, adecuada y fecunda formación integral de los hijos, nunca se podrá conseguir una sana convivencia que abarque y contenga los valores imprescindibles, de justicia, fortaleza, prudencia y templanza (virtudes cardinales), para conseguir y construir constantemente la armonía, la paz, la solidez de las verdaderas culturas que nos dan identidad y la seguridad social con todos los aspectos de solidaridad y fraternidad que tanto necesitamos en estos tiempos difíciles y calamitosos.

CONCLUSIÓN 
Nuestra oración personal y comunitaria, con fe, esperanza y caridad, debe ser de acción de gracias por tener la dicha de poseer la presencia del Espíritu Santo y sus regalos que hacen bella y posible nuestra vida de cristianos en nuestras comunidades.

Pidamos al Espíritu Santo que nos haga cristianos verdaderamente comprometidos para que trabajemos y luchemos cada día para conseguir la paz, la concordia en el recto orden, que venzan la insolidaridad, la violencia, los asesinatos y el egoísmo.

Con un solo corazón y una sola alma, como las primeras comunidades cristianas de nuestra historia, clamemos en compañía de Cristo, María y todos los santos: “¡Ven, espíritu divino. Llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego perenne de tu amor!”.




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