Thursday 08 de December de 2016
»Primera parte  

El anticlericalismo revolucionario en Zacatecas 

Xochitl Marentes      4 Oct 2014 21:45:10

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  • El desprecio de los revolucionarios inició por la relación de Victoriano Huerta con la Iglesia, en quien encontró un aliado. Después de la Toma, los zacatecanos sufrieron las consecuencias de esa aversión. (Cortesía de Bernardo del Hoyo).  (Cortesía) El desprecio de los revolucionarios inició por la relación de Victoriano Huerta con la Iglesia, en quien encontró un aliado. Después de la Toma, los zacatecanos sufrieron las consecuencias de esa aversión. (Cortesía de Bernardo del Hoyo). (Cortesía)
  • La Toma de Zacatecas afectó en todos los aspectos sociales. (Cortesía de Bernardo del Hoyo).  (Cortesía) La Toma de Zacatecas afectó en todos los aspectos sociales. (Cortesía de Bernardo del Hoyo). (Cortesía)
  • Estragos del enfrentamiento en la mina El Cigarrero.
(Cortesía de Bernardo del Hoyo).  (Cortesía) Estragos del enfrentamiento en la mina El Cigarrero. (Cortesía de Bernardo del Hoyo). (Cortesía)
  • El combate sembró miedo entre la gente, por haber sido testigo de tantas muertes. (Fototeca Nacional del INAH).   (Cortesía) El combate sembró miedo entre la gente, por haber sido testigo de tantas muertes. (Fototeca Nacional del INAH). (Cortesía)
  • Algunos revolucionarios usaban como estandarte imágenes religiosas, como la Virgen de Guadalupe.  (Cortesía) Algunos revolucionarios usaban como estandarte imágenes religiosas, como la Virgen de Guadalupe. (Cortesía)
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Algunos antecedentes que nos permiten comprender el carácter anticlerical de algunos revolucionarios fue la aproximación que se dio entre Victoriano Huerta, considerado traidor a la patria por el asesinato de
Madero y usurpador de la Presidencia, y la Iglesia Católica, ya que como consecuencia de las presiones estadounidenses para que dimitiera del poder, buscó desesperadamente un aliado.

De esta forma se aproximó al clero, concediéndoles la realización de importantes celebraciones religiosas públicas en honor de Cristo Rey y la acción de una organización eclesiástica cada vez más activa en lo civil; es decir, la Asociación Católica de la Juventud Mexicana.   

El movimiento armado en Zacatecas estuvo presente desde el inicio de la lucha; los primeros revolucionarios empezaron a reunirse en diferentes partidos o clubes dispersos por el estado.

Éstos eran antireeleccionistas afines con las ideas maderistas, que se ubicaron en lugares como Concepción del Oro, Juchipila, Tlaltenango, Teúl de González Ortega, Pinos y Nieves.  

Uno de los cabecillas importantes fue el general Luis Moya, quien tomó la ciudad de Zacatecas en enero de 1911, pero la debió abandonar debido a la poca fuerza militar con que contaba.

Sin embargo, la actividad se intensificó en 1913 con el arribo de gavillas de revolucionarios, que iban y venían asaltando a las comunidades.

El movimiento llegó a su punto más dinámico en 1914, cuando desde mayo se comenzaron a vislumbrar los primeros indicios de que se acercaba un choque bélico de fuerte incidencia.

La Toma de Zacatecas del 23 de junio de 1914 fue uno de los acontecimientos que más se recuerdan en la historia de la Revolución Mexicana, debido a que a pesar de que fue muy corto el tiempo de combate, las consecuencias que trajo afectaron en todos los aspectos sociales.

Por el lado económico terminó por aumentar la carestía de alimentos y la consecuente hambre que se vivió; en el aspecto de salubridad, la cantidad de muertos tanto humanos como de animales regados por toda la ciudad aumentaron la insalubridad y las enfermedades.

En lo sociocultural, la muerte ocasionó el impacto en la memoria colectiva a través del miedo que sintió la población zacatecana al tener contacto directo con la lucha armada.

Además, en el aspecto político ocasionó la separación definitiva entre Venustiano Carranza y Francisco Villa, que se cristalizó en la Convención de Aguascalientes.

En apariencia, y en un primer momento del choque revolucionario, el anticlericalismo era poco claro.
Según Luis Rubio Hernansaez, en su libro Zacatecas bronco. Introducción al conflicto cristero en Zacatecas y norte de Jalisco 1926-1942, todos los religiosos portaban estampas o escapularios; sin embargo, habría que ver a qué sector de la sociedad se refiere, tomando en cuenta la heterogeneidad de los cuerpos revolucionarios.

Mientras tanto, en la población de Zacatecas se presentaba un espíritu fuertemente católico, no sería extraño que fuera una práctica natural; aunque en los sectores más bajos también se manifestaba un carácter anticlerical, que era encabezado por los agraristas. 


Sin embargo, los gobiernos revolucionarios y postrevolucionarios se caracterizaron por una oposición ante la Iglesia Católica y una enérgica separación entre Iglesia y Estado.

Para las citas a las que a contnación se hace referencia se debe tomar en cuenta que son dirigidas por militares o elementos, si no profesionales, muy ligados a los altos mandos castrenses. 

Las religiones eran consideradas como los “…gérmenes propios [del] envilecimiento y degeneración de los individuos…”, según la Jefatura Política (24 de julio de 1914).

Aunque estas ideas pareciesen nuevas en la ideología de algunos mexicanos, el anticlericalismo provenía desde el ideario ilustrado, impactando durante la Revolución Francesa e influyendo en el liberalismo, que comenzó a gestarse en la monarquía española y luego se manifestó en los grupos de poder americanos, que albergaron a miembros radicales que veían como una necesidad la separación Iglesia-Estado.

Estos conflictos fueron parte del turbulento siglo 19 y la reconstrucción del país. Se intensificaron durante la Guerra de Reforma que desembocó en las leyes.    

Es en este punto donde encontramos los primeros indicios anticlericales del gobierno en turno. Los tres que presentamos están fechados en el mes de julio.

“Teniendo conocimiento este gobierno, que [en] la mayor parte de las puertas y ventanas de las casas de esta ciudad, se encuentran fijadas estampas religiosas e inscripciones con las que, según parece, trátase de hacer esfensible [sic] alarde de un culto; y como esto implica una infracción a nuestras leyes de
Reforma, el propio gobierno tiene a bien disponer se sirva usted dictar las órdenes que estime conveniente a fin de que inmediatamente sean quitadas las estampas de referencia”, establece la Jefatura Política del gobierno estatal en el expediente 31 del 16 de julio de 1914. 

La intolerancia de las autoridades era evidente, puesto que el culto que se presumía era llevado a cabo desde la propiedad privada, estableciéndose una idea errónea de las leyes de Reforma, pue en ningún momento prohibían tales prácticas, al contrario, se daba libertad de culto.

Las leyes hacían referencia a cinco puntos fundamentales: la desamortización de bienes a corporaciones religiosas, la nacionalización de éstos, el paso del registro civil a manos del Estado, secularización de hospitales y centros de beneficencia y la extinción de las comunidades religiosas.

Tal parece que existía una idea de la religión que venía desde la radicalización de cierta facción del liberalismo, aunque algunos liberales no veían de forma negativa la práctica del catolicismo, puesto que se consideraban practicantes.

Parecía, pues, que se quería reducir el credo a la mínima expresión pública. 

Continuará...




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