Monday 05 de December de 2016

El ave fénix del PRI

Édgar Félix      25 Aug 2014 21:30:05

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La congruencia debería ser un valor muy importante en las carreras políticas. ¿Cómo confiar en alguien que cambia de partido como si fueran calcetines? Hay pocos políticos que se mantienen en su línea ideológica desde hace años. José Olvera Acevedo, el nuevo dirigente del PRI en Zacatecas, es uno de ellos.

Algunos meses después de aquel 1998, cuando el PRI de Olvera pierde la candidatura frente a la izquierda improvisada de Monreal, me encontré a Pepe Olvera en el lugar menos imaginable posible: entre una multitud de brazos y malos olores de un vagón del metro de la Ciudad de México.

Fue una grata sorpresa. Vestía muy sencillo, traía en la espalda una pesada derrota que lo sepultó con sus sueños y que le quitó el brillo en los ojos. Aquel ser humano que me encontré por entonces no era el Pepe Olvera que había conocido algunos años atrás, era una sombra que lo poseyó por varios años.

Apenas lo saludé en ese vagón, lo supe. Cómo él, he conocido a muchos candidatos que perdieron y muchos se derrumbaron y jamás volvieron a la escena política. Pepe Olvera sí pudo regresar.

Recuperarse de una derrota política no es fácil y no cualquiera puede hacerlo.

Ya habían pasado varios años desde que, cuando fue diputado federal, nos frecuentábamos en la Ciudad de México para charlar en torno a la política del estado.

Mi trabajo reporteril de entonces me exigía reunirme también con Ricardo Monreal, con José Bonilla, con Amalia García, con muchos otros, con el fin de obtener información oportuna y veraz. De primera mano.

Los cafés con Pepe Olvera eran interesantes, de horas y horas. Lo recuerdo siempre muy enfundado en un priísmo por entonces muy mal visto, un priísmo que se hacía añicos y en los peores años de la crisis política de ese partido.

Pegarle al PRI era una afición y siempre daba dividendos. Sin embargo, Olvera defendía sus tesis tricolores con vehemencia, sin ceder un ápice, con argumentos, cubierto por la seguridad de una mirada que no aceptaba dudas hasta el tono de una voz sin tartamudeos. Siempre congruente entre las tesis de su partido y lo que decía.

Pepe Olvera sucumbió a los hechos, pero no perdió el pleito consigo mismo. Peleó en el frente priísta hasta el último milímetro que le quedó y no lo hizo cambiar de bando, ni de posición ni mucho menos de tesis ni se amargó la vida proliferando pestes y amarguras contra sus contrincantes.

Esperó, soportó, sobrevivió con un trabajo mal pagado en la Ciudad de México. Fueron muchos años de ver la sombra de Pepe Olvera deambular por los vagones del metro.

Tocó fondo y comenzó a reconstruirse, otra vez. A levantarse, a meterse otra vez al ring político, a retomar su carrera, su vida, a entender los tiempos.

Qué mejor líder puede tener el PRI, en estos tiempos, que la congruencia priísta de Pepe Olvera. Un ave fénix tricolor.




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