Wednesday 07 de December de 2016

El deterioro de la persona

Juan Carlos Ramos León      3 Aug 2014 21:30:03

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En días pasados leí por ahí una nota en la que una cantante de origen estadounidense reconoció públicamente que tuvo que realizar algunos favores sexuales para alcanzar la fama que tiene. Prostituirse, para acabar pronto; en esferas de élite, pero prostituirse al fin.

Hace varios años, una actriz mexicana -creo que de origen zacatecano, de hecho-, al hacerse público su embarazo, reveló a la prensa que desconocía quién era el padre de su bebé, lo que quiere decir que, durante su corto período de fertilidad -unos cuatro días, más o menos-, tuvo relaciones sexuales con, por lo menos, dos hombres distintos.

Los medios de comunicación se empeñan en presentarnos modelos de vida que resultan estar atentando gravemente en contra de la dignidad de la persona humana.

Baste ver a esa chica del medio del espectáculo -también estadounidense- que frecuentemente nos sorprende con creativas y grotescas formas de denigrar la imagen de la mujer -la del famoso twerking o perreo- y que alguna vez fue la protagonista de un programa de televisión dirigido a jovencitas preadolescentes de una famosísima casa de entretenimiento infantil, es decir, que representa un modelo de vida para muchas personas que han seguido -y hasta idolatrado- su cuestionable carrera.

Yo soy muy respetuoso de lo que cada quien haga con su vida privada, pero cuando hay quienes, como en los casos que he mencionado, deciden hacer del dominio público con altivo orgullo su vida promiscua de esta manera, sí me siento obligado a levantar la mano y decir ¡ya basta!

¿Que qué es lo que me molesta tanto del asunto? Son dos cosas, primordialmente.

La primera, el terrible deterioro que se hace a la dignidad de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios.

Es decir, al atentar públicamente contra esa dignidad en lo particular se atenta contra la dignidad de todo el género humano en lo general y se desata un efecto dominó que termina con la pérdida de la moral social.

La segunda tiene que ver con la explotación comercial que se hace a través de la difusión de estas conductas. Estos espectáculos y chismes entretienen, sí, logrando un “beneficio” de corto plazo, pero se convierten en impulsores de conductas inapropiadas cobrando un alto precio social en el largo plazo.

Por poner algún ejemplo, imagine usted a una persona que se deleita con un espectáculo de una figura más o menos reconocida, encontrando su rutina sensual o, quizás, graciosa -entretenida, al fin- y un mal día se encuentra a una de sus hijas sacándose un video imitando aquellas poses para subirlo luego a las redes sociales. ¿Verdad que no es lo mismo amar que ser amado?

Lo que hagamos, dejemos de hacer o permitamos que se haga o deje de hacer en materia de la dignidad de la persona solo nos beneficia o perjudica a nosotros mismos.




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