Thursday 08 de December de 2016

El efecto futbol 

Édgar Félix      21 Oct 2013 20:30:06

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El futbol es un deporte nacional de masas. Personas de todas las edades y de cualquier estrato lleva bajo la camisa de trabajo, el vestido y el traje, la playera del club de sus amores. Algunos tatuados, otros por la moda, otros por el estatus, otros para tener un tema de conversación en esa vida aburrida de las tardes. El futbol, a fuerza de publicidad, está en nuestras vidas e influye en el quehacer diario de los aficionados.

¿Cómo no estar preocupados por lo que ocurre en la selección nacional de México? ¿Cómo no pintarse de verde, blanco y rojo el rostro con las lágrimas de quien se siente profundamente decepcionado por la actitud débil de las estrellas del balompié mexicano? ¿Cómo pasar al margen del sentir social? La influencia del futbol en la cotidianeidad nuestra de cada día es, quiérase o no, un constante machacar de pláticas de cualquier lugar. Ay de aquel que se hace el sordo, el mudo y el ciego frente al balón rodando en la cancha, pero a estas alturas hay sociólogos que consideran este deporte como el reflejo del estado de ánimo de millones de mexicanos. Hasta la producción de la industria nacional baja o sube, según sea el caso, por la cantidad de goles.

Si no va la selección mexicana a Brasil se avizora una catástrofe, de estados de ánimo, masiva. Más allá de los millones de pesos que perderían -si los tricolores no pisan césped carioca- las televisoras Televisa y TV Azteca en jugosos contratos de publicidad, al gobierno le preocupa el efecto de inconformidad y amargura que provoca en la sociedad. Cómo, si México ganaba, al menos, en la Concacaf y ahora ni siquiera califica. Es más, es humillado por equipos menores, sin tradición ni historia. Es un asunto de salud pública y estabilidad social, entonces.

La mercadotecnia está al servicio del futbol, de los dueños de los clubes mexicanos que han llevado al despeñadero a este deporte. Ninguno de ellos ha levantado el dedo para explicar la mediocridad que venden a precios del primer mundo. Se han enriquecido con este deporte. No hay una estructura que sustente la producción de buenos futbolistas como en Estados Unidos, en Argentina, en Brasil o España. Inclusive, próximamente en los malísimos jugadores de Canadá que juegan con dos piernas izquierdas o derechas, según sea el caso.

Es decir, el futbol refleja lo que ocurre con la economía y la política mexicana: corrupción, constreñida, no es competente, mafiosa y, por si fuera, poco, sin una estrategia de crecimiento y desarrollo adecuado. Están hechos al madrazo, a la buena voluntad y al aiseva. El efecto futbol alcanza a todos y reparte sus culpas entre la sociedad. El juego de la oncena mexicana me recuerda al gabinete, a la Cámara de Diputados, a los senadores, a algunos gobernantes, a la mayoría de los políticos mexicanos, al carácter de esas masas mansas: son tan parecidos.


 




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