Sunday 04 de December de 2016

El encuentro de Cristo con el publicano Zaqueo

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba      2 Nov 2013 20:10:07

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La presencia de Cristo hizo recapacitar al recaudador de impuestos. (Cortesía)
La presencia de Cristo hizo recapacitar al recaudador de impuestos. (Cortesía)
INTRODUCCIÓN
En los anteriores domingos hemos estado meditando y reflexionando acerca del misterio del reino de Dios como presencia de Cristo para salvar y redimir a los hombres llamados siempre a compartir su vida de paz, gozo y comunión, más allá del pecado y de las limitaciones que los hombres mortales experimentamos a cada paso en la historia como desarrollo y progreso de nuestra incorporación a su persona y obra de salvación.
Hoy tenemos a la vista en el evangelio de nuestra eucaristía dominical, el encuentro de Jesús en el poblado de Jericó a 30 kilómetros de Jerusalén hacia donde se dirigía con el publicano llamado Zaqueo, hombre que la comunidad rechazaba como recaudador de impuestos de una potencia extranjera, el imperio romano, que dominaba sobre el pueblo judío y del cual exigía los impuestos.
Por esta razón la gente no veía con buenos ojos a los recaudadores de impuestos que eran tenidos como traidores y colaboradores de los romanos y pecadores públicos.
Contemplemos, pues, el relato de San Lucas sobre este encuentro de Jesús y Zaqueo. En él se manifiesta el reino de Dios, que bajo la mirada y la gracia de Jesús, los pecadores arrepentidos son reintegrados a la comunión de este reino.



LAS CIRCUNSTANCIAS DEL ENCUENTRO CON ZAQUEO
San Lucas nos cuenta cómo Jesús llegó a Jericó, donde lo recibió una muchedumbre que había oído de los milagros que hacía curando enfermos, liberando a los demonios de los posesos y cómo atraía a la gente con su predicación tan sabia y práctica, de tal manera que lo seguían por todas partes por donde pasaba anunciando la llegada del reino de Dios.
Zaqueo era hombre rico y bien conocido en la comunidad de Jericó. Él había oído hablar favorablemente de Jesús; de cómo su persona con su predicación y hechos sorprendentes, provocaba admiración y seguimiento.
Quería ver a Jesús y siendo bajo de estatura, tuvo que subirse a un árbol para verlo pasar de cerca. Nunca pensó, ni esperó que el mismo Cristo le hablara con las siguientes palabras que provocaron en él, extrañeza, emoción y cierta incredulidad:
“Zaqueo, bájate pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa”. Él bajó enseguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, comenzaron todos a murmurar diciendo: “Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador”.



LA CONVERSIÓN

RELIGIOSA y moral
Zaqueo, conmovido y profundamente arrepentido ante la presencia y el influjo de Cristo, quien le reveló que conocía su modo de vida como publicano y pecador, manifestó lo que acontecía en su alma y en su corazón:
Poniéndose de pie, dijo a Jesús: “Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si he defraudado a alguien, le restituiré cuatro veces más”.
Jesús le dijo: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también él es hijo de Abraham, y el hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido”.



CONCLUSIÓN
Este evangelio nos interpela a nosotros también. Todos de alguna manera estamos representados por Zaqueo. Como él somos pecadores y necesitados de un encuentro con Jesucristo, Salvador de los hombres, para recibir el don de su misericordia y perdón como lo hizo con Zaqueo.
Hoy en esta eucaristía dominical, en la cual participamos, es muy conveniente que nuestro encuentro con Jesús, presente real, verdadera y substancialmente en el sacramento del altar, “bajemos”, por así decirlo, de nuestros árboles del orgullo y la soberbia que nos impiden acercarnos a Cristo para que recibamos de él la gracia de su amistad y cercanía.
Esto también nos debe acercar a todos los hermanos para ser partícipes en la comunidad eclesial del perdón de Jesús, que sea el fruto de una verdadera, leal y sincera conversión, renovándose de esta manera toda nuestra vida como lo hizo Zaqueo.
Debemos reparar nuestras faltas y pecados, con justicia, humildad, servicio y caridad para con Jesús quien tanto nos ama y para con los semejantes.
De esta manera podremos experimentar en nuestro tiempo, hora y espacio históricos lo que Jesucristo le dijo a Zaqueo. “Hoy ha llegado la salvación a esta casa”, ¿Cuál? La de nuestras personas convertidas y llenas de felicidad.
Ésta es la gracia que ahora imploramos, humildes y reverentes, a Jesús eucarístico que celebra en estos momentos con todos y cada uno de nosotros, la alegría y la paz de su presencia por la senda de nuestra salvación temporal y eterna.
Obispo emérito de Zacatecas




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