Wednesday 22 de February de 2017

El infarto de López Obrador 

Antonio Sánchez González      5 Dec 2013 22:00:05

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Los médicos cometemos falta cuando publicamos información clínica de algún paciente, a menos que haya solicitud o consentimiento de parte del mismo. En el caso de la salud actual de López Obrador, sus allegados se encargaron de publicitarla en las últimas horas.

De los informes que dieron a conocer el hospital y el hijo de este enfermo de 60 años recién cumplidos, se pueden entresacar frases que contienen términos técnicos que vale la pena desmenuzar: “Médica Sur”, “Infarto del miocardio anteroseptal”, “angioplastia y stent”, “función ventricular conservada, movilidad segmentaria normal”, “hipertrofia ventricular izquierda”.

El párrafo anterior se puede transcribir de la siguiente manera: “hombre de la tercera edad con evidencia de complicaciones de presión arterial alta crónica descuidada, que tuvo un infarto de la zona del corazón más delicada, atendido a tiempo y de manera eficaz con la última tecnología en uno de los hospitales privados más caros del país, tras el alta podrá seguir con sus actividades de manera habitual”. En otras palabras, hay AMLO para rato, siempre y cuando se vuelva responsable consigo.

Las enfermedades cardiovasculares son sumamente comunes. En México, una de cada tres personas tiene presión alta y la mitad de ellas no lo sabe o no se trata, y la insuficiencia cardiaca se está convirtiendo en epidemia. Un ataque cardíaco consiste en que una arteria se tapa, duele y un pedazo de músculo cardiaco muere si el tratamiento no llega a tiempo; posiblemente sea la expresión más acabada de lo que significa tener cardiopatía: con todos los adelantos terapéuticos, casi la mitad de las personas que lo sufren, fallecen antes de llegar a un hospital.

Un infarto hay que ganárselo, ya que aunque influyen la genética y edad, los principales factores de riesgo son fumar, no hacer ejercicio, tener diabetes, hipertensión, obesidad o trastornos del colesterol, todos ellos prevenibles o tratables. Durante la campaña presidencial de 2012, su coordinador publicó que López Obrador fumaba y bebía un poco (lo que quiera que eso signifique), y no tenía diabetes.

Idealmente, quien se busca una catástrofe de esta naturaleza debería llegar a un hospital con médicos preparados, día y noche, con los instrumentos y medicamentos para abrir la arteria ocluida en los minutos siguientes a que el dolor inició. Ganar esa carrera contra el tiempo, vuelve más probable conservar la vida y después poder hacerla de manera normal. Desafortunadamente, por miseria o falta de información, solo una pequeña fracción de mexicanos privilegiados tiene acceso a atención médica de tal nivel.

Con el argumento de la igualdad republicana, AMLO criticó en sus discursos los lujos de los políticos, entre ellos el uso de hospitales costosos. En la enfermedad se conoce a las personas, sobre todo en la fila del típico hospital público, en la misma línea que él estuvo hasta que no llegó el dolor.
 




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