Sunday 04 de December de 2016

El legado de Luis Moya Regis 

Erika Flores      15 Jun 2014 00:30:42

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  • Eleazar Díaz León comparte en su libro más recuerdos, fotos y recetas de familia. (Nallely de León) Eleazar Díaz León comparte en su libro más recuerdos, fotos y recetas de familia. (Nallely de León)
  • Fortunata Regis, madre del revolucionario. (Nallely de León) Fortunata Regis, madre del revolucionario. (Nallely de León)
  • El juego de ajedrez, con piezas de hueso, y las gafas de Moya Regis. (Nallely de León) El juego de ajedrez, con piezas de hueso, y las gafas de Moya Regis. (Nallely de León)
  • Objetos que pertenecieron a doña Fortunata y los azares del maderista. (Nallely de León) Objetos que pertenecieron a doña Fortunata y los azares del maderista. (Nallely de León)
  • En la avenida Hidalgo, de Sombrerete, El Boyardo de la Revolución recibió un disparo desde los balcones del hotel (derecha), del arma de Pablo Méndez.  (Nallely de León) En la avenida Hidalgo, de Sombrerete, El Boyardo de la Revolución recibió un disparo desde los balcones del hotel (derecha), del arma de Pablo Méndez. (Nallely de León)
  • Óleo que conserva el PRI estatal. (Nallely de León) Óleo que conserva el PRI estatal. (Nallely de León)
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“Aquí cayó tu tío Luis Moya”, le dijo Hugo León Moya a Eleazar Díaz León, cuando era pequeño.

El sobrino nieto del revolucionario estaba de visita en Sombrerete, cuando su tío, sobrino directo del maderista, lo llevó a la avenida Hidalgo frente al hotel del mismo nombre para explicarle los hechos.

Ya había caído la noche en aquel 9 de mayo de 1911 y Luis Moya Regis caminaba hacia la casa de Belén y Refugio Mier, con quienes iba a cenar.

Iba fumando su puro, cuando fue emboscado por su agresor, quien le disparó desde un balcón del hotel sin darle tiempo de nada. 

“Cayó en medio de dos ventanas de barandales que todavía existen”, platica.

El responsable fue Pablo Méndez y se sabe en la familia que fue una especie de venganza, porque el revolucionario le había llamado la atención.

Había aprovechado el movimiento para robar y abusar de las mujeres, cosa con la que no estaba de acuerdo el coronel.

Más recuerdos
En la familia siempre se ha recordado con respeto y admiración a Luis Moya Regis.

Eleazar Díaz León platica que desde pequeño se le habló de la Revolución Mexicana y los cruciales 96 días en que el coronel tomó parte.

Por ello, un día fue llevado por su tío David León Moya al Castillo de Chapultepec a ver un óleo del revolucionario.

Su madre, Socorro León Moya, siempre tuvo en su recámara un retrato de su tío.

Y quiso que se escribiera un libro sobre él, por lo que muchos documentos, objetos personales y fotografías le confió a un licenciado de apellido Rueda, quien era escritor y residía en Aguascalientes.

Sin embargo, tiempo después una de sus hijas lo fue a buscar, se llevó la terrible sorpresa de que había muerto.

Toda su biblioteca había sido donada a una escuela primaria, donde sólo encontraron alteros de papeles sin clasificar, apilados y mojados. 

La familia
Luis Moya Regis fue uno de los hijos de José Luis Moya y Fortunata Regis Villafalfán Niño Ladrón de Guevara, dueños de la Hacienda de San Agustín de Melillas, ubicada en lo que hoy es Francisco R. Murguía.

Pese a su posición económica, sus padres siempre fueron personas sencillas que ayudaron a familias campesinas.

Doña Fortunata tenía fama de curar a niños y ancianos de su hacienda, a quienes no le importaba regalarles el medicamento del botiquín que le surtía su esposo.

Por ese ejemplo, Eleazar Díaz León considera que Moya Regis fue un hombre de bien y convencido de que las condiciones para todos los mexicanos podrían ser mejores. 

“Hay cosas que se maman, no se compran”, dice.

Trascendió en la familia que por su caridad y virtudes innatas de médico, Fortunata tuvo una enemiga hechicera.

Un día, le envió unos chiles rellenos y probarlos fue la causa de fuertes dolores de cabeza que a partir de ahí no la dejaron en paz.

Cuando la hechicera estaba en su lecho de muerte, pidió ver a Fortunata para que la perdonara porque  le había hecho un mal.

La madre del revolucionario le mandó decir que la perdonaba, pues la mensajera le había dicho que sin su indulto no podía morir en paz. 

Amor a lo propio
Desde siempre, la familia ha guardado con cariño objetos y joyas que han pasado de generación en generación.

Es por eso que Eleazar Díaz León conserva una cajita, unos lentes y un juego de ajedrez que pertenecieron a Moya Regis.

Además, tiene bajo resguardo el misal que llevó su bisabuela al altar y luego pasó en manos de su abuela, su madre y otras familiares.

También conserva los azares que junto al matrimonio Luis Moya Regis y Micaela Puente, recibieron la bendición. 

Los lazos
Siguiendo el deseo de su madre por tener un libro en el que se plasmara lo importante que fue Luis Moya Regis para la historia del país, Eleazar Díaz León se dio a la tarea de recopilar los documentos y pláticas sobre su tío bisabuelo.

Con el apoyo y colaboración del historiador Salvador Delgado Prado, escribió Luis Moya. El revolucionario y una retrospectiva de familia.

“Yo hice esto con lo que yo tenía, con lo que yo sabía, con las pláticas de sobremesa y las pláticas con los tíos”, dice.

Con este trabajo se revalora el papel del revolucionario que se ganó el título de El Boyardo de la Revolución, ya que así eran llamados los nobles terratenientes eslavos, que usaban abrigos elegantes, gorros altos y barbas largas.

Se reseñan con datos sustentados las acciones que logró en los 96 días que formó parte del movimiento.
Entre ellas, destaca que a los 55 años, el zacatecano se entregó al movimiento iniciado por su amigo Francisco I. Madero, al que destinó parte de sus bienes y se encargó de propagar su filosofía con sus conocidos y amigos de la región, así como de varias partes del país.

Además, fue el primero en tomar Zacatecas dentro del movimiento revolucionario.

El sobrino nieto tiene la esperanza de que con esta publicación se reúna a más familia, ya que como sus tías abuelas se fueron a vivir a la ciudad de México, perdieron contacto con los primos y sus hijos.

No quiere que vuelva a pasar lo que hace unos dos o tres años, que un desconocido se presentó a recibir una medalla otorgada por el Gobierno del Estado, sólo porque su padre conservaba unas fotos de Luis Moya Regis.




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