Thursday 08 de December de 2016

Violencia genera violencia

José Manuel Félix Chacón      25 Feb 2014 22:10:06

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Hoy se habla de buscar la excelencia en las personas. Han surgido diferentes corrientes e ideologías o formas de pensar. El ser humano quiere superarse, se habla de oferta de diplomados, licenciaturas, maestrías y doctorados.

Buscamos que la calidad sea certificada y que haya garantías comprobables. Algunas empresas están tan seguras de la efectividad de la calidad que ofrecen devolver el dinero si el cliente no queda satisfecho.

Bienes materiales con valor agregado y ¿valores éticos? que tratan de dar confianza en las relaciones comerciales. Todo esto es bueno, ya que abona al progreso de las personas, de las empresas y de la sociedad entera. Pero, ¿se pueden aplicar los criterios de las relaciones comerciales a las relaciones humanas? ¿Hay y, si los hay, cuáles son los parámetros para saber si nuestras relaciones humanas son de calidad? ¿cómo certificar nuestra fe-amor? Jesús responde y nos invita a ir, otra vez, a la raíz, a ser discípulos radicales.

“Han oído que se dijo: 'ojo por ojo, diente por diente'. Pero yo les digo: 'no hagan resistencia al hombre malo'. Nos puede sonar a ingenuidad ante el mal y los malosos, de parte de Jesús; cosa de tontos, despistados, de parte nuestra.

La Ley del Talión buscaba evitar una venganza desproporcionada o venganzas sin límite de tiempo, no la reconciliación. Jesús presenta una nueva alternativa ante la violencia para no resistir al mal con mal: ofrecer la otra mejilla, dar hasta el manto y acceder más de la cuenta.

Es decir, la violencia se vence solamente con la no violencia; el mal solamente se puede vencer con el bien. Lo primero que pide el Señor ante el problema de la violencia es estar totalmente dispuesto a no ejercerla. Alguien tiene que cortar con ella a través de la no violencia y la reconciliación. La razón: somos hijos del mismo Padre Dios y los hijos de Dios no pueden embrutecerse en el odio y en la violencia.

“Han oído que se dijo: 'ama a tu prójimo, odia a tu enemigo'. Yo, en cambio, les digo: 'amen a sus enemigos'. La primera regla de la convivencia humana es la caridad sin límites, sin condiciones. Jesús plantea como un imperativo la actitud de amar que va más allá de simpatizar, tolerar.

Es amar, hasta el grado de llegar a convivir con el otro como hermano. Este tipo de amor que propone Jesús es el único que abre verdaderas posibilidades de formar una auténtica comunidad humana. Por eso, quizás una de las maneras más nobles de amar al enemigo es orar por él. Con la oración nos hacemos presentes, no perdemos el vínculo con las personas que nos ofenden o persiguen. Oramos por ellos no porque sean malos, sino para no romper los vínculos y posibilidades ante Dios.

Jesús mueve el tapete de nuestros acomodos fáciles, mediocres y nos invita al plus de la perfección: “sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto”.

Para amar al enemigo y renunciar a la violencia, el discípulo debe tener otra convicción: ser una persona y una comunidad alternativa.
 




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