Friday 02 de December de 2016

Vida en abundancia, vida eterna: la resurrección

Sigifredo Noriega Barceló      8 Apr 2014 22:30:06

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Al escuchar el Evangelio de este domingo, imaginé lo sucedido en Betania con Lázaro, su familia, sus amigos y las circunstancias de los presentes en la experiencia de la muerte de Lázaro.

Es la tercera catequesis que recibían los catecúmenos a ser bautizados (nadie se bautiza a sí mismo) en la Vigilia Pascual.

Agua, luz, ahora la razón de ser de la luz y del agua del bautismo: la vida eterna, la vida en abundancia que exige una nueva vida, al estilo de Jesucristo, y es ya una realidad en el presente.

La pregunta que está detrás de toda la catequesis versaba (versa) sobre la muerte, la muerte de los amigos de Jesús, de los que creen en él. En otras palabras, el porqué y el para qué de creer o no creer en Cristo, de ser bautizados en su nombre.

Constatamos que Jesús nos pide creer en él que es la resurrección y la vida, sin prohibirnos llorar. Fe y lágrimas. Fe con lágrimas. Sería inhumano que hubiera fe en la resurrección sin lágrimas.

Es más, será Dios mismo, en el último día, quien enjugará nuestras lágrimas (Apocalipsis 21,4).

No queremos morir. Reclamamos a Dios que no se apresure, que esté lejos, cuando lo invocamos ante la enfermedad mortal, la muerte “a destiempo”, el accidente imprevisible. Decimos que nosotros tenemos más necesidad de los que mueren, que Dios. La muerte no está para ser entendida, está para ser aceptada con fe y lágrimas.

Al principio, en el momento, se nos cierra el mundo. Jesús manda a la atormentada viuda de Naím, que acompañaba el ataúd de su hijo, que no llorará. En la muerte de Lázaro, por el contrario, Jesús llora, como Marta y María, como los amigos, como los humanos de todos los siglos. Jesús vive, a la vez, dos sentimientos: de conmoción ante la muerte de su amigo y de confianza en sí mismo y en el Padre.

A Jesús le avisan de la muerte de su amigo, pero no se apresura; deja que todo pase para que resplandezca más la fuerza que el Padre le da. Él levantará de la muerte a su amigo Lázaro y a todos los que crean en él: “El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”. Nosotros creemos; por eso hemos sido bautizados.

Estamos a 15 días de celebrar el Domingo de Pascua, el día que hizo el Señor, día de alegría y de gozo. Como Marta, María, Lázaro, el padre Aurelio y…, Vamos a renovar nuestra fe en el Señor que, resucitando, nos ha dado nueva vida, vida plena, vida sin fin, vida en abundancia, vida eterna. La vida es la vocación y el destino del cristiano. Por eso es esencialmente contradictorio creer en Jesucristo y, al mismo tiempo, promover la cultura de la muerte, de cualquier forma.

Extiendo mi corazón y mis manos para bendecirlos.




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