Tuesday 06 de December de 2016

El pensar degradado

Miguel G. Ochoa Santos      16 Feb 2014 20:06:07

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No cabe duda que la expansión colonial de la lógica económica dentro de territorios culturales antes organizados sobre criterios distintos es un fenómeno de nuestra hipermodernidad. No sólo es apreciable en los fenómenos de mercantilización de obras artísticas, como ocurre, por ejemplo, con la pintura y las manifestaciones audiovisuales. También ha arraigado en las instituciones educativas, a través de políticas públicas y discursos pedagógicos lábiles y reductivos.

Por lo general, los planes gubernamentales en la materia, nacionales y transnacionales, están diseñados para sintonizar con las nuevas necesidades que genera el modelo de desarrollo mercantil, aunque siempre buscando reducir los presupuestos destinados a las instituciones de educación.

En este sentido, la letanía que todos los días escuchamos en boca de los portavoces del sistema, sustentada en los “valores” de eficiencia y eficacia, teje un velo difuso alrededor de un tema fundamental:  ¿la educación debe estar al servicio de los poderes o de la ciudadanía?

Es evidente que el tipo de formación intelectual y profesional que habría de estimularse depende de la naturaleza de la respuesta que se dé a esta pregunta. Las necesidades e intereses no sólo serían diferentes, en lo que respecta al origen de cada posible vertiente, sino contrapuestas en la mayoría de las veces.

Por ejemplo, a los habitantes de un poblado poca gracia les haría que destacados ingenieros explotasen eficazmente su riqueza minera, si esto a su vez generase un daño ecológico en su comunidad y un desastre social irreversible.

También imagino que la mayoría de los padres estarían inconformes con una escuela que preparase hondamente a sus hijos en la profesión correspondiente, pero que en lo tocante al comportamiento cívico los convirtiese en descerebrados sociópatas o en truculentos patanes. Saber vivir armónicamente dentro de la sociedad es tan o, incluso, más importante para el desarrollo de la inteligencia que dominar la lógica racional y el cálculo. 

Es inobjetable que los empresarios y los políticos quieren más dinero y poder, mientras que los ciudadanos persiguen mayor calidad de vida: educación, seguridad, salud, empleo, excelencia urbanística, mejores servicios, negocios responsables, entretenimiento y cultura. Si estos últimos aportan recursos por la vía de los impuestos, no entiendo por qué el rumbo de la educación habría de ocuparse únicamente de las exigencias técnicas de la producción económica y del mercado.

El acto de pensar rigurosamente y de fortalecer la inteligencia trasciende el umbral del conocimiento técnico y utilitario, no puede identificarse banalmente con el desarrollo de competencias cognitivas.

Pensar, escribir y convivir buenamente son el resultado de procesos muy complejos que no se aprenden a través de la simple asimilación de habilidades instrumentales.
 




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