Tuesday 06 de December de 2016

El reino de Dios se asemeja a un gran banquete

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba      11 Oct 2014 23:00:01

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Se trata de una fiesta que significa amistad, deseo de comunicación profunda, superación de la muerte y de todos los males que abruman a los hombres.  (Cortesía)
Se trata de una fiesta que significa amistad, deseo de comunicación profunda, superación de la muerte y de todos los males que abruman a los hombres. (Cortesía)
INTRODUCCIÓN
La revelación divina en orden a nuestra salvación histórica y para el más allá, fundamentalmente se basa en descubrirnos la realidad del reino de Dios, al cual los hombres hijos del Padre son llamados constantemente a participar, activa y comprometidamente para conquistar la felicidad del cielo.

En los tres domingos anteriores nuestra contemplación asimilativa tuvo como tema la viña del Señor, expresión del reino de Dios, presente en la Iglesia.

En este domingo, la Iglesia nos hace entrar en la vida del reino de Dios, recurriendo a la imagen de un gran banquete, símbolo de fiesta y gozo que Dios ofrece a todos sus hijos, en este mundo de pruebas y retos, alentándolos para alcanzar la comunión definitiva y perfecta con él y todos los ciudadanos del cielo.

EL BANQUETE DEL REINO DE DIOS
El evangelista San Mateo ahora nos presenta la parábola del banquete que un rey preparó para celebrar la boda de su hijo.

Este banquete ya se manifestaba como símbolo de la comunión con Dios y los hombres y desde la antigua alianza que Dios pactó con su pueblo elegido de Israel, como anuncio y figura del nuevo pueblo y la nueva alianza pactada con todos los pueblos de la tierra, llamados a participar en el reino de Dios que Cristo va llevando hacia su plenitud, primero instaurándolo en la tierra a través de su Iglesia, para luego realizarlo con todo su esplendor en el cielo.

En la liturgia de este domingo aparecen dos lecturas íntimamente conectadas: la primera tomada del profeta Isaías, quien nos presenta el anuncio y la figura de lo que más tarde sería el banquete del reino de Dios en la era mesiánica y que se expresa con la parábola que nos trasmite San Mateo.

Tanto el profeta Isaías como Jesús nos ayudan ahora a que entendamos quién es Dios y qué invitación hace a la humanidad en orden a su salvación en el tiempo y para la futura vida definitiva en la eternidad.

En síntesis podemos decir los elementos de la parábola del banquete del reino de Dios: El rey representa a Dios.

El banquete es imagen de la alianza entre Dios y su pueblo; los enviados son los profetas (Antiguo Testamento) y los apóstoles (Nuevo Testamento). Los primeros destinatarios son los judíos, pues Israel fue el primero en ser llamado a ser fiel a la alianza. Aquellos a los cuales encuentran por los caminos (buenos y malos) representan a los pueblos paganos, los de afuera. El hecho de que Israel haya rechazado su misión no impide que todos los pueblos puedan participar en el banquete.

Ampliando la significación de la parábola que nos ocupa hoy, podemos señalar lo siguiente:

Es Dios quien tiene la iniciativa de invitar a todos los pueblos, sin excepción alguna, al gran banquete de la vida que ha de ser para siempre.

Se trata de una fiesta que significa amistad, deseo de comunicación profunda, superación de la muerte y de todos los males que abruman a los hombres más allá de lo que ellos puedan y quieran imaginar.

El banquete que Dios ofrece, aunque algunos rechacen la invitación, no afecta a la generosidad con que actúa el anfitrión; si el egoísmo humano a veces es grande, mucho más grande son la bondad, la misericordia y el amor inconmensurable de Dios.

Estas características que acabamos de apuntar son las que sobresalen y constatamos en la lectura profética de Isaías, en el salmo y en el evangelio de San Mateo.

CONCLUSIÓN
Podemos concluir nuestra homilía, afirmando que los primeros invitados rechazaron la invitación al banquete y desde luego, la presentación indigna de uno de los invitados que no llevaba traje de fiesta.

Estas reflexiones sobre el banquete del reino de Dios nos deben cuestionar sobre quiénes somos hoy como invitados por Dios con su hijo Jesucristo para el cual el Padre eterno prepara su banquete de la vida y del amor verdadero.

También, de qué manera participamos en este banquete, si en estado de gracia o en situación permanente de pecado y egoísmo peligrando con esto, nuestra salvación en la tierra y para la vida futura y definitiva.

¿Seremos de los elegidos que se salvan o de aquellos que se condenan por no aceptar la vida y la gracia que Dios ofrece?

Cada uno de nosotros, a la luz de la palabra proclamada y meditada el día de hoy, tendrá su respuesta
única, personal e intransferible, al aceptar o rechazar la invitación al banquete del Reino de Dios.




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