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El reino de las inercias

J. Luis Medina Lizalde      3 Nov 2013 21:10:05

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Se botaba de la risa cuando me lo relató. Una persona asistente a la premiación estatal de “la controlaría social” escuchaba con atención la enfática insistencia del orador en turno cuando aseguraba que nadie conocía con anterioridad la identidad de los ganadores en ese “alabado” proceso en el que la ciudadanía “se involucra para evitar la corrupción en la obra pública”. El evento tuvo lugar la semana anterior en las instalaciones del Zigzag.

La concurrencia cautiva no pudo más que mofarse con discreción cuando, una vez abiertos los sobres con los nombres de los agraciados, estos pasan al frente para recoger el “chequesote” que un burócrata brujo pudo elaborar con antelación a nombre de cada uno de los premiados, a pesar de que “nadie sabía quiénes eran”.

Amalia García también pretendió acreditar su rechazo a la corrupción mediante la “contraloría social”, aunque con más eficacia escénica. Zacatecas obtuvo el primer lugar nacional en el Concurso de Contraloría Social 2009, entregado en Puerto Vallarta por el “gober piadoso” de Jalisco y el entonces titular federal de la Secretaría de la Función Pública, Salvador Vega Casillas, quienes aparecen flanqueando a la sonriente Julieta del Río, contralora interna, en la prensa local del 9 de diciembre del 2009.

La irrelevancia de semejante simulación se refleja en las notas de prensa también rutinarias de obras mal ejecutadas (como la de la Plaza Bicentenario, según denuncia el titular de Sinfra) o inservibles como varias de las plantas tratadoras de aguas residuales, obras no licitadas, precios inflados, etcétera.

Ya aprendieron el guión
Los integrantes de la actual Legislatura local cumplen el próximo jueves dos meses de estar en funciones y ya evidenciaron una rápida asimilación de las peores inercias. Los funcionarios que aún no comparecen con motivo de la glosa del tercer informe ya no lo harán ante el pleno, sino ante comisiones, subrayando su irrelevancia como representantes populares en el acto supremo de rendición de cuentas del Poder Ejecutivo.

La lista de los nuevos consejeros del Instituto Electoral del Estado de Zacatecas es el primer fruto trascendente de la capacidad de llegar a acuerdos entre los que representan distintos colores partidistas.

Su inoportuna audacia en la grotesca partidización debilita la resistencia de los órganos electorales a la pretensión de su sustitución con la creación del Instituto Nacional de Elecciones y contamina desde ya de faccionalismo intenso el proceso electoral del 2016.

En este renglón también estamos ante la repetición de rutinas. La confección de acuerdos entre los que representan distintos partidos (que no necesariamente piensan distinto) es una poderosa inercia que ha permitido la aprobación de cuentas públicas impresentables, el reparto de cargos secundarios en la Auditoría Superior del Estado y privilegiados ingresos al amparo de las “herramientas legislativas”.

Zacatecas no es una isla, la podredumbre en las esferas gubernamentales alcanza dimensiones impresionantes, la prostitución de la justicia evidenciada en el caso del profesor indígena Albeto Patishtan deja sin habla, la mercenarización de la política avanza incontenible y el grupo de Peña Nieto no da pie con bola.


Soluciones sin pueblo organizado no son soluciones
Al problema cierto del control de los gobernadores sobre los órganos estatales electorales se le enfrenta con la solución falsa de trasladar el control de lo electoral a la esfera del Ejecutivo Federal: ¿en qué es distinto lo federal a lo estatal?

Al problema cierto de que los gobernadores abusaron de la nómina del sector educativo se le da la falsa solución de retornar a la centralización de la nómina, ¿desde cuando la corrupción es exclusiva de los estados?

Al atraco en despoblado que se practica en la compra de medicinas se le da una respuesta similar. Los cada vez más inmanejables problemas de la nación inspiran la búsqueda de soluciones que unas veces se convierten en iniciativas de ley, otras dan origen a ensayos académicos de enorme valía y a veces se incorporan a la lista programática de los institutos políticos.

Pero las soluciones sin pueblo organizado nunca son soluciones, al carecer de fuerza capaz de desplazar los intereses creados potencialmente afectados.

La participación de ciudadanos en la vida pública es anulada por los gobernantes que escogen a la ciudadanía que perciben cómoda para simular atención a una problemática específica. Los privilegios de las grandes corporaciones requieren de una clase política donde abunden los ocupantes de cargos públicos dispuestos a meterse dinero a los bolsillos a cambio de determinados “favores” para la cloaca.

Fruto del maridaje de las grandes corporaciones y las élites burocráticas y políticas, el mejor ciudadano es el desalentado sembrador de desaliento que grita a voz en cuello que no hay nada por hacer porque “todos son iguales”.

Lo cierto es que entre peor está la situación, más necesario es actuar. Nos encontramos el jueves en El recreo.
 




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