Wednesday 07 de December de 2016
»¿A qué se enfrentó el taxista en el camino? 

El rodeo a Salinas 

Redacción      7 Jun 2014 23:58:43

A- A A+

Compartir:
(Imagen)
(Imagen)
En la primera parte de este capítulo, el taxista narró que junto a las tropas del general Benjamín Argumedo, se dirigía a Salinas en el Prothos.

Dado que el camino no era el ideal para un automóvil, tuvo que tomar una vía distinta al resto, acompañado del teniente Ramitos.

Pasaron la noche en una comunidad donde consiguieron combustible y al día siguiente retomaron el camino.

Al acercarse a otro poblado donde pensaban llegar a comer, se llevaron una gran sorpresa, pues había sido recientemente abandonado.

“Ya sin el deseo de meternos en mayores averiguaciones, contritos por no haber podido conseguir nada de alimento ni gente con quien hablar, seguimos nuestro camino.

“Recorrimos unos 5 kilómetros y de improviso, en uno de los muchos recodos del camino, nos encontramos de manos a boca con el grueso de una caballería, gente armada que seguramente nos estaba esperando, porque no hicieron ningún movimiento sospechoso, solo cuando nos avistamos con ellos, se desprendieron del conglomerado tres o cuatro jinetes que directamente vinieron a nuestro encuentro y ya muy cerca, uno de ellos gritó: ‘Alto ahí, quien vive?’”. 

“Naturalmente que al encontrarnos con esta fuerza, toda una columna de caballería extendida a lo largo de la carretera nos causó sorpresa, porque no la esperábamos, pero Ramitos, más ducho en eso de sorpresas que yo y seguramente más que los soldados que nos acompañaban, dijo: ‘Es gente de nosotros que va a llegar a Salinas, y como ya vamos a llegar....

“Mientras hacíamos estas reflexiones, debuté el Prothos, dando tiempo a que se nos acercaran más los jinetes y a que volvieran a gritar la misma contraseña, solo que esta vez Ramitos así contesto: ‘El supremo gobierno’.

“Oír esto y detenerse en seco los que se nos acercaban fue uno, al mismo tiempo que al unísono nos apuntaban gritando el más cercano: “Viva Villa, pelones tales por cuales …Ríndanse’”.  

“Y ya, sin darnos tiempo de nada, en un momento nos rodearon y con palabras que no puedo escribir aquí, se nos conminó a bajar del vehículo, cosa que hicimos entre culatazo y culatazo.

“Ya en tierra la cosa se puso peor, porque además de que por todas partes nos llovían carabinazos, nos echaban los caballos encima, al grado de que nos caíamos y nos reventábamos de entre las pezuñas de las bestias.

“Así anduvimos hasta que nos presentaron ante el jefe, era nada menos que Nicolás Fernández en persona, según se nos dijo ahí mismo. Este jefe villista nos recibió con una sonrisa despectiva, al mismo tiempo que nos decía: ‘Con que el supremo gobierno, no? Aquí su mero padre es Francisco Villa, pelones ‘huertanos’… Dónde está Argumedo?’”.

“La pregunta fue hecha directamente a Ramitos, que desde luego lo identificaron como el jefe de nosotros, gracias a que aún conservaba sus insignias en el uniforme, lo mismo que yo.

“La respuesta de éste me hizo temblar y me admiró de su temerario valor, ya que a pesar de encontrarnos todos en tan difícil situación y chorreando sangre de la cabeza a fuerza de tanto golpe, encarándose con Nicolás, le dijo: ‘Argumendo anda persiguiendo bandidos norteños como ustedes…’”.

“Nicolás volvió a sonreír y dijo: ‘Con que bandidos, ¿eh? Les vamos a dar su pasaporte para que ya nada tengan que ver con los bandidos, ahora lo verán’”.

“Y diciendo y haciendo ordenó: ‘Llévese a estos a cortar escobas.. (Cortar escobas es matarlos corriendo, es decir hacerlos huir para después cazarlos a tiros).  

“Nuestra suerte estaba decidida y confieso que no pude evitar un fuerte temblor de pies a cabeza. Lo mismo los soldados que nos acompañan, solo Ramitos, en lugar de asuntarse, continuó llenando de improperios a los que nos hacían caminar a golpes..  


“Mi Prothos había quedado abandonado en el mismo sitio en el que lo dejáramos y seguramente el general Fernández no había reflexionado en esto, mejor dicho, no había pensado en mi auto, porque después de que asesinó al teniente Ramitos en la odiosa forma de las escobas y me tocaba mi turno, fui mandado llamar por el jefe.

“Me hicieron comparecer ante él en un estado desastroso, pues yo ya estaba más muerto que vivo de tanto golpe y por el temor que me causaba la muerte de esa manera. Ya en su presencia me dijo: ‘A ver, ¿tú eres el que manejas esa cochinada?’”. 

“Sí, mi general, yo -contesté-, yo lo manejaba”.   

“‘Dónde dejaron a Argumedo?’”.

“Se fue a Salinas por la sierra y a nosotros se nos ordenó rodear para llegar antes o después y para allá íbamos.

“‘Ah, bueno. Qué trabajo le había dado contestar así a ese bufón de tu jefe... ¿Puede andar el automóvil ese?’”

“Ya lo creo que puede andar, mi general -contesté viendo en ello una tablita de salvación- Y a usted le puede servir.

“‘A ver, vamos a ver…”’.

“Caminé, olvidando de momento mis dolores físicos de los músculos molidos a golpes y el dolor moral que me causara mi próxima defunción, llegándome hasta mi querido Prothos, al que hice funcionar en el
acto.

“‘Muy bien, muy bien, nos puede servir, aunque sea para quemarlo….”’.

“Entonces Nicolás, dirigiéndose a otro villista que lo acompañaba, le dijo: ‘A ver si ordenas que le pongan un poco de alcohol a este en la cabeza para que no se desangre como un buey y que siga con nosotros, pero cuídale las manos y no lo pierdas de vista”...

Continuará...

Extracto de Choferes de la Revolución.
Autor: Luis Jiménez Delgado.
Biblioteca de la Crónica del Estado
 




Comentarios
No existen comentarios aún
Accesa o regístrate para poder comentar

Lo más leído
Aplicaciones


Servicios
$ Dolar
Compra 20.33
Venta 20.83
€uro
Compra 21.84
Venta 22.34

Multimedia



©Todos los derechos reservados
GRUPO EDITORIAL ZACATECAS, S.A. DE C.V.- De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la Publicación,
retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos de este portal.




Aviso de privacidad