Sunday 11 de December de 2016

El sida y el sistema de salud global (Segunda parte) 

Antonio Sánchez González      3 Apr 2014 21:00:06

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Jonathan Mann, el primer director del programa de combate global contra el Sida de la Organización Mundial de la Salud, explicó, “en la medida en la que excluyamos de la sociedad a la personas infectadas de Sida, arriesgaremos a la sociedad; en la medida en la que mantengamos dentro de la sociedad a las personas infectadas por el virus del Sida, protegeremos a la sociedad. Este es un mensaje de realismo y tolerancia.”

Un aspecto central de la visión actual sobre la epidemia del Sida es el referido al reconocimiento de los derechos humanos básicos. Los bioeticistas, abogados y diseñadores de políticas públicas debaten las condiciones bajo las cuales los derechos de un individuo deben ser abrogados en aras de proteger al público de la amenaza de una infección, dando valor a los poderes públicos que, como en el caso de Sida, pudieran demandar pruebas serológicas, aislamiento, detención y cuarentena obligatorias. Dado el estigma que marca a los enfermos de Sida, añadido a los miedos irracionales de un contagio casual, la gente afectada sufre el doble contratiempo de la enfermedad y la discriminación.

El virus del Sida nunca podría ser combatido exitosamente si, sobreseyendo sus derechos humanos, se impone a los enfermos el ocultar su enfermedad en lugar de buscar diagnóstico y aceptación de padecimiento como una enfermedad infecciosa y no como el motivo de una marca social. Solo políticas sanitarias que reconozcan y protejan los derechos de los pacientes a cuidados y tratamiento, igualdad ante la enfermedad y educación, pueden permitir intervenciones exitosas.

Estas innovaciones son el corazón de lo que ahora los médicos llamamos “salud global”, que ha demostrado por mucho su capacidad de coordinar los esfuerzos de los servicios sanitarios mundiales. Así se dirigen los esfuerzos de pacientes, voluntarios, doctores, científicos e investigadores en la búsqueda de recursos, vocación y especialización dirigidas al combate de otras enfermedades que se han beneficiado de la manera en la que los clínicos aprendimos a abordar una dolencia global a partir del ejemplo de Sida.

Esta manera de proceder, enfoca su atención en el conocimiento profundo de la población afectada por una enfermedad determinada y reconoce las diferencias sociales que le son parte, para diseñar estrategias sanitarias para su combate. Finalmente, el reconocimiento de la igualdad social y de los derechos individuales son los argumentos éticos en los que se basan la prevención y la lucha contra enfermedades a nivel mundial.

La institucionalización de estas fórmulas no solo norman los servicios que se prestan a los enfermos en el mundo, también han cambiado la forma en la que se entrena a los médicos, enfermeras y estudiantes de salud pública. Cuando se escriba la historia de la epidemia del Sida, será importante reconocer que sin ella no habría el movimiento global de salud que vemos hoy en día.




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