Saturday 10 de December de 2016

El valor de ser madres

Redacción      9 May 2014 22:30:05

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  • Mónica y Julissa establecieron una dinámica diferente con sus hijos. (Cortesía) Mónica y Julissa establecieron una dinámica diferente con sus hijos. (Cortesía)
  • María quiere salir adelante. (Oscar Baez) María quiere salir adelante. (Oscar Baez)
  • Aun así, Lucía admira a las madres. (Cortesía) Aun así, Lucía admira a las madres. (Cortesía)
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Por amor, suerte, destino o voluntad, hay mujeres que decidieron traer al mundo a un hijo. Pero también hay ejemplos de quienes prefirieron una vida entregada a su profesión o criaron a los hijos de otra persona como si fueran suyos.

Dos madres comparten una misma familia

“No soy su madrasta ni su madre; soy su segunda mamá y desde hace cinco años somos una familia, lo cual no ha sido un proceso sencillo, pero vamos avanzando”, relata Mónica.

Es una mujer de 32 años que hace cinco se sintió tocada por el amor y decidió formar una familia, pero la diferencia fue que su pareja, Julissa, no estaba sola, venía con compañía: sus dos hijos Brandon y Mateo, de 6 y 4 años.

El proceso de adaptación no fue sencillo, las dudas eran tantas entre ella y los niños que ni siquiera sabían cómo llamarse unos a otros, no sabía si podía intervenir en su educación. Por un tiempo los vio como un estorbo y tampoco había confianza ni afecto.

Confiesa que al principio fue muy difícil para ella, pues rechazaba a los niños al sentir que no la dejaban disfrutar de su pareja, que le robaban su tiempo y que la enfadaban, lo que la llevó a tener problemas con su pareja por eso.

Sin embargo, conforme pasó el tiempo comenzaron a acercarse más y, a diferencia de ella, los pequeños no la rechazaban. Después, cuando la relación empezó a cimentarse, no tenía la autoridad para decidir sobre ellos, no sabía cómo tratarlos y tampoco sabía cómo educarlos, situación de la que tarde o temprano formaría parte.

Todo era incierto, pero comenzaron a definir cómo se llamarían unos a otros. Para su suerte, los niños opinaron que la llamarían por su nombre, en lo cual ella coincidió, pues nunca le gustó el título de “madrastra”, mientras que los niños también prefirieron que no los llamara "hijos", sino por sus respectivos nombres.

La confianza se abrió paso hablando sobre todos los temas, aunque el problema surgió entre ella y su pareja, pues discrepaban en cómo educarlos en ciertos aspectos; no obstante, con los meses lograron ponerse de acuerdo.

Siempre ha tenido claro que ella no es su madre, nunca ha pretendido ni pretenderá tomar ese lugar, aunque a veces no sabe distinguir los límites. Con el tiempo, los pequeños le han tomado tanta confianza que ellos le han conferido atribuciones que son de una madre, como los permisos, los consejos ante determinadas situaciones y las decisiones en su educación.

Pese a ello, Mónica poco a poco empezó a querer a los niños y aunque sabe que no son sus hijos, ahora es parte de ellos y ellos, de ella. “Yo no quiero ser hipócrita al decir que ha sido una aventura maravillosa, porque no es así; criar y convivir con hijos que no son tuyos es todo un reto y un proceso difícil que se supera con el cariño”, expresa.

En poco tiempo, comenta, vendrá un nuevo reto, pues los pequeños dejarán de ser niños y entrarán a la etapa de la adolescencia, la cual se caracteriza por cambios psicólogos y biológicos que redefinen la personalidad y en la que quizá se presentará otro proceso.

Sin embargo, dice tener confianza en que la experiencia que adquirió en este tiempo y el cariño que ahora los une los ayudará a superar los nuevos embates que están por venir.
 
Carmen anhela tener un hijo

TLALTENANGO.- Carmen vivió por muchos años con temor a ser madre, no por desinterés de su pareja o porque su vida profesional se lo impidiera.

El temor era no sentirse preparada, no encontraba el momento adecuado; el miedo al dolor y a los sucesos que desarrolla una mujer durante nueve meses fueron su freno.

“Las cargas extras que lleva una mujer portando una nueva vida en su vientre eran motivos para asombrarme, pero me daba miedo”, menciona.

Al cumplir los 39, el temor fue rebasado por las ganas de formar una familia; pero, algunos doctores le explicaron que existe menor posibilidad de lograrlo.

Dice que, según un médico de confianza, la edad apropiada es entre los 20 y los 28 años de edad y aunque no en todos los casos es igual, a partir de los 35 años disminuye la posibilidad de quedar embarazada.

A sus 39 años de edad, Carmen aún busca formar una familia y con ayuda de su pareja buscarán alternativas.

María, un ejemplo de lucha

En menos de un año, la vida de María cambió con la llegada del pequeño Isaac, de tan solo cuatro días de edad. Originaria de Villa de Cos, sus planes de estudiar en la capital se disolvieron al quedar embarazada de alguien que se deslindó de la responsabilidad que implica mantener un bebé.

María de Jesús Guerra Ortiz, de 20 años, con mirada serena que denota incertidumbre, aún alberga la esperanza de que el padre de su hijo lo registre con su apellido, le dé una pensión y que no se pierda de la vida del pequeño.

“No sé en qué momento cambió la relación que teníamos como amigos, cuando acordé ya estaba embarazada y el padre no quiere hacerse responsable del niño”, relata María, quien dejó la casa de sus padres hace dos años para mudarse a la capital y continuar sus estudios, a la vez que trabajaba para solventar sus gastos.

En una fiesta conoció a un hombre mayor que ella, quien pronto se convirtió en su amigo. Con el tiempo, la llenó de ilusiones y se aprovechó de la soledad que vivía al estar lejos de su familia.

A los tres meses de embarazo, fue despedida de su trabajo con una indemnización que le duró tres meses. Entró en desesperación al no tener el apoyo de nadie. Le contó a su pareja y él sostuvo que era estéril y que el hijo no podía ser suyo; sin embargo, ella sabe que no es de otra persona.

La tía con la que vivía le recomendó que fuera a Vifac, ya que una prima lejana había vivido una situación similar y ahí le ayudaron. Su rostro se ilumina al relatar que, cuando llegó a la casa hogar Vida y Familia (Vifac), donde albergan a mujeres embarazadas en situación vulnerable, le dieron cobijo durante cinco meses; ahora que nació su bebé planea salir en unas semanas más.

María explica que en la casa hogar aprendió pintura, belleza, inglés, guitarra, bisutería, corte y confección y ha recibido pláticas sobre sexualidad y valores. “Me dieron las herramientas para valorarme como persona”, expresa.

Además, planea buscar un empleo que le permita solventar sus gastos y la manutención de Isaac, aunque espera obtener respuesta del padre al registrarlo con su apellido y aportando una pensión alimenticia.

Asimismo, comenta que a su hijo Isaac: “le daré una buena educación para que sepa valorar a las mujeres y que no las trate mal” y así evitar que se repita la situación que está viviendo.
 
Lucía decidió no ser madre
 
“Si no puedo limpiar mis pensamientos, ¿cómo cambiaré pañales?”, se pregunta Lucía Saucedo Salazar, quien ha decidido, por convicción, no ser madre.

De profesión arquitecta y con 30 años de edad, advierte que siempre hay presión social para que las mujeres comiencen a tener hijos. Sin embargo, dice que a cierta edad ya empieza a tener resignación.

Originaria de Fresnillo, asegura que no tiene instinto para ser madre, aunque aclara que admira a las mujeres que lo hacen y las califica como la versión del ser humano más admirable.

En su caso, menciona que es de una familia numerosa y desde su infancia empezó a forjar su postura. “Las atenciones de mis padres estaban dirigidas a sus siete hijos, pero yo siempre creí que éramos demasiados, de algún modo me parecía irresponsable”, afirma.

Lucía Saucedo afirma que, antes que nada, una mujer debe tener amor por sí misma y ante la necesidad de afecto que algunas madres pueden querer llenar con sus hijos, asegura que también está el amor por los amigos, la naturaleza, la pareja y la vida misma.

“Yo creo que no tendría hijos porque moriría de estrés pensando” y advierte que para quienes aún no tienen un trabajo estable, la posibilidad de ser madre se debe considerar todavía más.

Si llegara a ser madre, Lucía Saucedo asegura que trataría de verle el lado positivo a la situación para salir adelante y disfrutar de la vida.

(con información de Selene Lamas, César González, Yuzmida Tapia y Alejandro Wong)




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