Thursday 08 de December de 2016

El viaje de regreso 

Sigifredo Noriega Barceló      6 May 2014 21:30:05

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Sigue la densidad alegre, esperanzadora, pacífica, plenificante de la Pascua.
Es como un día de 50 días, un domingo sin fin, una fiesta de la que no nos quisiéramos retirar. El relato de Lucas comienza diciendo “aquel mismo día, el primero de la semana”. Texto que destila belleza, dramatismo. Termina en liturgia eucarística con su larga y emocionante liturgia de la palabra; con su rito de entrada -la vida en la procesión de vivencias, unas gozosas, otras desesperantes- y su rito de salida -que queda en viaje de regreso a la comunidad-.

Todo transcurre en el camino entre dos ciudades o dos realidades. Los dos discípulos se alejan de la ciudad de la decepción para vivir su frustración en otra. Actitud explicable la de abandonar el lugar del fracaso. A veces lo aconsejamos para no "echar sal en la herida", pero las experiencias de la decepción, la frustración, la desesperanza son tan complejas que...

Durante la semana recién terminada, los obispos de México estudiamos, reflexionamos, oramos y nos comprometimos a la evangelización de la cultura moderna y de las culturas multiformes que encontramos en el camino de nuestros Emaúses. Semana fraterna, intensa y retadora. Muchos, variados y enriquecedores testimonios. Uno de los que más me "hicieron ruido" fue el de un investigador no creyente que compartió la experiencia de su caminar diciendo que tanto el que no cree como el que cree buscan algo o a alguien. El que no cree por alguna razón, no cree que encuentre lo que busca. El que cree, cree haber encontrado lo que busca aunque sigue buscando. Confieso que un servidor no lo ve así. La fe en Dios es un encuentro de vida más que una disertación acerca de las razones, aunque éstas ayuden.

El camino de aquellos discípulos y de los modernos discípulos pasa por semejantes experiencias. Ires y venires, búsquedas, encuentros y desencuentros.

En el trayecto hay decepciones, pero también logros. El camino de ida es esperanzador; el camino de regreso, cuando nada se ha encontrado, es silencioso. Hay pocas ganas de hablar cuando la desilusión se ha hecho presente.

Los discípulos de Emaús no reconocen al compañero de viaje a pesar de haber estado juntos muchas veces. Están demasiado centrados en lo suyo. No hay duda que la decepción nos puede bloquear. Estaban con él, pero no lo conocían. Se necesita la fe de encuentro. Con la fe todo parece nuevo: comienzan a interesarse, las palabras escuchadas en el camino calientan el corazón y adaptan los ojos a lo nuevo. Faltaba el gesto, la celebración, la liturgia: ¡Bendijo el pan como lo hacía él! ¡Es él! Vuelven corriendo a la comunidad de la que se marcharon. Volvieron a la casa de la fe.

Bello itinerario de procesos en los que nos reconocemos. Espléndida liturgia. Partir y regresar. Salir para entrar. Jesús resucitado es el compañero en el camino. La fe en Cristo es encuentro o no es fe. Con él la mirada cambia, la esperanza tiene contenidos, el corazón late con la fuerza alegre del espíritu. La vida se hace eucaristía y la eucaristía es misión permanente, envío a la vida, regreso a la comunidad. ¡Dichosa Pascua! ¡Es Pascua en la Iglesia santa!

Los bendigo con el gozo de la Pascua.




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