Tuesday 06 de December de 2016

El Zócalo de Peña Nieto 

Édgar Félix      7 Oct 2013 21:10:06

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El poder se manifiesta de diversas formas. En el tono de voz, en el lenguaje corporal, en la mirada, en asuntos más mundanos como la ropa, el peinado y el lugar donde se vive; o bien, llega a ser tan tribual y animal como marcar un territorio como propio. Esto último ocurre cuando se trata de una guerra constante, cuando pasamos del arte de la negociación al toma y daca de la fuerza, de la diplomacia a la guerra.

Nunca había ocurrido en el México contemporáneo (de algunos 20 años para acá) la declaración de un Presidente sobre una zona específica del país como propia, casi como un territorio particular, como el centro neurálgico de la administración de Enrique Peña Nieto, quien se ha apropiado del Zócalo de la ciudad de México como la zona intocable y la cual representa, por ahora, el hogar político del Presidente.

Quien llegue a ese lugar estaría derrotando ese poder. Es decir, es un asunto de fuerza y potencia.

Además, el centro del poder de cualquier gobierno del orbe porque las revueltas y golpes entran por las plazas públicas principales.

Eso lo sabe muy bien el presidente Enrique Peña Nieto, pero está tensando las cuerdas con las distintas fuerzas políticas opositoras a su gobierno. Lo que vimos el dos de octubre pasado es una muestra de hasta dónde puede llegar el Presidente de México para defender ese territorio que debe permanecer virgen porque quien llegue a ese lugar habrá derrotado la voluntad presidencial. Igual que en una guerra; se trata de conquistar con fuerza no con política. Lamentable.

El aparato de seguridad y resguardo que se montó el pasado dos de octubre fue impresionante, por decir lo menos. Recorrí ese día la zona sagrada de Peña Nieto. Alrededor del Zócalo del DF se instalaron codo a codo centenas de policías federales, estatales y de grupos especiales. Más adelante, en las inmediaciones del Eje Central y hacia Correo Mayor, es decir, se instaló un impresionante segundo anillo con centenas de elementos de la policía antimotines, con filas de cinco a diez elementos. Luego, hubo un tercer anillo que se instaló hasta Reforma e Hidalgo, y donde hubo zipizapes y la golpiza a cerca de 45 periodistas y manifestantes.

Una logística que no había visto nunca, ni con Salinas de Gortari. Ni una manifestación de 100 mil personas podría romper ese cordón de seguridad y, si acaso lo hubieran hecho, seguro aquello se convertiría en una masacre de manifestantes. O sea, que de 45 años para acá el país cambió sólo de calendarios.

Abandonar las prácticas políticas e instalar un sistema policiaco como respuesta a las manifestaciones de inconformes conduce al país hacia una ruta de guerra. No a la ley de la macana, porque en estos tiempos las represiones se han sofisticado, pero sí en un gobierno represor. Por ahora, se ha declarado al Zócalo capitalino como una zona franca protegida noche y día por decenas de policías. Quien logre llegar a este lugar, sea quien sea, gana, y eso es muy peligroso para la nación.

*Periodista freelance
 




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