Saturday 10 de December de 2016

Electoreros y movimientistas, funcionales al sistema 

J. Luis Medina Lizalde      1 Jan 2014 20:30:04

A- A A+

Compartir:
El Año Nuevo lo estrenamos con el primer gasolinazo; el incremento al salario mínimo es lo suficientemente raquítico como para reafirmar que el sacrificio de los trabajadores seguirá siendo el principal atractivo para atraer inversiones; la aprobación de un incremento presupuestal de 18% que la Legislatura de Chiapas le regaló al gobernador que gasta millonadas en la difusión de su imagen ratifica la elevada autoconfianza de los cínicos en que los mexicanos aguantamos todo.

Los 28 municipios michoacanos bajo control de la ciudadanía armada ya generan interrogantes sobre su potencial de expansión y sus posibles evoluciones; la reforma fiscal es modificada a conveniencia de loa adinerados que no entendieron la necesidad de hacer concesiones que le dieran argumentos de continuidad al Pacto “por México” mientras se concedía la reforma reclamada por los apetitos gringos sobre el petróleo mexicano y la corrupción se consolida como estrategia de control político.

Lo anterior determina que sean tiempos de luchas sociales, pequeñas y grandotas, locales y nacionales, sectoriales y globales. Comunidades y trabajadores enfrentan la codicia sin freno de las empresas mineras, los profesores enfrentan con singular fortaleza la pseudo reforma educativa y el EZLN se dirige al mundo en su aniversario para recordarles a todos que “hace frío” al igual que hace 20 años.

Al tiempo que el poco numeroso club de dueños de México impone a rajatabla el modelo económico del que es fruto y sostén político, cobra presencia una forma de participación ciudadana que rebasa los estrechos límites del electorerismo, esa enfermedad que reduce al ciudadano partidista a operador electoral, que gasta energías y tiempo en periodos electorales para entrar en receso hasta la siguiente temporada.

También, que le enseñaron que basta ser o simpatizar con un aspirante para tener un proyecto y que no mueve un dedo para sumarse a una causa, aunque sea de la trascendencia histórica de la defensa de los hidrocarburos o de fundamento social de primer orden, como el compromiso con la educación pública.


Ciudadanos por un rato
Cuando lo electoral hace del ciudadano un ente pasivo cuya única participación consiste en votar, lejos estamos de una verdadera democracia si pensamos que el castigo social a un cuestionable desempeño puede ser válido mientras el detentador de un cargo público no cometa delitos, pero cuando roba, cuando recibe sobornos, cuando perpetra injusticias, la cárcel y no la urna debe ser la respuesta, el código penal y no las leyes electorales.

Pensándolo bien, los ciudadanos movilizados en pro de causas al margen de objetivos electorales han aportado cambios de primerísimo orden en la historia electoral mexicana. Los historiadores registran al movimiento de estudiantil de 1968, a las guerrillas urbanas y rurales de los años posteriores a los movimientos de masas de carácter regional como los generadores del ciclo de reformas políticas que tuvieron como arquitectos iniciales a Jesús Reyes Heroles y Arnoldo Martínez Verdugo.

¿Alguien se atreve a negar el factor EZLN en la reforma zedillista que desembocó en la pérdida del PRI de la mayoría legislativa por primera vez en la historia y en la duradera conquista de la capital de la República por la oposición progresista?


Atravesando el desierto en pos de una coca cola
Si la enfermedad del electorerismo exacerbado es fórmula de anulación ciudadana en beneficio del club de dueños de la República, el movimientismo es otra forma de idénticos efectos de castración ciudadana en provecho del mismo injusto orden social. Semejante dolencia se apodera de individuos insatisfechos con razón del funcionamiento de los partidos y severos críticos de los frutos electorales.

Contrastando con los que solo en tiempos y por razones electorales se ponen en acción, los movimientistas despliegan gran actividad en respaldo a objetivos específicos de un grupo o sector, al mismo tiempo que se atrincheran contra todo lo que huele a partido, hostilizando a esa minoría de ciudadanía partidista que no acepta lo electoral como única o principal motivación para la acción, favoreciendo con ello el electorerismo cuyo desprecio pregonan.

La organización ciudadana para la elaboración de propuestas de carácter general para ser sometidas al veridicto de las urnas es la ineludible tarea del ciudadano completo; rechazar esa dimensión de la política equivale al absurdo de proclamarla prioridad de lo particular sobre lo general, de negar el todo en nombre de la parte.

Los difíciles tiempos que nos aguardan reclaman ciudadanos pendientes de que su legítimo interés electoral no desemboque en electorerismo y aquellos que desde los movimientos buscan transformar a México no sucumban a la enfermedad del movimientismo. La longevidad del autoritarismo en México mucho le debe a electoreros y movimientistas.

Nos encontramos el lunes en El recreo.
 




Comentarios
No existen comentarios aún
Accesa o regístrate para poder comentar

Lo más leído
Aplicaciones


Servicios
$ Dolar
Compra 20.38
Venta 20.88
€uro
Compra 21.65
Venta 22.15

Multimedia



©Todos los derechos reservados
GRUPO EDITORIAL ZACATECAS, S.A. DE C.V.- De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la Publicación,
retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos de este portal.




Aviso de privacidad