Monday 05 de December de 2016

En carne propia

Édgar Félix      10 Nov 2014 21:59:19

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Hoy quiero sentir llamas en mi cuerpo. Un cuerpo vapuleado, reducido a la nada antes de morir. ¿Por qué? Si he sido buen ciudadano mexicano, buen estudiante, buen mozo, buen padre, me he quemado las pestañas paras ser un buen maestro.

He venido de abajo, desde muy abajo, desde la pobreza, la miseria casi, y las limitaciones para formarme un futuro. Dejé a mi mujer y mi hija, para venir a Ayotzinapa, Guerrero, porque aquí no pago colegiatura, me dan hospedaje y dedico todo el día a estudiar.

Pero me he topado con varios gorilas. Una especie de bestias humanas venidas de la ignorancia, de la decadencia de esta anarquía de delincuentes llenos de estupidez, respaldados por autoridades corruptas.

De esos que evocan y le rinden culto al narcotráfico, que piensan que traer en las manos una metralleta y matar los hace hombres. Que inhalan cocaína para sentirse superiores, potenciado por sus mismos complejos.

Me he topado con ellos y me han desfigurado el rostro. Me arrancaron con mucho odio la piel de mi cara, me desollaron, me humillaron, me sacaron mis ojos mientras gritaba de dolor, me gritaron infamias y me hicieron sentir totalmente desprotegido, abandonado de toda autoridad, de eso que llamamos democracia y por la que luché hasta el último segundo de mi vida. Así morí y así vi morir a más de 40 compañeros estudiantes.

Éramos un puñado de hijos de este país forjado con gente que creemos en la revolución pacífica y que luchamos para tener un México sin corrupción, comprometidos con sus ciudadanos.

Nos forjábamos nuestro futuro preparándonos para cambiar el futuro de otras generaciones como nosotros. Nuestra fuerza, nuestra arma, nuestra única arma era la palabra y el pensamiento, los cuales atisban al poder mafioso y lo incomodan.

En esta región pensar es peligroso y lo hemos demostrado con nuestras vidas. Basta que se junte un alcalde mafioso, una esposa amante del gobernador y con hermanos narcos, policías municipales al servicio del narcotráfico y varios sicarios que compiten entre sí para ver quién es más cruel y despiadado con un ser indefenso. Vaya valentía. Y así está todo el país, en manos de estas mafias.

Hoy se sorprenden millones de mexicanos de la brutalidad con que hemos sido quemados, reducidos a la nada por bestias que son nuestros verdugos, pero que están amparados por los poderosos de este país, los verdaderos culpables.

Fuimos quemados con llantas, con basura, ni siquiera tuvimos una muerte tranquila, de esa que llaman muerte digna. Fue un asesinato brutal. A nadie le deseamos morir así. Ni a nuestros peores enemigos.

En verdad es indignante y no hay palabras que alcancen para hacerles sentir nuestro dolor al morir. Solo si sientes esas llamas, en carne propia.

Hoy siento estas llamas en el cuerpo. Me queman, me achicharran el alma. La única forma de regresarles la vida es con nuestra palabra, nuestro pensamiento, con esa rabia que proviene de la misma carne que han quemado. La nuestra.

Periodista freelance




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