Wednesday 07 de December de 2016

En el corazón o en el cerebro

Antonio Sánchez González      31 Oct 2013 21:10:06

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Hace unos días me encontré en una sala de espera a Doña Olivia y Don José. Viven en pueblos distantes unos 100 kilómetros, desconocidos entre sí, ambos viudos y por ahí entrados en sus sesentas, hipertensos, él obeso, ella flaca y de piel blanca, no muy buenos para tomar medicinas. Ambos tienen historias similares: cortaban plantas, ella de sus macetas y él de su parcela, cuando perdieron la conciencia: fueron afortunados porque llegaron pronto a un hospital.

Cuando menos uno de cada tres mexicanos adultos morirá como consecuencia de la obstrucción de alguna arteria, en el corazón o en el cerebro; por eso, en nuestro calendario debería ser una fecha notable la del 29 de octubre.

Tener un tapón en una arteria no es gratuito, hay que hacer méritos para conseguirse uno: el riesgo se quintuplica en personas que tienen exceso de peso, diabetes, presión arterial alta y colesteroles anormales, en particular si fuman, factores perfectamente prevenibles o evitables. El impacto que estas enfermedades significan para la expectativa de vida en México es tan importante que son responsables que ésta no haya aumentado significativamente en la última década al ritmo que lo venía haciendo desde mediados del siglo pasado, solo equiparables al golpe económico que deja huella en el bolsillo de cada familia y en el presupuesto nacional dedicado a la atención de la salud.

El golpe individual es el que más duele. Si bien el riesgo de morir después de un infarto cerebral es 30% dentro del primer mes, a los sobrevivientes les cambia la vida; las secuelas se hacen presentes todos los días: Don José está en una silla de ruedas, con una toalla en el regazo húmeda de saliva, está aprendiendo a comer con la otra mano, puede hablar pero ya no va a la milpa, los hijos, obesos como él, no lo llevan, la receta es larga e incluye un antidepresivo.

Las oportunidades son diversas. Bien conocidas. Comer menos, no fumar, medirse el azúcar y la retahíla que los médicos rezamos cuando vemos gente de edad media. Doña Olivia si pudo regresar a sus macetas, ¿la diferencia? Tiempo. Los médicos no hemos sido muy buenos para explicar que hace años existen medicamentos que administrados en las primeras horas, 180 minutos, pueden disolver un trombo, como un destapacaños, y reducen el riesgo de morir, de depender de la familia y de la silla de ruedas. No hay grupo de enfermedades en los que la Medicina haya invertido tanta inteligencia y dinero como en las enfermedades cardiovasculares.

Don José si llegó pronto a un hospital, faltaba la medicina. Eso es lo que falta. Es lo que no dice el discurso oficial referente a la cobertura universal de la salud.

El 29 de octubre es el Día Mundial del Ictus (léase del infarto cerebral) impulsado por la Organización Mundial de la Salud.




 




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