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Encender velas y poner coronas

Sigifredo Noriega Barceló      4 Nov 2014 20:29:25

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Encendemos este día las velas del recuerdo, la gratitud y la esperanza ante personas inolvidables. Ponemos coronas de infinitud, eternidad y gloria sobre la tumba de la resurrección. Sus nombres están grabados en madera, fierro, piedra y corazones.

Son nuestros seres amados. Viven en la memoria de los recuerdos y en el corazón de la esperanza de volvernos a encontrar algún día en la eternidad.

El 1 de noviembre celebrábamos la fiesta de todos los Santos, y el día 2 la conmemoración de todos los Fieles Difuntos. Todos, todos, todos: los conocidos, los reconocidos, los desconocidos. Los olvidados, los famosos, los premiados en la tierra, los que no alcanzaron nombre ni tumba. Los de muerte natural y los asesinados; las víctimas antiguas y las más recientes.

Los niños, los que no lograron nacer y los que no los dejaron nacer; los jóvenes y los viejos. Los de la fosa común y los de mausoleos de oro; los desaparecidos y los que tuvieron el abrazo de despedida; los sepultados y los incinerados. Los familiares y los vecinos; los de del principio de la historia y los de ahora. Todos, todos, todos.

Hace algunos años oíamos, tarareábamos y cantábamos la canción “a dónde van los muertos…”

¿Curiosidad? ¿Afán de conocer la respuesta exacta? ¿Reflexión serena? Continuábamos oyendo,
tarareando, cantando y confesábamos nuestra ignorancia desnuda: “quién sabe a dónde irán…”, y la música seguía pegajosa y rítmica. Ignorancia desnuda como desnudos venimos y desnudos nos vamos.

La condición humana en su crudeza. ¿Destino? ¿Fatalidad? ¿Broma absurda de la vida? ¿Vocación? ¿Salvación? Nos resistimos a que todo termine en cenizas, en destrucción, en la nada total. Sería el sin sentido más sin sentido, el absurdo más absurdo. Estos días acudimos decididos a donde reposan los restos de nuestros difuntos.

Con los signos y símbolos de flores, coronas, rezos, oraciones, música y velas encendidas, vislumbramos la esperanza que desvela el misterio de que más allá de la muerte está la vida. Si creemos que Jesucristo venció la muerte con su muerte y resucitó al tercer día, el misterio de la muerte da paso al don de la vida eterna. Dios que creó la vida no permitirá que conozcas la corrupción.

La liturgia de este día propone tres esquemas de lecturas. Cada comunidad elegirá el que ilumine mejor su momento. La Palabra centra toda su energía en la vida y nos ayuda a dar el paso de la muerte que nos acongoja y cuestiona a la vida del espíritu que se prolonga y plenifica en la eternidad.

Los que creemos en Cristo gozamos ya ahora y aquí, de las primicias del espíritu. Entonces, la ignorancia desnuda de la canción, da paso a la luz y a la gracia de que “si amamos a nuestros hermanos” pasamos de la muerte a la vida.

Espero que las celebraciones de este día nos afiancen en el gozo de vivir y en una esperanza a prueba de la muerte. Que renovemos el camino que emprendimos en el bautismo que nos incorporó a la muerte y resurrección de Cristo. Recordemos que ese día se encendió la primera vela y se puso la primera corona de gloria sobre nuestra cabeza.

Los bendigo y me uno a su oración por los fieles difuntos.

Obispo de la Diócesis de Zacatecas




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